Este artículo es una colaboración entre Enlace Latino NC y The Guardian.
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En una fría tarde de diciembre, unas 10 personas cargan los últimos árboles de Navidad de la temporada en un camión en Wolf Creek Tree Farm and Nursery, en Cullowhee, Carolina del Norte. Cerca de allí, otro grupo se toma un descanso y se calienta alrededor de un barril encendido. Más trabajadores están en los campos, a media hora de manejo, más adentro en las montañas.
Es el último día de trabajo de la temporada 2025 y el ambiente es distendido, incluso festivo. Estos hombres llegaron desde México como trabajadores agrícolas temporales bajo el programa de visas H-2A y pronto regresarán a sus hogares para celebrar la Navidad con sus familias.

Nahuel Hernández Nabor ha realizado el viaje desde Tlaxcala, en el centro de México, hasta el oeste de Carolina del Norte durante los últimos 26 años. Llega cada abril, ya que el cuidado de estos árboles es un trabajo de todo el año que requiere desmalezar, fertilizar, podar y aplicar pesticidas.
Pero el trabajo más intenso comienza en noviembre.
“La semana pasada trabajamos de 7 de la mañana a 8 de la noche”, contó. “Cortamos los árboles, los amarramos, los cargamos y los subimos al tráiler”, dijo a Enlace Latino NC y The Guardian.
Lo más duro, dice, es el tiempo lejos de su esposa y de sus dos hijos: un hijo de 19 años y una hija de 17. Intenta llamarlos todos los días, pero no es lo mismo.
Aun así, Nabor, de 50 años, probablemente regrese el próximo abril. Pero no está seguro. El Departamento de Trabajo implementó recientemente nuevas pautas salariales para las visas H-2A que podrían reducir los salarios entre 5 y 7 dólares por hora, lo que representaría un ahorro de hasta 2.500 millones de dólares anuales para los empleadores.
La medida es uno de varios cambios introducidos este año por las políticas migratorias de la administración Trump que podrían reducir el número de trabajadores H-2A que llegan para sostener la industria del árbol de Navidad en Carolina del Norte.

“Lo hacemos por el dinero”, dijo Nabor. “Si no vale la pena, entonces no vamos a venir”.
Lo que implica el cultivo de los árboles de Navidad en Estados Unidos
Casi uno de cada cuatro árboles de Navidad vendidos en el país proviene de Carolina del Norte, según la Asociación de Árboles de Navidad de Carolina del Norte.
Una razón clave es el abeto Fraser, una especie nativa popular por su forma piramidal natural, la resistencia de sus agujas y su intenso aroma a pino.
Casi 940 productores del estado se encuentran en el oeste de Carolina del Norte, donde los árboles de Navidad son el principal cultivo agrícola. En 2022, la venta de más de 3 millones de árboles aportó más de 144 millones de dólares a la economía estatal.
Es difícil saber cuántos trabajadores migrantes H-2A sostienen esta industria. Leticia Zavala, co-coordinadora de El Futuro es Nuestro, una organización que apoya a trabajadores agrícolas inmigrantes y temporales en Carolina del Norte, estima que podrían ser hasta 4.000 en el pico de la cosecha.

La familia Beutell es dueña y opera Wolf Creek Tree Farm desde 1949 y participa en el programa H-2A desde su creación a mediados de los años 80.
El programa de visas temporales más grande del país otorgó visas a 318.000 trabajadores durante el año fiscal 2024. Pese a la retórica de la administración Trump sobre reemplazar a la mano de obra migrante por trabajadores estadounidenses, en septiembre el Departamento de Seguridad Nacional anunció cambios para acelerar el procesamiento de las visas H-2A. Expertos señalan que la medida refleja el reconocimiento de que la agricultura no puede funcionar sin trabajadores inmigrantes.
“Ni siquiera consideramos otro tipo de fuerza laboral”, dijo Reneé Beutell, hija de los fundadores de Wolf Creek y actual presidenta. “Tenemos algunas personas locales que vienen a trabajar, pero por lo general no duran mucho”. (Beutell es miembro de la Real Christmas Tree Board y de la Asociación de Árboles de Navidad de Carolina del Norte, pero habló con The Guardian y con Enlace Latino NC a título personal).
En Wolf Creek, el primer grupo de trabajadores migrantes de cada temporada llega en febrero. Los árboles comienzan su vida en el vivero y, dos años después, se trasplantan al campo para que tengan espacio para crecer. Cuando alcanzan los cuatro pies de altura, comienzan a podarse anualmente para mantener su forma característica.
En total, se necesitan entre ocho y nueve años —y muchas horas de cuidado— para que un abeto Fraser alcance entre 6 y 8 pies de altura.

“Cada año hay que cuidarlos. Hay que cortar el pasto alrededor y fertilizarlos. Tomamos muestras de suelo todos los años para asegurarnos de que la tierra permita que crezcan buenos árboles de Navidad. Lamentablemente, tenemos que fumigarlos”, dijo Beutell.
En otras granjas, los trabajadores han sufrido efectos adversos de pesticidas y herbicidas, especialmente cuando son presionados a trabajar sin esperar a que los químicos se disipen.
Este trabajo manual repetitivo desgasta el cuerpo, explicó Marianne Martínez, directora ejecutiva de Vecinos, una organización sin fines de lucro que brinda atención médica gratuita a trabajadores migrantes en el oeste de Carolina del Norte.
El personal de Vecinos trata con frecuencia problemas musculoesqueléticos, como el síndrome del túnel carpiano, así como dificultades visuales por la exposición al sol y alergias estacionales.
También hay un impacto en la salud mental. “Hay mucho aislamiento y desafíos psicológicos, sobre todo porque históricamente nuestra región ha tenido muy mal acceso a internet”, señaló Martínez. En los últimos seis años, Vecinos instaló puntos de wifi en granjas para ayudar a los trabajadores a comunicarse con sus familias.
Aun así, el ritmo es agotador. “Uno llega a la casa solo para cocinar el almuerzo del día siguiente, porque acá tienes que cocinarte tú mismo”, dijo a Enlace Latino NC y The Guardian Margarito Salcido, quien trabaja en Wolf Creek desde hace 13 años. “Cocinas, lavas la ropa y, al día siguiente, a las 5 de la mañana, ya estás de nuevo preparando el almuerzo”.

Proveer a las familias en México implica sacrificar la movilidad y la autonomía. Los hombres viven juntos en viviendas proporcionadas por los empleadores, quienes también deben ofrecer equipos de lavado o traslados semanales a una lavandería, además de viajes al supermercado y a la compra de utensilios de cocina.
El aislamiento, las barreras idiomáticas y la dependencia de los empleadores para el transporte y los servicios básicos hacen que estos trabajadores con contratos legales sean vulnerables a abusos. Como ha informado The Guardian, algunos empleadores retienen alimentos o electrodomésticos que deberían proveer u ofrecen comidas de mala calidad. Los trabajadores enfrentan tanto calor extremo como frío intenso.
En Carolina del Norte, trabajadores de los árboles de Navidad intentaron organizarse en años anteriores, denunciando bajos salarios, enfermedades causadas por sustancias químicas tóxicas y jornadas excesivas para asegurar que los árboles lleguen a las tiendas en otoño.
“Es como estar en prisión”, dijo Salcido al hablar de trabajar en el país, especialmente durante la época de cosecha.
Entre octubre y principios de diciembre, las jornadas suelen durar 12 horas, a menudo siete días a la semana. Quienes llegan a plantar en enero y se quedan hasta el invierno esperan con ansias el fin de año, el mes en que regresan a casa. “Cuando llegas a México, te sientes distinto, como libre”.
El factor del miedo
Mientras trabajadores como Salcido y Nabor lo describen como una necesidad tediosa para mejorar la vida de sus familias, Roberto Ceballos lo vive de otra manera. En 14 temporadas, experimentó de todo en este lugar: se enamoró, estudió derecho en línea y ganó lo suficiente para mantener a su familia en Durango, donde está cerca de terminar su propia casa.

Pero esta temporada se siente diferente. Aunque la administración Trump ha evitado en gran medida apuntar a los trabajadores agrícolas y sus comunidades, Ceballos se ha sentido nervioso. “Veíamos en las noticias que estos agentes de ICE ni siquiera respetan a ciudadanos o residentes legales”, dijo. “Eso nos dio un poco de miedo”.
Beutell no ha notado la presencia de agentes de ICE o de la Patrulla Fronteriza en la zona esta temporada, y la organización Siembra NC no registró actividad en su mapa en tiempo real de avistamientos de ICE en el estado. Aun así, Beutell alentó a los trabajadores a llevar siempre sus documentos cuando salían de la granja, algo que Zavala dijo que muchos empleadores recomendaron. Zavala también recibió reportes de trabajadores que limitaban sus salidas a Walmart o a lavanderías para sentirse más seguros.
Gran parte de ese temor, explicó, surge de la sensación de que verse latino puede ser suficiente para sentirse —o estar— en riesgo, ante el aumento del perfilamiento racial. “La situación migratoria y las nuevas reglas para reducir salarios están haciendo que muchos trabajadores se pregunten seriamente si volverán el año que viene”, dijo Zavala.
La principal preocupación, tanto de empleadores como de empleados, es el cambio en las pautas salariales. Beutell no quiere reducir los salarios, pero teme ser desplazada por otros productores que sí lo hagan.
“Estos muchachos trabajan muy, muy duro”, dijo Beutell.
Ceballos espera que otros productores entiendan el valor de los equipos experimentados. “No sería un buen negocio empezar desde cero con gente a la que hay que entrenar”, dijo. Pero también sabe que, en este contexto político inestable, conviene planificar. “Mi intención es seguir viniendo y también tener un posible plan A, B y C para lo que pueda pasar”, explicó. Algunos trabajadores incluso han hablado de ir a Canadá.
“Sentimos que nuestro trabajo no es valorado”, dijo. “Somos un pilar económico para México, pero también para Estados Unidos, porque parte de lo que ganamos lo enviamos a México y parte lo gastamos acá. Entonces, cuando nos bajan el salario, sí: nos sentimos mal, nos sentimos humillados”.
Salcido fue más directo: “Once dólares la hora es muy poco”.
Zavala dijo que los trabajadores enfrentan un fuerte desequilibrio de poder y una alta volatilidad en la industria. Reclutadores y productores suelen recordarles que son reemplazables. “Si no vienes, hay 100 personas esperando”, dijo. A eso se suman los aranceles que han sacudido la agricultura, incluso cuando el gobierno federal anunció miles de millones en ayuda puntual para los agricultores afectados por esas mismas medidas.
“Hay mucha preocupación, mucha incertidumbre”, dijo Zavala. “Habrá que ver qué viene después”.
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El riesgo de ser el Grinch
La región necesita a estos trabajadores y a esta industria mientras aún se recupera de los daños causados por el huracán Helene en septiembre de 2024.
Aunque el aumento de los costos de equipamiento y el crecimiento del mercado de árboles artificiales son amenazas persistentes, pocas cosas podrían tener un impacto tan grande como una drástica reducción de la fuerza laboral. Incluso con una buena temporada de crecimiento, al menos un productor pidió paciencia al público en su lote de “elija y corte” debido a la dificultad para encontrar trabajadores.
“Si nunca volviéramos a vender un árbol de Navidad porque ya no salen más del campo, sería un golpe devastador para la economía regional”, dijo Martínez. Y señaló que el impacto iría más allá del estado. Solo Wolf Creek envía árboles a lugares tan lejanos como Idaho y Texas.
“Abastecemos a todo el país”, dijo Martínez. “Sería como convertirse en el Grinch**”.
**Contexto explicativo: “…convertirse en el Grinch ”: la expresión alude a la posibilidad de adoptar una actitud contraria al espíritu festivo, lo que perjudica la experiencia de quienes participan en una celebración.



