Con la llegada del verano, miles de personas en Carolina del Norte se preparan para disfrutar del agua. Pero esta temporada, los ríos del oeste del estado no están como antes.
El huracán Helene, que azotó la región el 27 de septiembre de 2024, provocó desbordes, daños en caminos, caída de árboles y acumulación de escombros.
Nueve meses después, expertos advierten que aún persisten riesgos en varios tramos de los ríos más visitados en el Oeste de Carolina del Norte.
“Todavía hay basura bajo la arena que puede representar un riesgo para quienes navegan o se meten al agua sin protección”, advirtió a Enlace Latino NC Anna Alsobrook, French Broad Riverkeeper.
Alsobrook forma parte del equipo de MountainTrue, organización ambiental con sede en Asheville. Alsobrook y otros Riverkeepers —personas encargadas de monitorear la salud de los ríos en cada cuenca— recorren las zonas afectadas desde el paso de la tormenta.
Según dijeron a este medio, hay lugares donde el fondo del río cambió por completo, donde se acumularon ramas y troncos, y donde los accesos habituales están cerrados o deteriorados.
“Es importante usar zapatos cerrados en todo momento”, insistió Erica Shanks, Green Riverkeeper. “Hay ramas sueltas, rocas inestables y basura enterrada. No se ve, pero está ahí”, informó a Enlace Latino NC.
Por su parte, el informe más reciente de Kevin Colburn, director de conservación de American Whitewater, advierte que el impacto de Helene fue especialmente fuerte en los ríos Green, Pigeon y French Broad.
También alertó sobre maquinaria trabajando dentro de los ríos del Oeste de Carolina del Norte y sobre los efectos secundarios de las obras de reconstrucción en la Interestatal 40, que incluyen desvíos, acumulación de piedras y cambios en el cauce.
¿Qué riesgos persisten en los ríos del oeste?
Los cambios provocados por el huracán Helene no solo afectaron caminos y estructuras, también modificaron las condiciones internas de muchos ríos. Algunas orillas colapsaron, se acumularon escombros en el fondo, y todavía hay árboles caídos o ramas sueltas que pueden ser arrastradas por la corriente.
Además se registraron filtraciones de sistemas sépticos dañados, que todavía pueden estar afectando la calidad del agua.
“Hay objetos bajo el agua que pueden cortar, golpear o hacer tropezar a una persona”, explicó Alsobrook. “A veces, incluso en los lugares que parecen seguros, el fondo del río ya no es el mismo”.
Desde el equipo de MountainTrue también recordaron que en varios puntos continúa la actividad de maquinaria pesada por parte de agencias estatales o compañías eléctricas, lo que puede generar situaciones inesperadas.
Sin embargo, lejos de desalentar a la comunidad, los Riverkeepers invitan a seguir visitando los ríos del Oeste de Carolina del Norte.
“Queremos que la gente vaya al río, pero que lo haga con precaución, con zapatos cerrados, y sabiendo qué esperar”, dijo Erica Shanks. “Es una manera de estar seguros y de seguir disfrutando estos espacios, que también son parte de nuestra vida cotidiana”.
Andy Hill, Watauga Riverkeeper, coincidió: “Queremos que las personas conozcan estos cambios para que puedan disfrutar el río sin riesgos. Por eso es tan importante informarse antes de ir”.

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¿Qué tener en cuenta este verano antes de ir al río?
Aunque muchas zonas están abiertas, los expertos recomiendan no confiarse. No todos los peligros son visibles. En tramos tranquilos puede haber fragmentos de vidrio, metal, madera o incluso basura que quedó enterrada bajo el agua. También hay caminos cerrados, entradas bloqueadas y condiciones nuevas en los márgenes del río.
Además, este verano hay menos sombra que en años anteriores. “En el río Green, muchas áreas que antes estaban cubiertas ahora están completamente expuestas al sol”, explicó Shanks. El huracán y las obras de limpieza dejaron áreas desnudas donde antes había árboles, bosque y vegetación densa.
Por eso, los Riverkeepers sugieren llevar:
- Zapatos cerrados
- Chaleco salvavidas
- Protector solar
- Agua potable y snacks
- Sombrero o ropa ligera
- Teléfono cargado y aviso previo a un familiar de la ubicación que se visitará
En cuanto a la calidad del agua, Alsobrook advirtió que algunas plantas de tratamiento y sistemas sépticos siguen sin estar completamente reparados. “Recomendamos consultar swimguide.org o frenchbroadwaterquality.com antes de entrar al agua”, dijo.
Cambios en los principales ríos del oeste
Río French Broad
Condados de Madison, Buncombe, Henderson y Transylvania
La sección 9 del French Broad es uno de los recorridos más populares para quienes hacen rafting o simplemente buscan refrescarse.
Aunque las rápidas no cambiaron demasiado, el entorno sí: “La remoción de montañas de basura sigue en proceso”, escribió Kevin Colburn. También mencionó que el acceso a lugares como Stackhouse, Barnard y Hot Springs fue reabierto recién en marzo, tras meses de trabajo del Servicio Forestal, MountainTrue y operadores locales.
Por su parte, Alsobrook advirtió sobre riesgos invisibles: “En algunos tramos hay maquinaria pesada trabajando cerca del río, y puede haber filtraciones por sistemas sépticos dañados”.
Río Green
Condados de Polk y Henderson
El Green fue uno de los ríos del Oeste de Carolina del Norte más afectados por el huracán. “Las rápidas del Narrows fueron alteradas, y casi toda la garganta también se quemó en un incendio forestal”, señaló Colburn.
Además, el tramo bajo del río (que es donde las familias hacen tubing o pueden refrescarse) está siendo intervenido por el Army Corps of Engineers, que trabaja con excavadoras y camiones en la limpieza de árboles caídos.
Erica Shanks explicó que el acceso habitual está cerrado. “El ingreso debe hacerse desde abajo, por Holbert Cove Road, Silver Creek Road y Green River Cove Road”. También advirtió sobre los restos bajo el agua: “No siempre se ven, pero están ahí. Hay basura bajo la arena y rocas flojas. Es importante que la gente se proteja”.
Río Pigeon
Condado de Haywood
El huracán dañó tanto la planta hidroeléctrica como los accesos. Según el informe de American Whitewater, la central volvió a estar operativa el 1 de abril, pero el primer tramo del recorrido recreativo “fue dañado por la tormenta y por excavaciones necesarias para proteger la planta”.
Duke Energy habilitó un punto de entrada temporal, mientras se repara el original. El cauce también cambió. “El recorrido es ahora un poco más técnico, y carece de algunas de las olas y zonas llanas previas a Helene”, escribió Colburn. Las obras viales en la zona continúan y podrían modificar aún más el entorno.
Río Broad
Condados de Cleveland y Rutherford
Aunque el Broad no fue tan afectado como otros ríos, sigue habiendo riesgos. “Puede haber basura nueva bajo el agua que no se ve”, explicó David Caldwell, Broad Riverkeeper. Su equipo continúa monitoreando la zona y colaborando en tareas de limpieza. También advirtió que hay sistemas de aguas residuales que no han sido totalmente restaurados.
Río Watauga
Condados de Watauga y Ashe
“Siempre existe la posibilidad de encontrar escombros invisibles que pueden ser peligrosos”, dijo Andy Hill, Watauga Riverkeeper. En este río no se reportaron grandes alteraciones en las rápidas, pero algunos tramos están siendo usados como zonas de trabajo. Puede haber vidrios, metal o ramas sumergidas. Hill recomendó usar calzado cerrado, verificar que el acceso esté habilitado y no confiarse aunque el agua parezca limpia.
¿Qué pasa con otros ríos?
En el río Nolichucky —que cruza los condados de Mitchell y Yancey—, la empresa ferroviaria CSX intentó modificar el entorno de la garganta para reconstruir su vía. Gracias a la acción legal de organizaciones ambientales, los daños fueron limitados. Aún así, el acceso al inicio del recorrido sigue cerrado.
En Wilson Creek (condado de Caldwell), el Servicio Forestal mantiene el cierre del río al menos hasta fin del verano, debido a trabajos de ampliación de camino y limpieza. También se reportaron alteraciones menores en los ríos Linville, Toe y Cane.




Muy buena info, gracias por compartir. Solo quería preguntar, ¿hay alguna forma de saber qué tramos específicos siguen más peligrosos para evitar sorpresas? Porque igual dan ganas de seguir disfrutando, pero sin arriesgarse.