Más de 700 días transcurrieron desde que tres familias que acababan de perder su casa llegaron a la de Beth Trigg, en Swannanoa, una comunidad del condado de Buncombe, entre Asheville y Black Mountain.

En ese barrio, cerca de la mitad de las viviendas quedaron destruidas por Helene. Pero la de Trigg no sufrió daños graves: se encuentra en una zona más alta, lejos del río.

“Para mí, ese fue el comienzo de Comunidades Unidas de Swannanoa: literalmente, darles techo a mis vecinos”, cuenta a Enlace Latino NC.

Trigg vive en Swannanoa desde hace unos 20 años. Es facilitadora y consultora de organizaciones sin fines de lucro, y antes de la tormenta había pasado años trabajando en comunidades con redes sólidas de ayuda mutua.

Ayudar a sus vecinos, asegura, nunca se sintió como una decisión. “Era simplemente lo que había que hacer. La gente no estaba bien. Teníamos que cuidarnos entre nosotros”.

A los dos días lograron poner en funcionamiento un pozo de agua, y su cuñado consiguió llegar a Tennessee y volvió con provisiones. Apenas pudieron, empezaron a visitar a los otros vecinos para ver cómo estaban, en círculos cada vez más amplios alrededor de la casa.

Enseguida vieron que quedaba gente fuera de la ayuda. Algunos enfrentaban racismo, otros no podían pedir ayuda por el idioma, y otros estaban aislados en barrios rurales. En la primera semana ya mandaban equipos bilingües de casa en casa y anotaban en un mapa las necesidades urgentes.

Antes de Helene, en Swannanoa no existía una organización como esta. Hoy tiene ocho empleados a tiempo completo. Antes de la tormenta, Trigg solo conocía a una, su propia hermana. Al resto lo conoció en el primer mes después de Helene: mujeres que también organizaban la ayuda en sus barrios.

Han pasado dos años desde esos días, pero ellas sienten que han sido miles. “Muchas veces decimos que han pasado dos años o 5,000 años”, dice Trigg.

Desde entonces, el grupo ha repartido cerca de 1.5 millones de dólares en ayuda material directa. Hoy, a días del segundo aniversario de la tormenta más destructiva en la historia de Carolina del Norte, la organización sigue atendiendo a una comunidad que aún tiene heridas abiertas.

De izquierda a derecha, Mary Etheridge-Trigg, Beth Trigg y Kym Maisch, integrantes de Comunidades Unidas de Swannanoa (Swannanoa Communities Together), en el centro comunitario de la organización. Swannanoa, Carolina del Norte. Foto: Patricia Serrano / Enlace Latino NC.

La salud mental, el problema tras la supervivencia

El centro comunitario de Comunidades Unidas es un espacio colorido. Hay sillones, mantas de retazos, flores y arte en las paredes. Sobre un sofá descansan dos gallinas tejidas, símbolo de apoyo emocional, al igual que las muchas que la organización ha repartido entre sus vecinos. Se siente cálido, cómodo. Un refugio para tiempos difíciles.

En el último año, la salud mental se convirtió en una de las necesidades más urgentes del valle, según Trigg. Hay familias que fueron desplazadas varias veces, que siguen en casas dañadas o en caravanas, o que pasaron por una docena de alojamientos temporales mientras intentaban evitar que sus hijos cambiaran de escuela. “Y además está el simple hecho de manejar todos los días entre los escombros”, agrega.

“La gente entra en modo de lucha o huida y se concentra, por un tiempo, en cubrir sus necesidades básicas de supervivencia”, explica. “Después, ya sea que las cosas se estabilicen o no, cada vez resulta más difícil sobrellevarlo en términos de salud mental”.

Hace unos meses, en la organización aprendieron que las crisis de salud mental más graves después de un desastre suelen llegar en el segundo año, y eso coincide con lo que ven en la comunidad.

Una guía de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) y de la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias describe ese momento como una etapa de desilusión, en la que las comunidades perciben los límites de la ayuda.

Según esa misma guía, esa etapa “puede durar meses e incluso años” y suele agravarse en fechas como el aniversario del desastre.

El folleto que la organización reparte entre sus vecinos lo dice con sus propias palabras: “Muchos estamos cansados. Las cosas difíciles siguen llegando. Algunos recién ahora empezamos a sentir el duelo. Si esto le pasa a usted, no está solo. Es una parte normal del proceso de recuperación”.

Por ello, la organización comenzó su programa de salud mental: “Empezamos a pagar terapia privada para la gente, de la misma manera en que pagamos la renta”, cuenta Trigg. La organización cubre 10 sesiones con terapeutas de su lista o con el profesional que la persona ya tenga, sin importar si tiene seguro médico.

Las sesiones pueden ser individuales o en grupo, presenciales o en línea, y la organización ayuda a encontrar terapeutas bilingües o que compartan la cultura de quien pide ayuda.

También organiza encuentros en los que los vecinos hacen manualidades o trabajan en el huerto con un terapeuta presente, “para que sea más relajado y menos como acostarse en un sofá a recibir terapia”.

Los residentes de Swannanoa pueden pedir apoyo a Comunidades Unidas al (828) 423-5727 o en su centro comunitario, en el 2121 de la U.S. 70. El estado también ofrece la línea Hope4NC, al 1-855-587-3463, gratuita, confidencial y disponible las 24 horas para sobrevivientes de Helene. Tiene materiales en español.

Un pueblo que sigue sin supermercado

Trigg frena en un semáforo. A ambos lados de la calle hay dos complejos de apartamentos para personas de bajos ingresos, donde viven muchas personas mayores y con discapacidad. Justo al frente se ve el letrero de “Ingles”, la cadena de supermercados con sede en Black Mountain.

Swannanoa Communities Together, organización comunitaria creada tras el huracán Helene que, a casi dos años de la tormenta, sigue ofreciendo recursos de recuperación a residentes del valle de Swannanoa. Swannanoa, Carolina del Norte, Foto: Patricia Serrano / Enlace Latino NC.

“Los construyeron aquí porque el supermercado quedaba a una distancia a la que se podía caminar”, explica. Así, quienes no tenían auto podían ir a comprar su comida por su cuenta. Incluso pusieron un cruce peatonal para que los residentes pudieran llegar en silla de ruedas o en scooter.

“Ahora no hay dónde comprar comida”, dice. El Ingles de Swannanoa sigue cerrado desde Helene. La empresa planea abrir una nueva tienda, pero la obra aún no ha comenzado. Quienes tienen la suerte de tener auto compran en Black Mountain, el pueblo más cercano, o en Asheville.

Desde hace unos meses hay otras opciones, pero son pequeñas. Una es Bee’s Mini Mart, un minimercado que acepta EBT, la tarjeta de asistencia alimentaria, y vende “lo que uno esperaría de una tienda de conveniencia”, como huevos, leche y papel higiénico.

La otra es una tienda especializada en productos locales, junto a un café en Beacon Village, que no acepta EBT. Ninguna de las dos es un supermercado completo.

Para llegar al minimercado no hay aceras. “Lo que hace la gente es caminar o llevar su silla de ruedas motorizada por el carril de tráfico”, cuenta Trigg. “Es terrible”.

La organización pidió, dentro del plan del condado para Swannanoa, aceras que lleguen hasta la salida 55 de la autopista. “El condado dice que está trabajando en eso. Ya veremos”.

También está Bounty & Soul, una organización sin fines de lucro que reparte frutas y verduras frescas gratis en mercados comunitarios del condado. Comunidades Unidas trabaja con ella para llevar comida a los residentes de esos apartamentos y de otros barrios sin acceso a transporte. “Ha sido un verdadero reto”, admite.

Bee’s Mini Mart, un minimercado que acepta EBT, la tarjeta de asistencia alimentaria, es una de las pocas opciones para comprar comida en Swannanoa desde que el Ingles cerró tras el huracán Helene. Swannanoa, Carolina del Norte. Foto: Patricia Serrano / Enlace Latino NC.

Las huellas visibles de la tormenta

El recorrido en auto por Swannanoa puede hacerse en 10 minutos. Es un valle chico, un pueblo construido con el río como protagonista y a lo largo de la U.S. 70.

Trigg me lleva a los lugares que antes eran barrios de casas móviles y hoy son campos con pasto crecido. Si uno no supiera lo que pasó aquí, podría ser que ni siquiera lo imaginara, casi como si esas casas nunca hubieran existido.

Le pasó incluso a un grupo de políticos que ella llevó por esta misma zona después de la tormenta. “Pensaban que era un campo vacío y lleno de lodo”, recuerda. “Tuve que explicarles que ahí había dos calles y barrios enteros”.

A orillas del río, el paisaje cuenta otra parte de la historia. Hay escombros que nadie ha terminado de retirar, varios negocios cerrados y edificios de los que solo queda el esqueleto de hormigón.

En algunos terrenos ya no queda nada, porque sus dueños aceptaron la compra de FEMA y ahí no se volverá a construir. Otras casas quedaron abandonadas. Trigg señala una que se llenó de lodo durante la inundación y que recién ahora están limpiando.

Una caravana junto a una casa móvil marcada con una X después del huracán Helene, en Swannanoa, en el invierno de 2026. En septiembre, a dos años de la tormenta, la casa sigue allí. Swannanoa, Carolina del Norte. Foto de archivo: Patricia Serrano / Enlace Latino NC.

Pero no todas las casas dañadas están vacías. En una casa móvil que todavía tiene pintada una X y que estaba ahí cuando subió el agua, vive alguien. Más adelante, otra casa sigue con una lona en el techo. Las caravanas son parte del paisaje.

Swannanoa no tiene gobierno municipal propio. Allí viven unas 6,900 personas, y casi una cuarta parte se identifica como hispana o latina, según estimaciones de la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense de 2020 a 2024. “Es un área donde vive mucha gente que no puede pagar para vivir en Asheville o en Black Mountain”, explica.

También fue uno de los lugares más dañados. Según datos de FEMA que ella cita, entre 800 y 900 viviendas quedaron dañadas o destruidas solo en el sector censal central de Swannanoa, y en todo el valle fueron más de mil.

Según el estudio de condiciones existentes del condado de Buncombe, cerca del 26% de los hogares del código postal 28778, unos 1,542, tuvieron que dejar su casa en algún momento del año posterior a Helene. Las casas móviles fueron las que más sufrieron. Hubo 358 dañadas o destruidas, y 74 de ellas quedaron completamente destruidas.

“Sabíamos que Swannanoa probablemente iba a quedar en el olvido, aunque había sido el lugar más golpeado de la región en cuanto a pérdida de viviendas”, dice.

Y el daño no terminó con la inundación. Casas que parecían habitables después de la tormenta empiezan a fallar ahora, por cimientos erosionados por el agua, goteras o filtraciones que, con los meses, se convirtieron en moho. Las familias que viven en ellas tienen que irse.

“Algunas se reparan y otras salen de circulación”, señala. Según ella, nadie lleva la cuenta de cuántas se han reparado ni de cuántas se han perdido.

“Incluso aquí, en el oeste de Carolina del Norte, en algunas partes de Asheville las cosas de verdad parecen estar bien, como si hubieran vuelto a la normalidad”, dice Trigg. “Aquí no”.

El futuro de Comunidades Unidas de Swannanoa

La organización alquila a largo plazo tres propiedades que suman cerca de un acre en el centro del pueblo, fuera de las zonas de inundación y de deslizamientos de tierra. Allí, la organización está creando un espacio comunitario permanente.

El primer edificio ya funciona. Desde ahí se gestionan hoy todas las operaciones: una despensa de alimentos, un programa de medicamentos y ayuda con la renta y la terapia, entre otros apoyos. Seguirá siendo el lugar al que la gente acude para recibir atención individual.

Dos gallinas tejidas de apoyo emocional en el centro comunitario de Comunidades Unidas de Swannanoa. La organización ha repartido muchas entre vecinos afectados por el huracán Helene. Swannanoa, Carolina del Norte. Foto: Patricia Serrano / Enlace Latino NC.

El segundo será el edificio principal, con oficinas y un salón para reuniones y clases. “Esperamos estar en ese espacio a principios de 2027”, cuenta.

En el tercer terreno ya hay un pequeño huerto comunitario que crecerá hasta ocupar todo el espacio y tendrá un espacio para clases al aire libre. Muchas personas perdieron sus huertas junto con sus casas. La organización quiere devolverles ese espacio y repartirles plantas para que las siembren en casa.

La idea es que el lugar sirva a la comunidad a largo plazo y que funcione como base de operaciones si llega otro desastre.

Aunque el pueblo sigue en plena recuperación, Trigg también quiere destacar lo positivo. “Quiero que la gente sepa que Swannanoa es un lugar hermoso, lleno de gente muy fuerte e ingeniosa, que nos apoyamos y que vamos a luchar unos por otros y por nuestra comunidad”, dice.

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Patricia Serrano es una periodista bilingüe radicada en Asheville y miembro de Report for America. Cubre temas migratorios, políticos y sociales en el oeste de Carolina del Norte para Enlace Latino NC,...

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