En un clima migratorio marcado por el miedo y la desconfianza, encontrar espacios de alivio se ha vuelto una necesidad.
Para muchas familias latinas en Carolina del Norte, reunirse a hacer ejercicio, caminar al aire libre o compartir actividades comunitarias no solo beneficia la salud física: estudios confirman que reduce la ansiedad, mejora el sueño y ayuda a sostener vínculos de confianza.
Ese respiro cobra especial importancia en un contexto en el que los arrestos de ICE en el estado se dispararon casi un 150 % en los primeros seis meses de 2025 y donde leyes como la HB 10, la HB 318 y la expansión del programa 287(g) han reforzado la cooperación entre cárceles, alguaciles y autoridades migratorias.
Ambiente de desconfianza
Aunque en el oeste del estado aún no se han reportado redadas ni la presencia del Servicio de Inmigración, el ambiente de desconfianza se siente también allí.
Frente a ese escenario, distintas iniciativas locales han apostado por el ejercicio y la vida comunitaria como una forma de resistencia y cuidado.
En esta nota presentamos tres ejemplos: las clases de salud y bienestar de Vecinos en Franklin, las caminatas en la naturaleza de Latinos Aventureros, y las sesiones de pilates comunitarios de Somos Cultura.
Otras organizaciones que ofrecen programas similares prefirieron no participar en este reportaje, reflejo del bajo perfil que muchos eligen mantener en medio de este clima de temor.
Un espacio de ejercicios
La idea de abrir un espacio de ejercicio en Vecinos, una organización que brinda servicios de salud a la población inmigrante en las montañas, surgió tras escuchar a pacientes que buscaban maneras sencillas de moverse y reducir el estrés.
La propuesta estuvo a cargo de Esperanza Domínguez, enfermera colombiana con casi dos décadas de experiencia, que decidió poner al servicio de la comunidad su formación como entrenadora y coach de nutrición.
Al inicio, la respuesta fue incierta. “El primer día no vino nadie. El segundo día vinieron cuatro y ahora ya tenemos un grupo… de 17, 18 personas”, recuerda Domínguez en conversación con Enlace Latino NC.
Esa constancia terminó dando forma a un espacio donde la salud no se entiende solo como atención clínica, sino como bienestar integral.
Un refugio de cuidado físico y emocional
Franklin es una ciudad pequeña —unos 4.000 habitantes, con cerca del 16 % de origen hispano o latino— en un condado rural donde el 10 % de la población es latina.
En un lugar así, donde los trayectos suelen ser largos y la desconfianza aumenta, un grupo de vecinos ejercitándose juntos es mucho más que una rutina: es un refugio de cuidado físico y emocional.
Las sesiones de los martes combinan movimiento, estiramientos y conversación. “Terminamos con una relajación y diálogo sobre la importancia de priorizar el bienestar integral”, explica.
Los efectos se sienten pronto: “Se sienten acompañados… les disminuye el estrés… duermen mejor después de hacer su actividad aquí”.
Clima migratorio
Pero el clima migratorio atraviesa la vida diaria. “Hay pacientes que han faltado a citas médicas porque les da miedo salir a la calle, por eso también ofrecemos transporte si es necesario”, cuenta.
Por ello, Domínguez sueña con ampliar la oferta a zumba, yoga y caminatas comunitarias en Vecinos, un espacio donde la comunidad latina rural se siente segura. “Entre más variedad de espacios, más contribuimos a bajar ese estrés”, finaliza.
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Somos Cultura: pilates consciente para la comunidad
Antes de mudarse a Asheville, Alejandra Carro sufrió una lesión en la cadera que la obligó a dejar los deportes y reaprender a moverse.
La recuperación la llevó al pilates, primero con videos de YouTube y luego en estudios. Allí notó algo que la marcó: “Siempre era la única latina. Nadie era como yo”.
Esa ausencia de representación, sumada al cambio cultural tras la mudanza, fue determinante.
“Fue un shock… nos tomó un poquito de tiempo ajustarnos… conocer a gente latina donde podríamos contar nuestras historias y sentirnos como en nuestro hogar”, recuerda.
De esa experiencia nació Somos Cultura, un proyecto que busca unir movimiento, salud emocional y pertenencia cultural.
“Quiero enseñar a la comunidad hispana los beneficios de tener conciencia en sus movimientos… no es el pilates ‘trendy’; es pilates… consciente”, explica Carro.
Las clases se realizan en parques cercanos como Jump Off Rock en Laurel Park, espacios que muchas familias latinas nunca habían visitado.
“No porque no vivas ahí significa que no puedes disfrutar de ese lugar”, afirma.
También organiza sesiones en un centro comunitario de Hendersonville con un modelo flexible: sugiere una donación de 10 dólares, pero nadie queda afuera si no puede pagar.
Técnicas de respiración
La propuesta responde directamente a la vida laboral de sus participantes. Muchas trabajan limpiando casas, en fábricas o restaurantes, con rutinas físicas intensas.
“Levantar cajas, limpiar la casa… años de ese movimiento malo te va dañando la postura y los músculos”, señala.
En las clases enseña técnicas de respiración que ayudan a dormir mejor o a reducir la ansiedad.
Una participante le contó que al practicar se sintió como si “se le abriera el pecho”, más ligera después de semanas de tensión acumulada.
Para Carro, esa tensión no es solo física, sino social y política. “El discurso de odio, vivir en miedo… todos los músculos y el cuerpo se hacen tensos”, advierte.
En tiempos de leyes antiinmigrantes y deportaciones crecientes, sus sesiones en parques y centros comunitarios ofrecen algo más que ejercicio: un espacio de cuidado colectivo, de representación y de orgullo.
Latinos Aventureros: reconectarse con la naturaleza
Desde hace cuatro años, Latinos Aventureros convoca a familias latinas a salir a caminar por senderos y parques de las Carolinas.
El proyecto nació con un objetivo sencillo: invitar a la comunidad a reconectarse con la naturaleza en un entorno seguro y en su idioma.
Para Diana Willman, trabajadora de salud pública en el condado de Gaston y miembro de la junta directiva desde el inicio, la experiencia ha confirmado lo que ya intuía: “La conexión entre salud y naturaleza es grandísima”, aseguró en. conversación con Enlace Latino NC.
Reducir el estrés
Willman explica que, a pesar del estrés de la vida cotidiana, esos momentos al aire libre tienen un efecto inmediato.
“Caminar o relajarse reduce los niveles de cortisol, que es supremamente importante para reducir el estrés… se mejora el estado de ánimo”, señala.
Esa sensación se amplifica porque ocurre en comunidad: “Te sientes bien cuando estás con gente tuya, con gente que habla tu idioma”.
Al final de las caminatas suelen compartirse alimentos y también información práctica:
“No hablamos de política porque tratamos que sea un momento de desconexión, pero recursos sí; muchas veces funcionamos como recurso también, dando información importante a la comunidad”.

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La naturaleza “no pide papeles”
El clima migratorio, sin embargo, se hace sentir. “Se han reducido el número de participantes, porque la gente no se sienta segura”, admite.
Para muchas familias, manejar una o dos horas hasta la montaña implica el riesgo de ser detenidas sin licencia.
Esa tensión atraviesa incluso las actividades recreativas: lo que debería ser un paseo se convierte en una decisión cargada de ansiedad.
Aun así, quienes participan lo valoran como un respiro vital. “Este cambio de naturaleza, de ambiente, es lo que me da vida”, cuentan.
Willman insiste en que no siempre hace falta llegar lejos: “Así sea alrededor de la casa, 10 a 30 minutos al día ayuda muchísimo… quítese los zapatos… escuche los pajaritos”.
En medio de la hostilidad, la naturaleza ofrece un refugio que, como ella resume, “no pide los papeles”.
Lo que dice la evidencia sobre ejercicio, estrés y migración
La ciencia respalda lo que muchas familias ya experimentan en carne propia. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la actividad física regular no solo fortalece el corazón y los músculos: también ayuda a reducir la ansiedad y la depresión, mejora el sueño y eleva el estado de ánimo.
El Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) advierte que el estrés crónico se manifiesta en el cuerpo con dolores musculares, problemas digestivos y alteraciones en el apetito o el sueño, señales que pueden confundirse con otros malestares cotidianos.
Un estudio de la Universidad de Duke, llamado Proyecto SER Hispano, siguió a 391 inmigrantes latinos en Carolina del Norte y encontró que el estrés migratorio tiene efectos claros en la salud mental.
Sin embargo, también halló que la resiliencia comunitaria y los espacios de apoyo ayudan a amortiguar ese impacto.







