Hablar español en casa no significa que un niño tendrá un peor desempeño académico por aprender también en inglés.
Lo que puede cambiar, en cambio, es la forma en que se mide lo que sabe.
Diego Román, profesor asociado de educación bilingüe y bicultural en la Universidad de Wisconsin-Madison, explicó que un niño puede obtener resultados más bajos cuando toma una prueba en el idioma que todavía está adquiriendo. Eso no necesariamente significa que tenga menos conocimientos que un compañero monolingüe.
“Los resultados van a ser peores o más bajos […] que si esas mismas pruebas fueran tomadas en el idioma” que el niño domina, explicó Román en una entrevista con SciLine.
Por eso, dijo, evaluar a estudiantes multilingües requiere considerar tanto el idioma utilizado durante la instrucción como aquel en el que se administran los exámenes.
Román estudia cómo incorporar el multilingüismo de los estudiantes en las clases de ciencias y trabaja particularmente con comunidades latinas en zonas rurales de Estados Unidos. Antes de dedicarse a la investigación, trabajó durante siete años como maestro de ciencias de escuela intermedia.
El tema tiene una presencia concreta en las escuelas de Carolina del Norte.
El Departamento de Instrucción Pública de Carolina del Norte reporta que el estado cuenta con más de 300 programas de inmersión dual para estudiantes de K-12 en ocho idiomas: cherokee, chino, francés, alemán, griego, japonés, español y urdu.
El departamento también señala que en los hogares de estudiantes de Carolina del Norte se utilizan al menos 389 idiomas distintos del inglés.
Según un recuento nacional de programas de inmersión dual de 2021 citado por el departamento, Carolina del Norte ocupaba el quinto lugar del país en número de estos programas y el primero en el sureste.
Dos maneras de crecer con más de un idioma
No todos los niños bilingües adquieren sus idiomas de la misma manera.
Román explicó que los investigadores distinguen, en términos generales, entre multilingües simultáneos y secuenciales.
Los primeros crecen en familias multilingües y aprenden más de un idioma desde que nacen. Los segundos adquieren primero un idioma y posteriormente otro.
Román es un ejemplo de este segundo grupo. Nació en Ecuador, aprendió primero español y después inglés.
La investigación sobre la adquisición del primer y segundo idioma, explicó, ha contribuido al desarrollo de programas bilingües y de métodos para enseñar habilidades como lectura, escritura, gramática y los sonidos de cada idioma.
Una de las preocupaciones que pueden tener las familias es si utilizar español en casa puede dificultar que sus hijos aprendan inglés o tengan éxito en una escuela donde ese idioma predomina.
Román dijo que algunos padres optan por dejar de utilizar su idioma familiar precisamente porque creen que así ayudarán a sus hijos académicamente.
“A veces muchos padres creen que al no usar sus idiomas, por ejemplo, español en la casa, están ayudando a que sus niños o sus niñas tengan mejor rendimiento académico en las escuelas”, dijo.
Según Román, esa decisión puede hacer que los niños pierdan con el tiempo un idioma que después quieran recuperar.
A lo largo de su carrera, dijo, ha conocido estudiantes universitarios de familias latinas, alemanas y noruegas que lamentaban que sus padres o abuelos no hubieran continuado hablándoles en el idioma familiar.
Algunos terminan tomando clases en la universidad para aprenderlo o recuperarlo y volver a conectarse con su comunidad.
Mantener el español requiere usarlo
Para las familias que quieren que sus hijos conserven el español, el primer consejo de Román es utilizarlo.
Pero no solamente pedirles que lo hablen.
“Estamos rodeados por el inglés y mantener el idioma de nuestras comunidades es muy difícil”, dijo.
Román recomienda crear oportunidades para que los niños relacionen el idioma con sus propios intereses: jugar, conversar con amigos, participar en comunidades donde se hable español o encontrar videos y otros contenidos protagonizados por personas de edades similares.
La idea es que utilizar el idioma tenga un propósito para ellos y fomente “este deseo de seguir siendo multilingües a través de las diferentes edades”, dijo.
La dificultad para conservar un idioma puede hacerse más evidente cuando los niños pasan gran parte del día en una escuela donde predomina el inglés.
Román lo ha experimentado también dentro de su familia.
Su hijo, ahora de 16 años, tuvo mayor acceso al español cuando la familia vivía en California y Texas. Además de utilizarlo en casa y en la comunidad, asistió a programas de inmersión dual en español e inglés.
Después de mudarse a Wisconsin, Román dijo que resultó más difícil encontrar escuelas, especialmente en secundaria, donde su hijo pudiera continuar utilizando español en cursos académicos.
En casa todavía hablan español sobre fútbol, comida y familia. Para ampliar ese uso del idioma, Román busca libros utilizados en Latinoamérica, además de documentales y películas relacionados con los intereses de su hijo.
Pero evita convertirlo en una obligación.
“Ese es uno de los errores que a veces hacemos: imponer que tiene que hablar español”, dijo.
En cambio, intenta encontrar contenido que le interese y que permita complementar el español que quizá no utiliza en la escuela.
Qué pueden buscar los padres en una escuela
Para las familias que tienen la posibilidad de elegir, Román recomienda averiguar si existen escuelas con programas de inmersión dual.
Cuando eso no sea posible, los padres pueden preguntar qué otros programas bilingües ofrece la escuela, cuánto tiempo reciben los estudiantes instrucción en ambos idiomas y si cuenta con maestros bilingües.
También recomienda mirar más allá de las clases.
Actividades para familias, eventos bilingües y la presencia de diferentes idiomas en la escuela pueden ayudar a mostrar a los estudiantes que su multilingüismo es valorado.
No se trata solamente de las clases, explicó Román, sino de que los niños bilingües “se sientan valorados y que sientan que su otro idioma merece ser desarrollado”.
En Carolina del Norte, los programas de inmersión dual enseñan contenido académico utilizando inglés y otro idioma. El estado cuenta con diferentes modelos, incluidos programas destinados a estudiantes que están aprendiendo inglés y que buscan desarrollar ese idioma mientras mantienen y fortalecen su lengua materna o de herencia.
El Departamento de Instrucción Pública mantiene un directorio de programas de inmersión dual que permite consultar, entre otros datos, la escuela, el idioma ofrecido, el tipo de inmersión y el modelo del programa.
Más que aprender dos idiomas
Para Román, los beneficios de conservar más de un idioma van más allá del salón de clases.
Hablar varios idiomas permite comunicarse con distintas comunidades y conocer diferencias culturales incluso entre personas que comparten una lengua, explicó.
Una palabra en español, por ejemplo, puede tener significados o usos diferentes en Ecuador, México o Argentina.
Los niños que crecen escuchando distintas palabras para describir un mismo objeto aprenden desde pequeños que existen diferentes maneras de nombrar y entender lo que los rodea, dijo.
En la adultez, agregó, utilizar más de un idioma también puede ser útil en profesiones como medicina y negocios, donde permite trabajar con comunidades lingüísticamente diversas.
Román también señaló beneficios cognitivos asociados al multilingüismo. Durante la entrevista mencionó la función ejecutiva y la memoria de trabajo, así como estudios que han examinado una posible relación entre el multilingüismo y la demencia.
Para las familias, sin embargo, conservar un idioma también puede tener una consecuencia más inmediata: permitir que los niños sigan comunicándose con las personas y comunidades que lo hablan.
Mantenerlo requiere esfuerzo en un entorno donde el inglés domina gran parte de la vida escolar y cotidiana, reconoció Román.
Por eso, su primera recomendación para las familias no comienza con una clase o un programa especial.
Comienza en casa: seguir utilizando el idioma que la familia ya habla.

