calle en Carolina del Norte
Una intersección en Carolina del Norte rodeada de comercios, cables y pavimento, sin árboles ni vegetación cercana. Foto ELNC.

En Estados Unidos, casi tres de cada cuatro personas que viven en zonas con escasez de naturaleza pertenecen a comunidades de color (74%), frente a poco más de una cuarta parte de las personas blancas (26%). A nivel nacional, más de la mitad de la población afectada es latina (54%).

Carolina del Norte no es la excepción: en el estado, casi la mitad de la comunidad latina (49%) vive en lugares con escaso acceso a parques, bosques y áreas verdes.

Los datos fueron revelados por un nuevo análisis que estudió la persistente desigualdad en el acceso a sitios naturales en Estados Unidos en función de la raza, la etnia y el nivel de ingresos.

El informe fue elaborado por Center for American Progress, Justice Outside y Conservation Science Partners. Para el análisis, los investigadores revisaron datos del Censo 2020 y de la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense (ACS, por sus siglas en inglés), de 2019-2023, junto con más de 50 indicadores sobre riesgos climáticos, contaminación e infraestructura.

Gráfico comunidades demográficas y porcentaje que vive en áreas con privación de naturaleza
Gráfico adaptado y traducido al español por Enlace Latino NC con apoyo de herramientas de inteligencia artificial.
Fuente: Center for American Progress.

¿Qué significa vivir sin acceso a la naturaleza?

El informe lo plantea así:“Cuando los bosques se talan, los humedales se rellenan y los pastizales se pavimentan, las comunidades no solo pierden vistas y paisajes. Pierden la infraestructura natural que las personas necesitan para prosperar”.

Esa infraestructura natural incluye “árboles que filtran contaminantes del aire y reducen tasas de asma, copa arbórea que enfría barrios y previene muertes relacionadas con el calor, humedales que purifican el agua potable, y espacios verdes que ofrecen oportunidades para la actividad física y la restauración mental”.

Sam Zeno, analista sénior de Center for American Progress y una de las autoras del informe, explicó a Enlace Latino NC que “por lo general, son áreas metropolitanas con mucho desarrollo y poco espacio verde. También pueden ser zonas cercanas a infraestructura de energía, residuos peligrosos, carreteras principales o instalaciones industriales”.

Quienes viven en estos lugares, según el documento, tienen peor salud y mueren más jóvenes. También enfrentan más riesgos durante olas de calor, inundaciones y tormentas.

Las cifras detrás de la desigualdad

El déficit de naturaleza está relacionado con la situación económica: tres de cada cuatro hogares que viven en zonas con escasez de espacios verdes tienen ingresos bajos. Y seis de cada diez están por debajo del umbral de pobreza.

En Carolina del Norte, el 64 por ciento de los hogares de bajos ingresos vive en estas áreas.

El costo de la vivienda agrava la situación. El informe encontró que 7 de cada 10 (70 por ciento) de las áreas con escasez de naturaleza están habitadas por familias que destinan más de la mitad de sus ingresos al alquiler o a la hipoteca. Y el 83 por ciento de los barrios son aquellos en los que la mayoría de sus habitantes son inquilinos.

gráfico porcentaje de residentes de EEUU que viven en  áreas con privación de la naturaleza según nivel de ingresos 2020

El otro denominador común es la raza: en el estado, el 61 por ciento de las personas negras, el 54 por ciento de las asiáticas y el 49 por ciento de las latinas viven en zonas sin acceso a la naturaleza.

“La brecha de la naturaleza no es accidental. Es el resultado de decisiones políticas profundamente arraigadas en la historia racista de Estados Unidos”, afirma el informe.

Entre esas decisiones, el documento menciona las migraciones forzadas, los tratados rotos con tribus indígenas, las restricciones a la propiedad de personas de color, la segregación económica y prácticas como el redlining, una política que durante décadas marcó como riesgosos para la inversión y los préstamos vecindarios de mayoría negra y latina.

Lo que se pierde sin acceso al bosque

“No tener acceso a la naturaleza es no poder disfrutar de lugares libres de contaminación visual y auditiva, no poder conectar con el olor de un bosque o el sonido de un río”, explicó Angélica Moncada, de la organización Latinos Aventureros.

Según su mirada, no tener acceso a espacios verdes “limita nuestra experiencia humana a objetos materiales, suelos y paredes de concreto, muchas veces sin tener el conocimiento previo de lo sanador que es sumergirnos en los sonidos, olores, y paisajes naturales“.

“Como inmigrantes hemos experimentado la naturaleza quizá no como recreación sino como manera de trabajo. Hemos crecido viendo bosques, cafetales, campos de siembra”, contó. “Pero al llegar aquí el ambiente cambia. Está rodeado de ciudad, pavimento, encierro. De cocinas, casas donde se trabaja”.

Miriam Franco, Latinos Aventureros

Para Franco, redescubrir la posibilidad de caminar por un sendero o de respirar aire fresco tiene un peso emocional. “El hecho de enterarse de que hay una manera de respirar aire fresco y de estar tranquilo en un sendero hace a uno sentirse pleno y renovado”, dijo.

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Consecuencias en salud y clima

La falta de naturaleza también representa un riesgo para la salud. Las comunidades más cercanas a fuentes de contaminación, como sitios industriales, plantas químicas o pozos de petróleo y gas, tienen casi el doble de probabilidades de vivir en zonas con escasez de naturaleza. En esos lugares, el 77 por ciento son comunidades de color y el 75 por ciento son hogares de bajos ingresos.

A esto se suma el clima. “El análisis nacional muestra que las áreas con la pérdida de naturaleza más severa también enfrentan los mayores peligros climáticos”, afirma el informe.

Las olas de calor son uno de esos peligros. El 72 por ciento de las comunidades de color en el país viven en zonas que combinan escasez de naturaleza y calor extremo. Cada año, el calor mata a más estadounidenses que cualquier otro fenómeno meteorológico.

El riesgo de inundaciones también es mayor. En zonas donde se cruzan la pérdida de naturaleza y el riesgo extremo de inundación, el 73 por ciento de los residentes son comunidades de color.

Después de la tormenta

Hace un año, el huracán Helene golpeó al oeste de Carolina del Norte. La comunidad latina respondió con algo más fuerte que la tormenta: solidaridad.

🎧 En este episodio, conoce cómo las organizaciones latinas transformaron la crisis en resiliencia.

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Patricia Serrano es una periodista bilingüe radicada en Asheville y miembro de Report for America. Cubre temas migratorios, políticos y sociales en el oeste de Carolina del Norte para Enlace Latino NC,...

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