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Carolina del Norte: Miles de tepesianos desarrollan trabajos “esenciales”durante la pandemia
Un gran número de salvadoreños y hondureños son trabajadores esenciales en medio de la crisis por el coronavirus

15 abr., 2020

Maria Galindo, es el rostro de miles de tepesianos en Carolina del Norte que hacen parte de la fuerza laboral "escencial" en la pandemia del coronavirus/E.L.

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    -Unas 3.900 personas amparadas con el beneficio el TPS en Carolina del Norte y al menos 130 mil en todo el país, realizan sus trabajos esenciales con el riesgo de contagiarse del COVID-19
    -El titular promedio de TPS de El Salvador, Honduras y Haití ha vivido en Estados Unidos durante 22 años
    -Un eventual fallo judicial podría dejarles sin trabajo y deportarlos a sus países de origen

CAROLINA DEL NORTE, Mecklenburg- Cada mañana, muy temprano se levanta María Galindo, salvadoreña de 46 años de edad, quien a las 6.30 a.m. inicia sus funciones en una escuela pública de esta localidad. Y, durante su jornada laboral que concluye a las 3:00 p.m., pone todo su empeño en dar lo mejor de sí en beneficio de quienes le rodean.

Hoy en día, en medio de la pandemia, cuando las autoridades insisten en quedarse en casa, muchos -como María- no pueden darse ese lujo. Su trabajo en labores de limpieza, es considerado como “esencial” y  le exige decir presente cada día y colaborar en todo aquello en lo que se le requiera. 

Como ella, muchos salvadoreños, hondureños e incluso haitianos constituyen un buen porcentaje de la fuerza laboral que en Carolina del Norte responde ante la crisis actual. Ellos pertenecen al grupo de personas con el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) que -paradójicamente- viven en constante preocupación de ser deportados.

Entre ilusiones y retos

Fue a finales del siglo anterior, cuando Galindo optó por abandonar su natal El Salvador para emprender su sueño americano. Como la mayoría de inmigrantes, lo hizo cargada de sentimientos encontrados, entre esperanza y temor, pero además con el dolor de dejar en tierras centroamericanas a su hija de apenas dos años: “Fue muy difícil, es una decisión muy fuerte y uno escuchaba sobre los riesgos de venir. Fue duro porque mi hija estaba muy pequeña. Tuve que dejarla con mis papás y venirme sola a donde un hermano que estaba acá”.

En aquel entonces, Galindo se desplazó directamente al condado de Mecklenburg. En la localidad, ha trabajado lavando platos en un restaurante italiano, en varios hoteles y -en la actualidad- en el área de limpieza de un centro educativo. Mientras ahorraba y forjaba sus sueños, paralelamente extrañaba a su hija Ericka, con quien finalmente se reencontró en 2018: “Hace dos años, apliqué por una oportunidad que se nos dio a quienes tenemos TPS de traer familiares y la traje”.

Durante tantos años, el contacto con su hija debió limitarse a llamadas telefónicas, por lo que cuando por fin pudo volver a tenerle frente a frente, abrazarla y llenarla de besos, las emociones surgieron: “Casi me muero de la emoción, fue un momento que todavía lo siento, imagínese que fueron casi 20 años de extrañarla”.  

Esta salvadoreña comenta que su hija se adaptó con facilidad a su nueva vida en el norte del continente. Se acopló pronto además a sus dos hermanos, Isaías y Emily, quienes nacieron en Estados Unidos, producto del matrimonio entre su madre y el también salvadoreño Miguel Zelaya.

Valiente en medio de la crisis

Previo al Covid-19, el peso económico de la familia de Galindo lo asumían en conjunto ella y su esposo Miguel, quien debido a la actual situación perdió momentáneamente su trabajo ya que se dedicaba a cortar árboles, entre otras labores.

Debido a ello, a esta centroamericana le tocó afrontar la crisis pero lo hace decidida y llena de optimismo: “Estamos en shock por esta situación pero tomando las precauciones. Gracias a Dios, tengo mi trabajo. Mi casa se ubica detrás del parqueo de la escuela, entonces no tengo que moverme mucho”.

Ella entiende que su función es trascendental en medio de la pandemia: “Es muy importante porque la escuela es uno de los centros que provee alimentos a la comunidad en medio del virus y tenemos que estar aquí para eso”.

No obstante, esta trabajadora es consciente que salir de su casa e interactuar con muchas personas en su lugar de trabajo le expone al contagio del Covid-19, por lo que eventualmente incluso pondría en riesgo a sus familiares: “En parte sí da temor pero todas las personas que estamos trabajando nos responsabilizamos de protegernos entre todos”.

La sombra de la deportación

Con una vida hecha en Carolina del Norte, dos hijos nacidos aquí, y muchos sueños por cumplir, hay una preocupación que nunca abandona a Galindo y es que un eventual fallo judicial podría causar la deportación de las personas con TPS: “Eso siempre lo tengo en mente pues no sabemos si en cualquier momento puedan deportarnos pero todo lo dejamos en manos de Dios”.

Ella nos comenta que existen comisiones organizadas de latinos en este mismo estatus que se reúnen con frecuencia para analizar su situación, que cuentan con el apoyo de muchas personas e incluso de iglesias.

La lucha está dirigida en el sentido que los políticos escuchen sus necesidades, recordando que con el trabajo de cada uno de ellos le suman mucho al país.

3.900 casos de TPS en el estado

Tal como el caso de María Galindo, 3,900 tepesianos ayudan al estado en trabajos “esenciales” mientras se afronta la pandemia del Covid-19, según un reporte revelado el 14 de abril por Center for American Progress, entidad que analizó las cifras del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS, por sus siglas en inglés).

Se estima que alrededor de 131.300 personas con TPS en Estados Unidos, provenientes de El Salvador, Honduras y Haití, brindan su colaboración en trabajos esenciales, sin la opción de refugiarse en su hogar e incrementando para ellos el riesgo de contagio.

Pese a esa faena, ellos estarían sin permiso de trabajo y hasta serían deportados si los esfuerzos del presidente Donald Trump para terminar con las designaciones de TPS de sus países no hubieran sido suspendidos por tribunales federales de todo el país. Este grupo de latinos trabaja cada día a sabiendas que, en cualquier momento, la situación migratoria podría darles la espalda.

Incluso, el DHS declaró que estos “trabajadores esenciales son necesarios para mantener los servicios y las funciones de los que dependen los estadounidenses a diario y que deben poder operar de manera resistente durante la respuesta a la pandemia”. 

Las pautas del DHS han sido adoptadas en su totalidad o en parte por muchos gobernadores de Estados Unidos, quienes han identificado reglas especiales para los “trabajadores esenciales” como parte de sus órdenes generales de quedarse en casa.

Cuidado de la salud

Esta industria experimenta una tensión que no tiene precedentes y se proyecta que el problema se agrave en cuanto surjan nuevo epicentros del virus en todo el país.

Sus trabajadores corren más riesgos por la exposición en sus labores. Se estima que unos 11.600 trabajadores de este sector en todo el país tienen TPS, entre ellos:

●8.100 asistentes de cuidado de la salud y el cuidado personal en el hogar, asistentes de enfermería, asistentes y asistentes psiquiátricos
●1.900 tecnólogos y técnicos de salud
●1.300 otras ocupaciones de asistencia médica

Comida
En Estados Unidos, las decenas de miles de personas con TPS que trabajan en la industria de la alimentación sintieron el impacto del Covid-19. Ellos se dividen de la siguiente manera:

●3.900 trabajan en la agricultura
●11.700 en la fabricación de alimentos
●4.700 en el comercio mayorista relacionado con alimentos
●11.600 trabajan en el almacenamiento, transporte y entrega de alimentos.
●8.400 trabajan en supermercados
●28.800 trabajan en restaurantes o establecimientos de servicio de alimentos

Otras labores

Los titulares de TPS conforman una parte clave de la fuerza laboral que sostiene a Estados Unidos durante la etapa actual. Otro ejemplo son:

●Casi 7 mil personas que trabajan en servicios de transporte
●4.100 en reparación y mantenimiento automotriz
●12.700 laboran en plantas de fabricación
●3.300 en servicios administrativos y de gestión de residuos 

Todos ellos comparten objetivos: Asegurar que la cadena de suministro evite interrupciones, se mantenga la recolección de basura y se supervisen los sistemas de seguridad del país.

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Sobre el autor:

Gustavo Castro

Periodista costarricense con 25 años de trayectoria profesional, tanto en su país como en Estados Unidos. Colabora con Enlace Latino NC.

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