En muchas zonas. Para muchas familias. En comunidades enteras. En las cicatrices todavía visibles en ríos, carreteras y bosques. En quienes no pudieron aplicar por ayuda, en quienes siguen sin trabajo, en quienes aún no tienen casa. Para muchos de nosotros, el primer aniversario del huracán Helene es también un recordatorio de cuánto nos queda por delante para la recuperación del oeste de Carolina del Norte. 

Y las frases se repiten, pero no por eso dejan de ser ciertas. Lo escuchamos cientos de veces: fue el huracán más devastador y mortífero en la historia de nuestra región. Una tormenta de una vez en un siglo. El huracán más mortífero que ha golpeado Estados Unidos desde Katrina en 2005. Algo que ninguno de nosotros esperábamos. Y todavía duele.

Murieron 108 personas tan solo en Carolina del Norte; se produjeron más de 2,000 deslizamientos de tierra; y se estimaron daños económicos por 60 mil millones de dólares. Más de 6.000 millas de carreteras severamente dañadas. Y unas 73.000 viviendas destruidas o dañadas. 

Son números que nos recuerdan el desastre. Pero ¿de qué otra forma podemos nombrar lo que pasó hace un año y nos cambió para siempre? 

La respuesta quizá se encuentre en las historias que contamos.

restos de la casa de una familia latina en Clyde, condado de Haywood tras el paso del huracán Helene
Los restos de la casa de una familia latina en Clyde, condado de Haywood. Foto: Gerard Albert III.

Las familias que todavía intentan recuperarse, como Betty y Eric, que aún viven en un camper en Swannanoa. Y no son los únicos. O María y Omar que perdieron su casa pero tienen que seguir pagándola, aunque ya no tiene arreglo. En los Rueda, que esperan reconstruir las casas móviles para los integrantes de su numerosa familia. Y en Beatriz, que tiene un camper en su terreno, pero es demasiado chico y frío para vivir allí, así que alquila en otro lado.

Son muchísimas las historias de las familias latinas que todavía luchan por salir adelante. Y aunque el aniversario del huracán marque un hito desde la tormenta, en verdad el dolor y la recuperación, el duelo y la esperanza siguen más allá de esta fecha.

También continúa nuestra cobertura periodística del oeste del estado, donde la comunidad latina crece cada vez más y, sin embargo, suele quedar invisibilizada.

Por eso, un año después, volvimos a visitar a dos familias latinas —con estatus migratorio mixto— que perdieron sus casas durante Helene, para saber cómo están hoy. Sus historias son parte de una realidad que todavía marca al oeste del estado: las consecuencias de Helene siguen presentes.

Cuando el río se llevó todo, otra vez

Un año después de Helene, la casa que María y Omar compraron en 2014 en Clyde, condado de Haywood, sigue vacía. Por su estatus migratorio y por seguridad, pidieron resguardar su identidad; aquí los llamamos así. Las paredes quedaron desnudas, con marcas de lodo hasta el techo; la vivienda estuvo sin puertas hasta que él volvió a colocarlas para evitar robos. 

“Es una tristeza. O sea, es algo bien triste porque te levantas todos los días y trabajas muy duro para tener una casa… y ahora ya no tenemos nada”, dice María.

interior de un baño en casa en el condado de Haywood impactada por el huracán Helene
En Clyde, condado de Haywood, una familia latina enfrenta la deuda de una casa inhabitable tras perderla dos veces por inundaciones. Foto: Gerard Albert III

No fue la primera vez que el agua entró en su casa. En agosto de 2021, durante la tormenta tropical Fred, subió más de un pie y perdieron todos los muebles; el condado les indicó tirar todo lo que se había mojado. Creyeron que sería una excepción, lo mismo que les habían dicho al comprar: una inundación cada cien años.

En septiembre de 2024, Helene desbordó el río Pigeon y el agua llegó hasta el techo. “Ese mismo día vinimos en la tarde… y la casa parecía una alberca ponchada porque tenía agua por todos lados”, recuerda María. Esta vez se habían preparado: guardaron documentos, ropa y fotos; movieron algunos muebles a un storage; evacuaron a una traila cercana, donde también se metió el agua varias pulgadas. “Al final de cuentas se fue a la basura todo”, admite Omar.

Con apoyo de voluntarios, limpiaron la vivienda principal “a contrarreloj”: “Me dieron como unas 30 personas… y ya la dejaron así, el puro hueso adentro”. Sin puertas, comenzaron los robos; también forzaron un storage y se llevaron herramientas y ollas grandes. Él volvió a colocar las puertas para que “les cueste un poquito más meterse”.

La vida siguió con el contrato a cuestas. “Nosotros la compramos para pagarla. En 30 años… Llevamos diez. Nos faltan 20 años para acabarla de pagar”, cuentan; intentaron devolver la propiedad a la dueña, pero “quiere su dinero”. Volver ya no es opción. “Imagínate… ¿remodelar para que pase otra vez? No, creo”, dice María.

Trabajan todo lo que pueden. Omar mantiene su pequeño negocio de jardinería en la zona; María alterna una huerta y un McDonald’s. La pregunta que se repite, dice ella, es si valió la pena tanto sacrificio para verlo irse con el agua: “¿Entonces digo de veras vale la pena sacrificarte tanto para que venga el agua y se lo lleven? Es muy triste”.

En casa, los hijos aprendieron demasiado pronto qué significa perder un hogar: juguetes, patios para correr, la sala amplia que recuerdan de memoria. Entre la deuda y la incertidumbre, se sostienen en lo que quedó: “¿Pero bueno, gracias a Dios que estamos vivos y juntos, verdad?”.

La vivienda de María y Omar permanece vacía a un año del huracán Helene; el agua alcanzó el techo y dejó el interior en el puro esqueleto.
La vivienda de María y Omar permanece vacía a un año del huracán Helene; el agua alcanzó el techo y dejó el interior en el puro esqueleto. Foto: Gerard Albert III

También te puede interesar: A un año del huracán, Tierra Fértil cultiva su tierra y busca consolidar un modelo agrícola resiliente

Un año viviendo en un camper

Un año después de Helene volvimos al mismo terreno en Swannanoa donde, semanas después del huracán, habíamos conversado con Betty y Eric. La familia perdió su casa en la tormenta y hoy vive en un camper donado, estacionado en su lote.

“Estamos exactamente en donde estaba mi casa antes… actualmente vivimos aquí en el camper y tenemos dos pequeñas construcciones de madera, también donadas, donde guardamos nuestras cosas, porque el camper es muy chico”, dice Betty a Enlace Latino NC.

Por seguridad, reservamos su apellido y la ubicación precisa; su familia tiene estatus migratorio mixto.

La madrugada del 27 de septiembre de 2024, las alertas de evacuación sonaron en sus celulares a las tres y a las cuatro. Eric y Betty se levantaron y salieron de la casa con linternas para mirar afuera. Pero todo les pareció normal.

Betty fue a trabajar muy temprano. “Las carreteras estaban limpias… no había nada irregular”, recuerda. Lo que siguió es lo que ya sabemos: el río Swannanoa alcanzó casi 30 pies, una altura que superó cualquier récord histórico que se tuviera hasta entonces.

Por suerte, Eric tuvo el tiempo justo de despertar a sus tres hijos y poner a salvo a la familia. Se refugió con ellos en el estacionamiento de la escuela del barrio, en una zona más alta. A las 7:30 vio cómo la corriente arrastraba su camioneta. “Iba nadando como un barco”, dice. Poco después, la vivienda se desprendió de los cimientos y fue llevada por el río.

“En un abrir y cerrar de ojos pierdes todo… luchaste diez años para tener esa casa propia y en unas horas se va todo”, recuerda Betty. Aquella mañana, lo único que importaba era que sus hijos estuvieran vivos. “Me dolió menos lo material”, dice.

Recién en abril, seis meses después de la tormenta, recibieron el camper. “Yo siento que nomás hemos avanzado un poquito… lo único que tenemos es lo que nos ha ayudado la gente”, dice Eric, reflexionando sobre este año después de Helene.

Betty y Eric, junto a sus tres hijos, viven desde abril en un camper donado en el terreno donde el huracán Helene arrasó con su casa móvil en Swannanoa.
Betty y Eric, junto a sus tres hijos, viven desde abril en un camper donado en el terreno donde el huracán Helene arrasó con su casa móvil en Swannanoa. Foto: Patricia Serrano

Él mismo limpió el terreno y, con la ayuda de voluntarios, levantó cercas para recuperar algo de orden. La Swannanoa Christian Church se comprometió a construir una vivienda en el lote. “Nos dijeron que estaría antes del invierno”, cuentan. Los plazos se corrieron una y otra vez. “Nos da miedo el invierno”, admite Betty, mirando el camper que difícilmente podrá abrigarlos cuando lleguen las heladas.

A diferencia de otras familias, pudieron aplicar a FEMA porque sus hijos son ciudadanos estadounidenses. Tras un largo intercambio de documentos, recibieron apoyo económico. “Con 20,000 o 30,000 dólares que te den, no te vas a comprar ni una casa ni una “traila” (casa móvil)”, explica Betty.

La rutina también cambió. Eric trabajaba en un hotel antes del huracán. Desde entonces sigue sin empleo estable y se dedica a cuidar el lote, a ayudar a vecinos y a acompañar el día a día de los niños. Betty mantiene el empleo en un centro de ancianos de Asheville, donde vivieron además el pasado invierno, mientras esperaban el camper.

Dicen que la experiencia los marcó. Hoy frente a cualquier tormenta aseguran que “estamos preparados… ya tenemos una maleta con lo indispensable”. Un año después, siguen en el mismo terreno donde el río se llevó su casa. Su plan es quedarse allí, criar a sus hijos y esperar la construcción prometida de una nueva casa.

*Para conocer más sobre las historias de estas familias latinas, les invitamos a suscribirse a Enlace Latino Podcast, donde publicaremos un especial de dos episodios del aniversario del huracán Helene. Escuche el primer episodio el sábado 27 de septiembre en Enlace Latino NC.

Después de la tormenta

Hace un año, el huracán Helene golpeó al oeste de Carolina del Norte. La comunidad latina respondió con algo más fuerte que la tormenta: solidaridad.

🎧 En este episodio, conoce cómo las organizaciones latinas transformaron la crisis en resiliencia.

▶️ ¡Dale play para escuchar!

YouTube video

Creative Commons License

Republique gratuitamente nuestras historias en su website o periódico. Seguimos la licencia de Creative Commons. Dele clic al recuadro, y siga las instrucciones.

Patricia Serrano es una periodista bilingüe radicada en Asheville y miembro de Report for America. Cubre temas migratorios, políticos y sociales en el oeste de Carolina del Norte para Enlace Latino NC,...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *