La pasión por ayudar a los demás ha acompañado a Arlene Jiménez desde niña. Con los años, esa vocación encontró su lugar en la medicina veterinaria, donde dedica sus días a cuidar a sus pacientes de cuatro patas y a las familias que los quieren.
Una de esas familias fue la de una mujer que enfrentaba la despedida de su perro enfermo. El animal había pertenecido a una persona muy importante para ella que ya había fallecido. Perderlo significaba afrontar otra ausencia.
Jiménez acompañó a la mujer durante el tratamiento del perro y, más adelante, cuando llegó el momento de despedirse. Tiempo después, la clienta le regaló un cuadro como agradecimiento. Al recibirlo, la veterinaria se conmovió mucho.
“Lloré al recibirlo”, recordó Jiménez durante una entrevista con Enlace Latino NC.
La puertorriqueña compartió esta experiencia al hablar de una parte de su profesión que considera importante: acompañar no solo a los animales, sino también a sus dueños cuando enfrentan decisiones difíciles.
Hoy recorre Raleigh y comunidades cercanas con Faithful Paws Mobile Veterinary Services, la clínica móvil que abrió en 2025 después de más de 16 años trabajando en consultorios tradicionales.
Su objetivo es acercar la atención veterinaria a quienes tienen dificultades para trasladar a sus mascotas. En su primer año también encontró familias latinas que buscaban un espacio donde pudieran explicar sus preocupaciones y comprender los diagnósticos y tratamientos en español.
“Yo te busco porque hablas español”, le dicen algunos clientes, según relató.

Una consulta con tiempo para escuchar
La clínica de Jiménez opera en un vehículo equipado para atender a perros y gatos. La veterinaria llega a la vivienda del cliente, se estaciona frente a la casa y recibe al animal junto con su dueño.
Jiménez explica que una de las razones por las que eligió este modelo de trabajo fue la posibilidad de dedicar más tiempo a cada familia.
“Yo me tomo el tiempo, no me acelero”, explicó.
Durante años trabajó en clínicas donde debía atender a pacientes en medio de un ritmo constante de citas. Ahora procura organizar las consultas de manera que pueda escuchar las preocupaciones de los dueños, revisar los antecedentes médicos y explicar las opciones disponibles.
Según cuenta, algunos perros y gatos se estresan durante los viajes en automóvil o al llegar a un consultorio con sonidos y olores desconocidos. Con su servicio móvil, el traslado se reduce a unos pocos pasos desde la puerta de su casa.
En ocasiones, ni siquiera es necesario que el animal suba al vehículo.
Jiménez también entra en las viviendas cuando atiende a personas con movilidad reducida o a mascotas con dificultades para desplazarse. Estar en el hogar le permite observar aspectos del entorno que pueden resultar relevantes para una consulta.
Si un gato tiene problemas para utilizar su caja de arena, por ejemplo, puede revisar dónde está ubicada y hablar con la familia sobre posibles cambios.
“Hay veces que también estoy dispuesta a entrar a la casa porque tengo pacientes que no pueden. La movilidad está muy limitada”, explicó.
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El idioma también es parte de la atención
En uno de los costados de la clínica móvil aparece un mensaje: “¡Hablamos Español!”.
Jiménez cuenta que algunas familias latinas la buscan después de haber llevado a sus animales a otros consultorios, donde recibieron explicaciones en inglés que no lograron comprender del todo.
En ocasiones, los dueños no saben con claridad qué enfermedad tiene su mascota, por qué necesita un medicamento determinado o cuáles son los siguientes pasos del tratamiento.
La situación puede generar dudas cuando el animal está enfermo y la familia debe tomar decisiones médicas.
“Cuando les explico todo lo que está sucediendo, se sienten más tranquilos”, dijo.
Jiménez procura explicar los resultados de los exámenes, revisar los tratamientos anteriores y responder las preguntas de cada persona. También conversa sobre las alternativas disponibles cuando una familia no puede costear todas las pruebas recomendadas.
“No estoy aquí para juzgarlos, estoy aquí para informar”, afirmó.
Según explicó, su intención es que los dueños comprendan por qué se propone un tratamiento y que puedan conversar sobre sus posibilidades antes de tomar una decisión.
Ese contacto puede continuar después de la cita, cuando los clientes le escriben para aclarar dudas.
De Puerto Rico a Carolina del Norte
La vocación de Jiménez comenzó mucho antes de que tuviera su propia clínica.
Nació y creció en San Juan, Puerto Rico. Recuerda que desde pequeña decía que quería ser veterinaria y que nunca cambió de opinión.
En su familia, ayudar a otras personas era parte de la vida cotidiana.
Su padre era médico y su madre colaboraba con él. Jiménez recuerda haber visto a familiares, amistades y miembros de su comunidad agradecerles la ayuda que les ofrecían.
Sus padres también la llevaban a realizar trabajo voluntario en hogares de adultos mayores. Desde los siete u ocho años, cuenta, ayudaba a doblar ropa, limpiar o dar de comer a personas que ya no podían hacerlo por sí mismas.
“Desde niña nos inculcaron esa parte de dar y ser voluntarios”, recordó.
Cuando terminó la escuela secundaria, a los 17 años, se trasladó a Iowa para estudiar Ciencias Animales en Iowa State University.
El cambio fue difícil.
Pasó de una isla caribeña a un estado con inviernos intensos, otra cultura y un entorno donde predominaba el inglés.
Jiménez recuerda que llegó con un grupo de estudiantes puertorriqueños. Según su relato, varios no regresaron a Iowa después de las primeras vacaciones de Navidad, pero ella estaba decidida a continuar.
Se graduó de Iowa State en 2004 y luego ingresó a la escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad Estatal de Carolina del Norte (NC State), donde obtuvo su título en 2009.
Tras graduarse, completó un internado de 13 meses en el Coral Springs Animal Hospital, en Florida.
Durante esa etapa consideró especializarse en dermatología veterinaria. Sin embargo, decidió continuar en medicina general porque disfrutaba de atender distintas condiciones y de acompañar a los animales a lo largo de sus vidas.

De sentirse sola a abrir camino para otros latinos
Cuando Jiménez llegó a la escuela veterinaria de NC State, se sorprendió de encontrar tan pocos estudiantes latinos.
Ella había dejado Puerto Rico para cumplir su sueño profesional, pero recuerda haberse sentido sola como estudiante latina de habla hispana.
Decidió acercarse al encargado del reclutamiento de estudiantes de grupos minoritarios para preguntar por qué había tan poca representación de estudiantes latinos.
Según recuerda, le explicaron que la escuela no estaba realizando esfuerzos de reclutamiento en Puerto Rico porque no contaba con personal que hablara español para comunicarse con los estudiantes y traducir los materiales informativos.
Jimenez se ofreció a ayudar.
Aprendió a realizar actividades de reclutamiento, colaboró en la traducción de materiales y comenzó a llevar información sobre la carrera de veterinaria a estudiantes en Puerto Rico.
Quería que otros jóvenes pudieran imaginarse estudiando una profesión que ella misma había tenido que salir de la isla para cursar.
“Si yo pude entrar a veterinaria, tú también”, era el mensaje que buscaba transmitir.
Según contó, algunas de las estudiantes a quienes orientó ingresaron posteriormente a la escuela y continuaron con las actividades de reclutamiento.
En mayo de 2026, Jiménez regresó a NC State para una graduación. Esta vez, el panorama era distinto.
Según su relato, en aquella promoción había más de ocho estudiantes puertorriqueños. Verlos allí fue significativo para ella, pues había comenzado sus estudios sintiéndose prácticamente sola.
“Fue muy lindo”, recordó.
Jiménez contó que algunos estudiantes reconocieron su participación en los esfuerzos de reclutamiento.
“Fue aportar ese granito de arena”, dijo.
Para ella, aquel encuentro fue una oportunidad de ver cómo otros jóvenes puertorriqueños habían llegado a una escuela en la que, años atrás, apenas encontraba estudiantes con quienes compartiera idioma y origen.
Una clínica sobre ruedas y muchos sombreros
Después de más de 16 años en clínicas tradicionales, Jiménez llevaba tiempo pensando en hacer algo diferente.
Recordaba a las personas mayores que llamaban buscando ayuda para sus mascotas y que no podían llegar hasta un consultorio. Quería acercarse a ellas, aunque durante años no supo cómo hacerlo.
En 2025 decidió dejar su empleo y abrir Faithful Paws Mobile Veterinary Services.
El cambio también significó asumir tareas que antes compartía con otros empleados.
En una clínica tradicional contaba con recepcionistas, asistentes y personal encargado de organizar expedientes, llamadas y procedimientos. Ahora debe asumir prácticamente todas esas responsabilidades.
“Soy recepcionista, soy enfermera, soy la que hace las órdenes”, dijo entre risas.
Al principio, organizar las citas, responder mensajes, atender pacientes y mantener al día los expedientes médicos resultó complicado.
Todavía no cuenta con recursos para contratar asistentes. Sin embargo, dice que el crecimiento gradual del negocio le ha permitido aprender a distribuir mejor su tiempo.
Su clínica ofrece atención preventiva, vacunas, exámenes de laboratorio, implantación de microchips, consultas por enfermedades no urgentes y atención de problemas dermatológicos, entre otros servicios.
No realiza cirugías ni estudios de diagnóstico por imágenes que requieren equipos especializados. Tampoco atiende emergencias. Cuando un animal necesita esos procedimientos, lo refiere a otros centros veterinarios.
Jiménez reconoce que administrar el negocio por su cuenta representa un reto, aunque valora la posibilidad de mantener contacto directo con las familias que atiende.

Acompañar cuando ya no es posible curar
Entre las experiencias que Jiménez recuerda de su primer año con la clínica móvil, se encuentran las visitas a familias cuyos animales se acercan al final de su vida.
La veterinaria ofrece evaluaciones de calidad de vida y orientación cuando una enfermedad ha avanzado hasta un punto en que el tratamiento ya no puede aliviar suficientemente el sufrimiento.
En esas circunstancias, explica que su responsabilidad también consiste en ayudar a los dueños a comprender las opciones y tomar decisiones difíciles.
Cuando realiza una eutanasia, puede hacerlo en la vivienda o en el vehículo. La familia puede acompañar al animal y tomarse el tiempo que necesita.
La veterinaria recuerda despedidas en las que han participado varios miembros de una misma familia, incluidos abuelos, tíos y hermanos. Según explicó, reunir a tantas personas para acompañar a una mascota suele ser más difícil en un consultorio veterinario. Al realizar el procedimiento en el hogar, la familia puede estar presente y despedirse en un entorno conocido.
La veterinaria reconoce que las despedidas también la afectan. A lo largo de su carrera ha atendido animales desde que eran cachorros hasta sus últimos días, y ha llegado a conocer de cerca a sus dueños.
“Por dentro me jamaquea. Me da tristeza”, confesó.
Al cumplir su primer año con la clínica móvil, Jiménez espera llegar a más familias, especialmente a las de la comunidad latina de Raleigh y sus alrededores.
“Me encantaría seguir creciendo en la comunidad latina. Me encantaría poder llegar a más personas”, concluyó.

