Lo que comenzó como un trabajo agrícola para Erasmo Flores, oriundo de Veracruz, México, se convirtió en una historia de crecimiento en Harland’s Creek Farm, una granja orgánica en Pittsboro, Carolina del Norte, con una producción diversa y un modelo sostenible.
Flores llegó a la granja en 2005 como trabajador agrícola a medio tiempo. Después de años aprendiendo en el campo, manejando cultivos y la comercialización, se convirtió en socio en 2016. Ese cambio marcó el inicio de una nueva etapa en la operación agrícola.
Desde entonces, la granja ha ampliado su producción y su alcance comunitario, consolidándose como una operación agrícola en crecimiento dentro del sistema local de agricultura orgánica.
“Hemos continuado con los sembradíos, los cultivos de diferentes variedades de productos orgánicos bastante aceptables dentro de la comunidad y, pues, durante el último año nos ha ido bastante bien”, dijo Flores a Enlace Latino NC.
“Ha habido buenos resultados; entonces, para este año que está corriendo, hemos incrementado el volumen de siembra porque ha habido mucha demanda de nuestros productos orgánicos”, agregó.
De la tierra al mercado
Harland’s Creek Farm opera como una granja orgánica certificada. Flores explicó que la producción incluye vegetales, hierbas, frutas, huevos y flores.
“Tenemos betabeles, lechugas, repollos, rábanos blancos, arúgula, cebollas y diferentes tipos de productos verdes que la gente consume mucho”, dijo Flores.

El trabajo en la granja, para Flores, requiere tiempo, paciencia y largas jornadas. Desde la siembra hasta la cosecha, el proceso puede durar de semanas a varios meses, según el cultivo.
“Muchos desconocen el proceso y la paciencia que requiere sembrar una semilla, verla germinar, crecer y luego comenzar la cosecha”, contó Flores.
“Hay productos de rápido cultivo, como el rábano, que tardan entre 25 y 30 días, pero otros, como la cebolla o la zanahoria, tardan entre 80 y 100 días. Es un trabajo de 12 o 13 horas diarias, pero es satisfactorio por la aceptación en el mercado”, señaló.
Estas largas jornadas, especialmente durante las temporadas de calor intenso, pueden ser mortales.
Sin embargo, cuando la temperatura supera los 95 grados, Flores mencionó que el Departamento de Agricultura dispone de reglamentos para ajustar los horarios de trabajo.
“Empezamos de 6:00 a.m. a 12:00 p.m. y hacemos un ‘stop’ hasta las 4:00 p.m., cuando baja el calor. Ya terminamos unas dos o tres horas más, pero si descansamos durante el tiempo más caluroso del día”, explicó Flores.
Una vez listos, los productos siguen un sistema de venta directa. La granja lleva sus alimentos al mercado de agricultores de Durham los miércoles y los sábados.
Flores destacó el trabajo constante necesario para que los productos lleguen frescos a los clientes.
“Definitivamente hemos incrementado la producción debido a la demanda que tenemos. Estamos yendo a Durham dos veces por semana: los miércoles, cuando el mercado abre de 3:00 a 6:00 p.m., y los sábados de 8:00 a.m. a 12:00 p.m. en Durham Central Park”, menciona Flores.
Expansión laboral con visa H-2A
Flores señaló que esta cosecha marca un nuevo paso para la granja. Por primera vez, Harland’s Creek Farm solicitó y obtuvo la aprobación para contratar a un trabajador bajo la visa H-2A.
“Estamos a la espera de un empleado temporal que viene contratado con visa de trabajo temporal; entonces, esperemos que el 10 de mayo ya lo tengamos con nosotros”, explicó Flores.
La granja ha operado históricamente como un negocio familiar. Su esposa, Yoli Nill, junto con su hermano, Leobardo Flores García, y su sobrino, Francisco Flores, participan en el trabajo semanal de la producción agrícola.

Flores, sin embargo, afirmó que la incorporación de un trabajador H-2A implica una expansión de la operación. Debido a la creciente demanda de sus productos, debe responder a esta demanda y procurar mantener la estabilidad de su producción.
“Estamos tratando o queremos crecer ya la plantilla de de empleados también para tener más producción, porque hay mucha demanda”, dijo.
Hoy, Harland’s Creek Farm no solo representa un proyecto agrícola familiar, sino también una operación en expansión que ha logrado combinar producción, sostenibilidad y educación comunitaria bajo la visión de Flores y su familia.
“Trabajar en la agricultura me permite estar con mi familia y ver la satisfacción de los clientes cuando disfrutan de nuestros productos. Eso trae crecimiento en muchos sentidos y me hace sentir muy contento con lo que hago”, comentó Flores.



