Mientras el invierno golpea ya con fuerza en el oeste de Carolina del Norte, hay un tema que quizá parece olvidado. Las familias se preparan para pasar su segundo invierno después del huracán Helene sin haberse recuperado todavía de la tormenta.
Desde los casos más extremos de quienes aún viven en los llamados campers hasta quienes pudieron reconstruir su casa pero enfrentan otros desafíos. El frío agrava la situación para familias latinas y americanas que aún luchan por salir adelante.
Un impacto que aún sigue presente
Cuando Helene golpeó Carolina del Norte en septiembre del año pasado, la magnitud del impacto quedó clara desde los primeros días. Tan solo en el estado se confirmaron 108 muertes relacionadas con la tormenta. Además, 27 condados —además de un área tribal— fueron incluidos en la declaración federal de desastre mayor.
El daño a la vivienda fue especialmente severo. Mapas de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) muestran que casi 1.000 hogares fueron destruidos en el estado. Mientras, evaluaciones posteriores calculan que unas 73.700 viviendas sufrieron algún tipo de daño.
El impacto fue aún más profundo en comunidades donde abundan las casas móviles. Alrededor de 138.000 mobile homes estaban ubicadas en condados bajo la declaración de desastre. Este es un tipo de vivienda particularmente frágil frente a inundaciones y vientos intensos.

Relacionado: ¿Cómo saber si mi casa está en una zona propensa a inundaciones?
Ese contexto explica por qué, más de quince meses después, la recuperación todavía avanza a ritmos distintos. Aunque miles de familias han regresado a sus hogares, organizaciones comunitarias del oeste del estado describen un panorama desigual.
Algunas viviendas fueron reparadas, pero otras continúan con humedad o filtraciones. Además, un número significativo de residentes sigue viviendo en campers (conocidos como casas rodantes en español) o en estructuras temporales. Estas resultan especialmente vulnerables ahora que han regresado las temperaturas bajo cero y las primeras nevadas de diciembre.
Un segundo invierno en campers con apoyo comunitario
Para muchas familias latinas, contar públicamente lo que viven sigue siendo difícil. En un contexto migratorio sensible, ofrecer un testimonio puede sentirse riesgoso.
Por eso, gran parte de la información sobre quienes aún no se han recuperado de Helene llega a través de organizaciones comunitarias como Beloved Asheville. Allí, la confianza pesa más que el miedo.
Ponkho Bermejo, uno de sus coordinadores, explicó a Enlace Latino NC que todavía acompañan a ocho familias que viven en campers desde el huracán, cuatro de ellas latinas. Para esas familias, este es ya el segundo invierno en estructuras no pensadas para frío extremo.
“Es muy difícil vivir ahí porque son espacios muy pequeños que no se calientan prontísimo. Muchas veces tienes que poner pajas… bultos de paja alrededor para que no se cuele el frío por abajo”.
Ponkho bermejo, beloved asheville
“Y aunque estuviera el agua conectada al drenaje, tienes que usar papel especial porque si no se tapa la taza de baño. Son muchas cosas que la gente ha tenido que aprender con este nuevo tipo de vida que está llevando”, explicó sobre cómo, aun ya 15 meses después, las familias todavía viven viviendas temporales.
A la precariedad del alojamiento se suma la presión económica del invierno. “Mucha gente viene a pedirnos ayuda para pagar la renta”, señaló. Los alquileres —que superan con facilidad los mil dólares mensuales— se vuelven imposibles para familias con ingresos inestables.

El frío agudiza esas necesidades. “También nos piden calentones; es lo que más se necesita”, contó. Beloved Asheville ya no organiza entregas masivas: los equipos visitan directamente a quienes no pueden esperar. “Nosotros llevamos los calentones a las casas”, afirmó.
Swannanoa: una comunidad golpeada que avanza a ritmos distintos
Swannanoa fue uno de los lugares más afectados por Helene. En las zonas cercanas al río, donde el agua entró con más fuerza, muchas viviendas aún no han podido reconstruirse por completo y varias familias siguen viviendo en campers o en estructuras temporales mientras esperan terminar reparaciones que quedaron pendientes.
Francisco Chávez, de la organización Bounty & Soul, explicó a Enlace Latino NC que entre 80 y 90 por ciento de los residentes “ya están un poquito más estables”, pero alrededor de un 10 por ciento continúa en condiciones frágiles, en casas de campaña, campers o viviendas donde todavía aparecen humedad y filtraciones.

Relacionado: Vecinos de Swannanoa participarán en un taller para planificar la recuperación tras el huracán
La reconstrucción avanza al ritmo que permite el trabajo y el tiempo disponible. Chávez contó el caso de una pareja cuya casa pudo rehacerse con apoyo de organizaciones locales después de que ambos se quedaran sin trabajo tras el huracán.
“Gracias a Dios y gracias a otras organizaciones y a las cosas que ayudamos, se ha hecho la casa de nuevo, pero él tuvo que regresar a trabajar. Entonces la parte de la casa no está pintada”, relató. Hoy trabajan los dos, pero el tiempo no alcanza para completar los detalles.
“Eso ha retrasado muchísimo también a muchas familias. Porque no pueden tomarse días libres para continuar con los arreglos ellos mismos y tampoco cuentan con el dinero para contratar a alguien, así que entre todos tratamos de ayudar en esas pequeñas cosas”, afirmó.
Ese ritmo desigual se repite en muchas viviendas. “Sí, pues todavía hay limitaciones”, reconoció Chávez. Pintura, materiales y arreglos menores siguen pendientes en hogares que tuvieron que priorizar recuperar ingresos antes que terminar la reconstrucción.
La experiencia en Swannanoa también muestra diferencias culturales. “Mucha gente está más consciente y está unida en este lugar, conforme a lo que es comunidad latina. Me refiero a que mucha gente ve por otra”.
Chávez señaló que casi todos los latinos del barrio lograron regresar a sus casas meses atrás, en parte porque la comunidad se organizó para enfrentar las reparaciones y ayudarse mutuamente. Cada miércoles, en el mercado comunitario que coordina, ve ese patrón repetirse. “La mayoría son latinos”, dijo. “La gente respeta… es una unión”.
Le puede interesar: Abren solicitudes para asistencia en pago de facturas de electricidad en Mecklenburg
McDowell: las familias latinas regresaron a casa, pero la recuperación no terminó
En el condado de McDowell, el impacto de Helene fue profundo. Laura Zapater, codirectora del Centro Unido Latinoamericano, recordó que en los primeros meses atendieron a 213 hogares latinos, muchos de ellos con pérdidas totales o parciales.
Quince meses después, todas las familias que la organización identificó lograron regresar a sus casas o encontrar una vivienda estable, un resultado que considera alentador, aunque no definitivo.
“Recibimos a gente que perdió absolutamente todo”, dijo en entrevista con Enlace Latino NC. “Pero pudimos acompañarlos en cada etapa para que tuvieran un lugar donde volver”.
La ayuda se concentró en lo más urgente: reparaciones básicas, reemplazo de mobiliario, búsqueda de vivienda y acceso a recursos que muchas familias no sabían que existían.
Aun así, Zapater insiste en que las consecuencias del huracán siguen presentes. Con la llegada del invierno, le preocupa especialmente la condición de algunas casas que no pudieron completar todas las reparaciones. “Puede haber problemas de calefacción o de humedad que recién ahora empiezan a notarse”, explicó.



