Para muchas mujeres migrantes, acceder a un servicio de salud en un país donde no dominan el idioma es un desafío lleno de incertidumbre. Recuerdo mi primer control ginecológico en Estados Unidos: la ansiedad de no entender las indicaciones, la preocupación de usar las palabras equivocadas o de no comprender lo que la doctora decía.
La falta de intérpretes en hospitales y clínicas, junto con la escasez de médicos que hablen español, refuerzan esta brecha. Pero el idioma es solo una parte del problema. Enfrentar un sistema de salud completamente distinto al de tu país de origen añade otra capa de dificultad.
Las mujeres migrantes deben navegar un esquema de atención fragmentado y costoso, donde la falta de seguro médico limita el acceso a consultas médicas y tratamientos esenciales. Además, las barreras económicas y las políticas migratorias restrictivas agravan aún más la exclusión de este sector de la población.
El acceso a la salud de la comunidad migrante es un problema global. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en el mundo hay 281 millones de personas migrantes, lo que representa el 3.5% de la población mundial.
En Estados Unidos, en 2022 había 21.2 millones de inmigrantes no ciudadanos, de los cuales un 40% no tenía documentos, según la Kaiser Family Foundation (KFF).
En Carolina del Norte, hay 867,946 inmigrantes, lo que representa un 8.9% de la población. De ellos, 434,000 nacieron en Latinoamérica, lo que equivale al 50% del total de inmigrantes.
La población latina en el estado ha crecido un 40% en la última década y ahora representa el 10.7% de la población. Además, se estima que hay entre 325,000 y 350,000 inmigrantes indocumentados en la región, con miles de mujeres que enfrentan los mismos desafíos para acceder a la atención médica.
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Barreras en el acceso a la salud
1. La barrera del idioma: cuando no puedes explicar qué sientes
El idioma es uno de los principales obstáculos para las mujeres migrantes al momento de recibir atención médica. En Estados Unidos, alrededor del 8.3% de la población tiene un dominio limitado del inglés, según el Instituto de Políticas Migratorias (MPI). Para muchas mujeres migrantes, esto significa no poder describir sus síntomas con precisión, no entender las indicaciones de su doctora o sentirse avergonzadas de pedir ayuda.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los migrantes pueden enfrentar mayores dificultades en el acceso a servicios de salud debido a la falta de intérpretes y la baja competencia cultural de los proveedores médicos.
Y aunque los hospitales en Estados Unidos pueden ofrecer servicios de interpretación, muchas pacientes terminan dependiendo de familiares, incluyendo niños, para traducir términos médicos complejos.
Un estudio publicado en HealthCare encontró que las personas con dominio limitado del inglés tienen menos probabilidad de recibir atención preventiva y un mayor riesgo de sufrir complicaciones médicas debido a la falta de comunicación efectiva.
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2. Diferencias culturales que afectan la atención médica
Las diferencias culturales también influyen significativamente en la relación de las mujeres migrantes con el sistema de salud en Estados Unidos. Muchas provienen de países donde la atención médica es menos burocrática y donde las interacciones con los profesionales de la salud difieren notablemente.
En comunidades latinas, el concepto de “aguantar” el dolor sin buscar ayuda médica influye en la postergación de consultas, lo que puede llevar al agravamiento de condiciones de salud.
Según la Latino Behavioral Health Coalition, esta actitud está influenciada por valores culturales que enfatizan la resiliencia y la fortaleza personal, lo que resulta en la subutilización de servicios de salud, especialmente en el ámbito de la salud mental.
3. La barrera económica: la falta de seguro médico
El costo de la atención médica es otra barrera crítica. Según la Kaiser Family Foundation (KFF), casi la mitad de los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos no tienen seguro de salud. Además tampoco pueden acceder a programas como Medicaid.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), los migrantes en situación irregular suelen estar excluidos de los programas nacionales de salud y enfrentan costos elevados por la atención médica. Además, muchas mujeres migrantes tienen empleos informales sin acceso a seguros médicos proporcionados por sus empleadores, lo que las deja sin alternativas asequibles para recibir atención médica.
En este sentido, y como ejemplo del problema, un estudio de la Universidad de California encontró que el 30% de las mujeres migrantes encuestadas reportó haber evitado acudir al médico debido al miedo a las facturas médicas.
El acceso a la salud de mujeres migrantes en Carolina del Norte
Las disparidades en el acceso a la salud siguen marcadas en Carolina del Norte. Aunque el 59% de las mujeres entre 18 y 64 años tiene seguro médico, las hispanas continúan siendo el grupo con menor cobertura, lo que impacta su acceso a chequeos médicos y atención preventiva, según el Report Card 2022 del Center for Women’s Health Research.
Al mismo tiempo, el 13% de las mujeres en el estado reportó haber evitado una consulta médica en el último año por razones económicas, un problema que afecta de manera desproporcionada a las comunidades migrantes.
En el caso de las mujeres migrantes sin documentos, a todas estas barreras estructurales se suma el temor por su estatus migratorio, sobre todo en el contexto de las políticas antiinmigrantes de la nueva administración. El impacto de estas medidas en la salud y en la vida de las mujeres migrantes aún está por verse.



