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La estrategia 50/30/20 es un punto de partida, no una regla. Los porcentajes pueden adaptarse a la realidad y las metas financieras de cada familia/IA

Mi hija Sara entró a la cocina con una rebanada de pizza en la mano.

“Mami, ¡mira! ¡Está perfecta!”

Estaba fascinada con lo parejitas que habían quedado las porciones. Yo miré la pizza y vi algo completamente diferente.

Un presupuesto.

“¿Ves esta pizza?”, le dije. “Imagina que representa todo el dinero que recibes en un mes. Cada porción tiene un propósito.”

Me miró como si estuviera arruinando una pizza perfectamente buena con otra de mis lecciones financieras.

Pero seguí.

Porque hacer un presupuesto se parece mucho a dividir una pizza. Tienes una cantidad limitada y decides cómo repartirla de acuerdo con lo que más importa para ti.

Es algo que me hubiera gustado que muchos aprendiéramos desde más jóvenes.

Para muchas familias latinas, la palabra presupuesto puede sonar a restricción: No puedo. No debo. No alcanza.

Pero un presupuesto no es un castigo. Es simplemente decidir qué quieres que haga tu dinero antes de gastarlo.

Empieza con una estrategia sencilla

Un punto de partida muy conocido es la estrategia 50/30/20:

50% para necesidades: vivienda, alimentos, transporte, servicios básicos y otros gastos esenciales.

30% para deseos: comer fuera de casa, entretenimiento, compras, pasatiempos y esas cosas que también nos permiten disfrutar la vida.

20% para ahorrar e invertir: tu fondo de emergencia, jubilación, inversiones y otras metas financieras.

“¿Esa es una regla?”, preguntó Sara.

“No, mi vida. Es una estrategia.”

Y esa diferencia es importante.

Tus porcentajes pueden ser completamente distintos. Una familia que necesita el 70% de sus ingresos para cubrir sus gastos básicos no puede hacer que la vivienda y la comida mágicamente ocupen solo el 50%.

El objetivo de esta estrategia no es hacerte sentir que estás haciendo algo mal. Es ayudarte a ver a dónde va tu dinero y comenzar a tomar decisiones con intención.

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¿Y si casi todo se va en necesidades?

Esta es la realidad de muchas familias latinas en Carolina del Norte.

Si tus necesidades consumen el 80% o 90% de tus ingresos, hay dos partes que puedes revisar: tus gastos y tus ingresos.

Primero mira los gastos más grandes. ¿Existe alguna posibilidad realista de reducir lo que pagas por vivienda, transporte, suscripciones o alimentación?

Pero no gastes toda tu energía tratando de ahorrar unos pocos dólares mientras ignoras la otra parte de la ecuación.

Hay un límite de cuánto puedes reducir tus gastos. Sin embargo, aumentar tus ingresos también puede darte más espacio en tu presupuesto. 

Eso podría significar prepararte para pedir un aumento, buscar un trabajo mejor pagado, trabajar algunas horas adicionales, dar tutorías, cuidar mascotas, limpiar casas, hacer traducciones, trabajar por tu cuenta o convertir alguna habilidad que ya tienes en un pequeño negocio.

No necesitas ganar miles de dólares adicionales de un día para otro.

Incluso $100 o $200 más al mes pueden ayudarte a comenzar un fondo de emergencia, empezar a invertir o simplemente tener un poco más de tranquilidad.

Ahorra algo, aunque todavía no puedas llegar al 20%

Siempre les digo a las familias que no se desanimen por los porcentajes.

Si ahorrar el 20% no es posible en este momento, ¿podrías comenzar con el 5%? ¿O quizás con $20 de cada pago que recibes?

La cantidad importa, pero también importa desarrollar el hábito.

Por ejemplo, un fondo de emergencia generalmente debería mantenerse en un lugar seguro y de fácil acceso. Una opción puede ser una cuenta de ahorros que pague buenos intereses, conocida en Estados Unidos como high-yield savings account. Cuando ya tengas un poco más de estabilidad financiera, puedes comenzar a aprender sobre otras metas a largo plazo, como la jubilación y las inversiones.

Los pequeños pasos cuentan.

Y recuerda para qué estás ahorrando. Tal vez sea para el pago inicial de tu primera casa, comprar un auto, comenzar un negocio, pagar la educación de tus hijos o tener una jubilación más tranquila. Cuando ahorrar se vuelva difícil, vuelve a esas metas financieras. Recordar lo que estás construyendo con tu dinero puede darte la motivación para continuar.

Gasta en lo que realmente importa para ti

El autor Ramit Sethi utiliza el término Conscious Spending Plan, o plan de gastos conscientes, un enfoque que me gusta porque ayuda a dejar atrás la culpa.

No tienes que eliminar cada café, cada cena con amigos o cada salida familiar para ser responsable con tu dinero.

En cambio, pregúntate:

¿Qué es lo que realmente valoro?

Gasta con intención en esas cosas.

Después, identifica aquellos gastos que no aportan mucho a tu vida y redúcelos sin culpa.

Esa es una relación mucho más saludable con el dinero que repetirte constantemente: No puedo gastar nada.

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Dale un propósito a cada porción

Cuando organizo el presupuesto de mi propia familia, separo el dinero en categorías para necesidades, deseos y metas futuras. Muchos bancos permiten crear diferentes categorías o “apartados” de ahorro y programar transferencias automáticas cada vez que recibes tu pago.

La aplicación o el banco que utilices es menos importante que tener un sistema.

Lo importante es que, cuando el dinero llegue, tú ya sepas qué quieres que haga por ti.

Volví a mirar la pizza de Sara.

“Cuando tu dinero tiene un plan”, le dije, “tú decides qué necesitas hoy, qué quieres disfrutar y qué quieres guardar para construir tus metas. Y tener esas opciones es tener poder, mi amor.”

Ella asintió.

Y después se comió la pizza.

Quizás entendió la lección. Quizás simplemente tenía hambre.

De cualquier manera, la enseñanza sigue siendo la misma:

Un presupuesto no es una prisión. No se trata de dejar de disfrutar tu dinero, sino de decidir con intención qué quieres que haga por ti, hoy y en el futuro.

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La Dra. Angélica Sánchez tiene un PhD en Economía Aplicada y es educadora y cofundadora de EQ-Lab Foundation, una organización sin fines de lucro de Carolina del Norte enfocada en investigación comunitaria...

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