Angélica Ramírez ha vivido solo en dos casas en toda su vida.
La primera, en Detroit, donde nació y creció hasta los 18 años. La segunda, en Spruce Pine, al fondo de un camino que solo se podía recorrer en 4×4, en una hondonada entre dos montañas que los locales llaman holler.
En esa casa vivió 23 años. Allí crió a su hija y compartió tiempo con sus padres, inmigrantes mexicanos.
Y también allí, una tarde, conoció a quien hoy es su esposo: Christopher Smith había llegado a cambiar los pisos cuando ella no estaba. Cuando Angélica llegó, él estaba a punto de irse. “Fue amor a primera vista”, dicen.

En esa misma casa vivieron uno de los días más aterradores de sus vidas. El huracán Helene impactó el oeste de Carolina del Norte el 27 de septiembre de 2024. Y Spruce Pine fue una de las zonas más afectadas.
“Cuando escuchábamos los árboles quebrarse y caer, sabía que lo mejor era mirar por la ventana, asegurarnos de que nada nos cayera encima, y quedarnos donde estábamos”, cuenta Christopher Smith a Enlace Latino NC.
Y en el fondo de la casa, el pequeño arroyo comenzó a subir rápidamente. Esa mañana alcanzó el patio y, pronto, también el interior de la vivienda: el agua llegó a cuatro pies adentro de la casa.
Enseguida se quedaron sin luz: “Así fue como supe que estábamos en problemas: cuando vi los cables eléctricos caídos”. Intenté reportarlos, pero no había nadie a quien llamar.”
La historia del día del huracán terminó bien para ellos. Habían sobrevivido. Pero lo que siguió fue muy difícil: durante semanas estuvieron sin luz ni agua, tratando de ver cómo ir poniendo las cosas en su lugar.
Christopher, que es contratista, intentó por todos los medios posibles arreglar la casa. Pero cada reparación revelaba otro problema. El moho se había infiltrado en las paredes. El subsuelo de la casa estaba completamente húmedo. El pozo de agua quedó contaminado.
Estuvieron tres semanas viviendo allí. Hasta que un inspector de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) terminó de confirmarlo: la vivienda no tenía arreglo.
Tiempo después, un trabajador social de desastres de Carolina del Norte les habló por primera vez sobre Renew NC, el programa estatal creado para reconstruir viviendas destruidas por Helene en el oeste del estado.
Y más de un año y medio del huracán, están a punto de recibir las llaves de una casa nueva.

El sueño de volver a una casa propia
La aplicación al programa la hicieron en junio de 2025. Días después, cuando Renew NC los contactó, Angélica desconfió. Estaba acostumbrada a que los programas, organizaciones y fundaciones de ayuda tardaran semanas en responder.
“Los primeros seis meses fueron muy desalentadores. Era mucho apresurarse para luego esperar, y muchas promesas que no se cumplían”, recuerda.
Pero esta vez parecía real. “No fue difícil aplicar. Pedían prueba de que eras dueño de la propiedad, de que no tenías seguro o que, si lo tenías, ya lo habías usado para reparaciones y no alcanzó, y de que vivías ahí en septiembre de 2024. Era lo mismo que nos pedían todos los demás programas”, dice Angélica.
En octubre de 2025 les llegó la aprobación: habían sido seleccionados para
el programa Renew NC Single-Family Housing (ReNew NC).
El programa, creado por el estado de Carolina del Norte tras el huracán Helene, está dirigido a familias de ingresos bajos y moderados cuyos hogares fueron destruidos o dañados por la tormenta.
Al día de hoy, de las 3,809 aplicaciones activas, solo 38 se encuentran en etapa de construcción. La casa de Angélica y Christopher es una de ellas.
La vida en el camper
Cuando FEMA declaró la casa inhabitable, la familia recibió una camper que pudieron instalar en el mismo terreno. Para Angélica y Christopher quedarse allí era importante: de alguna forma todavía se sentían en casa y, sobre todo, podían estar junto a sus mascotas.
En ese momento tenían dos perros — Luke y Bella — y dos gatos: Paul y Lieutenant. Había un tercer gato, Champagne, que no sobrevivió al período posterior al huracán. “Un oso mató a uno de nuestros gatos. Los pobres animales estaban buscando una comida fácil”, recuerda Angélica.
Antes de recibir la casa rodante, la familia se quedó tres semanas en la casa. “Probablemente no deberíamos haberlo hecho”, recuerda Angélica. En esos primeros días los accesos estaban todavía bloqueados, no había luz, ni recolección de residuos y en su terreno todavía sucedían deslizamientos de tierra.

La construcción del nuevo hogar
Vivieron un año en la camper en el mismo terreno de su casa destruida hasta que, en noviembre de 2025, finalmente comenzó el proceso de construcción bajo Renew NC. Y el primer paso fue la demolición del antiguo hogar.
Con la obra en curso, debieron buscar otro lugar donde vivir. Y enfrentaron un problema que no habían anticipado: encontrar un sitio en las montañas dispuesto a recibirlos en invierno con su camper. La mayoría de los campgrounds cierran cuando llega el frío.
“Encontramos una propiedad privada, un amigo de un amigo, donde pudimos estacionar la camper e intentar prepararla para el invierno, porque no están diseñadas para vivir en ellas en invierno en las montañas”, recuerda Angélica.
Pero había una condición: no podían tener tantas mascotas. Y esa fue, para ellos, una de las decisiones más difíciles: tuvieron que entregar a Bella, y a los dos gatos a un refugio de animales. Los tres fueron adoptados por nuevas familias.
“Nos partió el corazón. Nos dolió muchísimo. Pero todavía tenemos a Luke”, dice Christopher.
Los últimos tres meses han vivido en un Airbnb — un galpón convertido, con baño de compost — que el propio contratista les consiguió para que pudieran quedarse allí junto a su perro Luke, el único que pudieron conservar tras el huracán.
Allí esperan que finalice la construcción de la nueva casa para mudarse y retomar la vida suspendida 18 meses atrás.

Plegaria atendida
La casa que está construyendo Renew NC no se parece en nada a la que perdieron. El programa les permitió elegir entre tres modelos y también los colores. Eligieron azul para la casa. La puerta es azul medianoche, el color favorito de Angélica. Las paredes, azul claro. Las molduras, blancas. Adentro eligieron mesadas negras y paredes gris claro.
El programa también incluye varios electrodomésticos: heladera, cocina, microondas y lavavajillas. Y algo que en 23 años nunca habían tenido: un pozo propio. Antes compartían uno comunitario con los vecinos.
El contratista, Galveston Poly Industry, de Texas, está en contacto permanente con ellos, respondiendo cualquier duda o preocupación. “Nos hacen sentir como si fuéramos su cliente número uno”, dice Christopher.
Según los papeles que recibieron del programa, la casa nueva tiene un valor de $325,000. También pensaron en el padre de Angélica (de 75 años, con bastón) que vive con ellos, pero ahora se encuentra en México mientras se termina la construcción. La casa tendrá una ducha accesible para cuando pueda volver.
“La verdad es que es una respuesta a una oración que ni me atreví a hacer”, dice Angélica.
Ahora solo resta que les entreguen las llaves de su nueva casa. Y se conviertan así en una de las primeras familias del programa en mudarse nuevamente a su propio espacio, 18 meses después del huracán. “Cuando tengamos las llaves”, dice Christopher, “vamos a poder hacer de esa casa nuestro hogar.”

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Renew NC: qué es el programa y cómo funciona
El Programa de Vivienda Unifamiliar de Renew NC fue creado por el estado de Carolina del Norte para atender a familias de ingresos bajos y moderados cuyos hogares fueron destruidos o dañados por el huracán Helene.
El programa cubre 28 condados del oeste del estado y ofrece rehabilitación, reconstrucción, reemplazo o reembolso de viviendas. Prioriza hogares con adultos mayores de 62 años, niños menores de 18 años o miembros con alguna discapacidad.

Desde su apertura, el programa ha recibido 7.924 solicitudes. De ellas, 3,809 están activas. Solo 38 se encuentran actualmente en etapa de construcción. El plazo para aplicar cerró el 31 de enero de 2026.
Enlace Latino NC solicitó al programa un desglose de las aplicaciones por origen étnico. De las 7,924 aplicaciones recibidas, 231 fueron presentadas por personas que se identificaron como hispanas o latinas, frente a 4,469 de personas no hispanas o no latinas. Un total de 683 prefirieron no responder y 2,541 dejaron la pregunta en blanco.
El propio programa advierte que estos números deben interpretarse con cautela. Entre las razones por las que los solicitantes podrían haber optado por no identificarse se encuentran el miedo a compartir información personal en el actual clima migratorio, el desconocimiento de que la pregunta era opcional o la desconfianza en el uso de dicha información.



