Ocho familias recibieron las llaves de sus casas reconstruidas en el parque de casas móviles Alan Campos de Swannanoa, una de las zonas más golpeadas por el huracán Helene. Beloved Asheville organizó la ceremonia con bendición indígena y música de mariachi ante vecinos, voluntarios y trabajadores.
“Hoy estamos en una celebración grandísima. Estamos regresando ocho casas a familias que fueron afectadas por el huracán… invitamos a la comunidad para que el regreso de una familia sea la celebración de muchas”, dijo a Enlace Latino NC Ponkho Bermejo, de Beloved Asheville.

La comunidad de danza Altepetl Tepeyolotzin abrió el acto con una danza y la bendición de las viviendas. El recorrido inició en la parte alta del parque —donde varios árboles destruyeron casas durante el huracán— y terminó en la parte más baja, cercana al río, donde la devastación se debió a la inundación.
“La mayoría de quienes recibieron llaves son familias latinas, y alrededor del 80% de este vecindario también lo es”, agregó Bermejo.

La jornada cerró con una fiesta comunitaria: hubo comida, torta, música de un grupo de mariachis y una rifa de electrodomésticos organizada por Beloved Asheville.
Swannanoa fue uno de los lugares más devastados por Helene. La crecida histórica del río destruyó viviendas, cobró vidas y dejó a cientos sin hogar. En esta localidad de poco más de ocho mil habitantes, casi el 12 por ciento de la población se identifica como hispana o latina, según el último censo.

La familia de Lorena
Cuando el huracán Helene llegó a Swannanoa, la casa de Lorena llevaba apenas un mes renovada. Habían invertido tiempo y dinero en arreglarla, pero la noche anterior a la tormenta, los bomberos les dijeron que debían evacuar.
“Al principio no creíamos, se miraba por la ventana y el agua no había subido mucho todavía. Como nunca había pasado esto, no esperábamos que subiera tanto”, recordó.

El agua alcanzó tres pies dentro de la casa y lo perdieron todo.
“Fue muy triste. Se perdió todo. Muebles, gabinetes, lavadoras nuevas, todas nuestras cosas”, relató Gaspar.
La familia se mudó con una hermana y compartió vivienda casi un año. “Hoy nos están entregando las llaves simbólicamente, pero ya estaba lista y estamos aquí desde hace dos semanas. Queríamos volver”, dijo Gaspar.
Su hija de 10 años, Alexa, contó que está feliz de volver a su casa, hoy reconstruida. Pero recordó también el momento del huracán: “Me puso muy triste porque mi papá pagó mucho para hacer esta casa. Tenía mucho miedo cuando todo se fue”.

El temor persiste en la hija menor. “La niña de siete años no quería regresar, porque decía: ‘tengo miedo, se va a inundar otra vez’. Entonces empezamos a decirle que todo iba a estar bien. Son sentimientos encontrados: estamos contentos y, por otra parte, tristes todavía porque mucha gente aún no tiene dónde vivir”, agregó Gaspar.
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La familia de Santos
Santos Flores Mejía, de 49 años y originario de El Salvador, vivía en la parte alta del parqueadero Alan Campos. Durante el huracán Helene, tres árboles cayeron sobre su casa y la destruyeron por completo.
“Fue muy horrible porque nunca pensé que iban a caer árboles, pues la inundación era en la parte de abajo. Pero toda la gente de abajo estaba viniendo para acá, porque era más seguro”, relató a Enlace Latino NC.

Ese día, su hermano se encontraba dentro de la vivienda cuando escuchó un estruendo y salió de la habitación segundos antes de que uno de los árboles la aplastara. “Si se hubieran tardado un minuto más, les hubiera caído encima”, recordó Santos.
Desde entonces, él y su familia se alojaron en la casa de una hermana, a pocos minutos del lugar, sin saber cuándo podrían volver. La espera terminó ayer, cuando Santos abrió la puerta de su nueva casa reconstruida. “Es la primera vez que entro, no la había visto por dentro. Está muy bonita”, dijo emocionado.
En la vivienda vivirán su hermano, su padre y sus hijos. “Muy feliz, porque vuelvo a tener la casa”, afirmó.
La familia de Juanita
Para Juanita Chávez, la noche del huracán fue “terrible”. No estaba en su casa: había decidido dejar a sus hijos en casa de su abuela porque temía que la tormenta empeorara, y se fue a trabajar.

“Fue una noche muy fea, de incertidumbre. No había luz, ni teléfono, ni cómo comunicarnos. Ellos no sabían cómo estaba yo, ni yo cómo estaban ellos”, recordó en entrevista con Enlace Latino NC.
Al día siguiente, cuando finalmente pudo regresar, se encontró con la vivienda totalmente inundada. “Los muebles estaban en muy malas condiciones. El piso estaba caído. Estaba lleno de lodo, como un pie de lodo”, dijo. La casa había quedado inhabitable.
Casi un año después, Juanita volvió a recibir las llaves de su hogar, ahora reconstruido. “Se siente más calma, se siente bien. Estamos contentos”, expresó. Allí vivirá con sus cuatro hijos: dos hijas y dos hijos.

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El trabajo de Beloved Asheville
Según la organización, ya reconstruyó 120 viviendas en el oeste del estado, a un ritmo cercano a 10 por mes. Los trabajos se concentraron en comunidades de Swannanoa, Weaverville y Fletcher, además de zonas de Henderson County.
En el parqueadero Alan Campos intervinieron 15 casas: algunas se repararon y otras se reemplazaron por unidades nuevas. La inversión total supera el millón de dólares, con un costo estimado de US$60,000–65,000 por vivienda, informó la entidad.

“Logramos contratar a más de 40 trabajadores, la mayoría latinos, que reconstruyeron casas para otras familias latinas”, señaló Bermejo. La empresa responsable de gran parte de las obras fue Ándale Painting, un contratista latino de la región.



