Comunidad latina en tiempos de Covid
Luis Manuel Prieto es dueño del minisuper “Los nenes”, un mercado latino abierto todos los días donde se consiguen verduras frescas, tacos, carnitas y tortas mexicanas.

CAROLINA DEL NORTE, Asheville-  Son tiempos difíciles para la comunidad de Asheville, la ciudad turística más importante del oeste de Carolina del Norte.

La primavera avanza con su lluvia de días enteros mientras crece el verde en las montañas, florecen los cerezos salvajes y los cardenales cantan por la mañana. La primavera es una promesa que se cumple cada año en la belleza del Blue Ridge Parkway y la felicidad que flota en gomones por el French Broad River. Cervecerías llenas de risas, tiendas llenas de gente, flores de mil colores. Turismo en las calles, en los restaurantes, en los hoteles. Todo es bonanza en primavera, un tiempo feliz para los corazones y los bolsillos.

Pero esta vez la primavera sucede sin nosotros. “Stay home, stay safe”. Quédate en casa, mantente a salvo. Las calles están vacías como los hoteles. Los restaurantes están cerrados como las escuelas, los parques nacionales y las librerías. Mientras el mundo sigue sin gente, la comunidad latina de este pequeña ciudad turística es, tal vez como siempre, la más afectada.

Asheville es parte del condado de Buncombe, uno de los “countries”  del oeste de Carolina del Norte que más retrasó las restricciones a sus ciudadanos, acostumbrados más a estar afuera de sus casas que dentro.

La investigadora social, activista por los derechos de los inmigrantes y voluntaria de la organización latina “Nuestro Centro”, Geny Hernández López, explicó a Enlace Latino NC que “en momentos de crisis son los trabajos informales, llamados no esenciales o del sector secundario, los primeros en ser cortados de tajo”.

Es decir las cosas que realmente no necesitamos en este fin del mundo. No se necesita pasear un fin de semana en una ciudad de montaña, ni cenar en restaurantes para probar sabores nuevos, mucho menos apoyar a un pequeño negocio local. Nadie necesita hacer turismo para mantenerse a salvo, tampoco cortarse el pelo o arreglarse las uñas en la nueva peluquería mexicana del barrio.

Nuestro Centro es una de las organizaciones que ofrecen apoyo a la comunidad latina en Asheville: “en momentos de crisis son los trabajos informales, llamados no esenciales o del sector secundario, los primeros en ser cortados de tajo”, dijo a Enlace Latino NC Geny Hernández López.

Sin la vida cotidiana se pierden los trabajos de los que menos tienen. Ya no es necesario el servicio de limpieza en los hoteles sin gente ni en los restaurantes sin comensales ni en las casas donde impera el miedo al contagio a través del otro. Nadie necesita tanto personal en sus restaurantes cuando solo puede hacer domicilios o comida para llevar. Se pierden las propinas y los trabajos de los mozos. Pierden los trabajos de la cooperativa de limpieza de mujeres latinas. Se pierde el dinero de la economía informal.

Sin los goces de la vida en libertad fuera de casa aparece un elemento nuevo: el tiempo. Las personas tienen tiempo para estar con sus hijos que ya no irán a la escuela hasta el próximo año lectivo.

En el condado de Buncombe las clases están suspendidas hasta el 15 de mayo y los trabajos que no son esenciales se hacen desde casa. El “home office” hoy es la moneda corriente de intercambio entre todos. Así que tampoco se necesitan niñeras. Ni paseadores de perros. Ni construir cosas nuevas en las casas, ni que venga el jardinero.

Para Bruno Hinojosa Ruiz, codirector de Compañeros Inmigrantes de las Montañas en Acción (CIMA), “son tiempos de incertidumbre, tiempos donde no sabemos qué va a pasar, la mayoría de la comunidad latina trabaja en hoteles, restaurantes, construcción y todos esos lugares están parando ahora”.

Incertidumbre y efectos

El efecto en la comunidad latina es grande. En Asheville el 8,7 por ciento de los habitantes es de origen latino, ese porcentaje significa al menos unas 8 mil personas de las 92 mil censadas en la ciudad. Pero Hernández López asegura que el último censo quedó lejos y que actualmente “con la nueva oleada de inmigrantes latinos creemos que debe estar entre 11 y 12 mil”.

“Ya se siente el impacto y esperamos que empeore y se acreciente en los próximos días, pero por suerte tenemos organizaciones y redes en la comunidad y queremos decirle a la gente que es momento de ayudarnos unos a otros”, dice Hinojosa Ruiz.

La organización de la que es parte, CIMA, ha dejado sus oficinas por el momento, pero ante cualquier emergencia por un caso de inmigración están disponibles por teléfono desde sus casas y pidieron dejarlo acá para que las personas lo tengan a mano en caso de ser necesario: (828) 713-5124.

Geny Hernández es clara: “Ya hay gente que no está produciendo, que no está trabajando. No podemos decir ahora cómo va a ser. Pero va a ser tremendo. Va a afectar a familias enteras”. Su preocupación va más allá del escenario negro que describe: ¿qué pasará con las familias de reciente migración? ¿quién los contiene ahora? ¿cómo contactarlos si no tienen hijos o si los hijos no están yendo a la escuela?

“Ellos son los más vulnerables, recién salidos de los campos de concentración en la frontera como decimos nosotros, después de cruzar varios países, sin redes, sin contacto todavía con la comunidad latina de acá que ya lleva 15 años organizándose”, se pregunta y se siente mal porque ella es parte de los llamados grupos de riesgo, confinada en su hogar, sin poder militar la causa que la define.

¿Qué hacen los latinos mientras Asheville duerme?

Mientras Estados Unidos se convierte en el país con más contagios de COVID-19 en el mundo y cada noticia económica es una mala noticia para el país considerado como la primera economía mundial, la comunidad latina busca soluciones y respuestas para fortalecerse ante la crisis. No será fácil: esta vez la ola es tan fuerte que golpea a todos.

Los últimos datos del Departamento de Empleo lo confirman: casi 3.3 millones de personas solicitaron beneficios de desempleo la semana pasada en Estados Unidos. Un récord histórico.

“Hay una imagen que me quedó grabada y que define para mí lo que llamaría un comportamiento cultural distinto que tiene la comunidad latina y que la hace más fuerte”, cuenta Hernández López. En los primeros días de la llegada de la pandemia a las montañas apalaches ella fue a comprar a uno de los mercados norteamericanos más populares. Lo que vio no le gustó: señores con carros llenos de papel higiénico y caras de pánico. Salió y fue a probar suerte al pequeño mercado latino que funciona justo enfrente: “las personas estaban tranquilas, llevando lo que necesitaban y había de todo”.

Geny remarca esta diferencia y entonces dice que siente esperanza en la unión de la comunidad latina, ese valor que será fundamental para ella en los tiempos aún más difíciles que se acercan rápidamente.

“La esperanza está en acercarte a nuestra comunidad, a nuestras familias, a eso que llevamos en nuestra cultura, de estar juntos, de acompañarnos. La esperanza es la comunidad organizada más allá de los gobiernos”, confía Geny y también aclara la razón, según ella, de que esto sea así: “Los latinos no esperan nada de los gobiernos porque nunca le dieron nada ni los vieron y por eso creo que hoy es una fortaleza todas las redes tejidas porque sino no tendríamos nada”.

Los comercios latinos frente al Coronavirus

Luis Manuel Prieto es dueño del minisuper “Los nenes”, un mercado latino abierto todos los días donde se consiguen verduras frescas, tacos, carnitas y tortas mexicanas. Un poco de todo: carnicería, “grocery”, taquería y panadería.

El 75% de sus clientes son latinos y Luis intenta, con éxito, mantener el abastecimiento y los precios. Para él las ventas suben, y por ahora las cosas no cambiaron demasiado; cumple la orden de distancia social de 6 pies y raciona únicamente tortillas y harinas, sus productos estrellas. Solo pueden llevarse de a dos por cabeza.

Pero sí cambió el estado ocupacional de sus clientes. “La mayoría de mis compradores trabajan en restaurantes, hoteles y en la construcción y yo diría que más del 20% se ha quedado sin trabajo”. A la pregunta de qué pasará más adelante con su comercio si las cosas siguen así, Luis responde con sinceridad; “intento ser responsable, buscar precios de mis proveedores y no venderle a la gente cosas que no necesita o que van a tirar. Les digo que no compren en cantidad, que no nos vamos a desabastecer”.

La Tienda Hispana La Catrachita tiene una gran demanda de granos. Enfrentan problemas de abastecimiento y algunos productos como las tortillas están siendo razonados.

Otra de las clásicas tiendas latinas en Asheville es “La catrachita”, un negocio familiar famoso por sus tamales caseros los viernes por la tarde. La tienda vende productos de Honduras y El Salvador mayormente;  “procuramos tener un poco de cada país según la demanda del producto; harina pan, malta, tomate de árbol, ají amarillo y otros”. Es lo que responde Daniela Molina a Enlace Latino NC.

Entre las medidas que han tomado frente al coronavirus se encuentran la desinfección constante de cada superficie tocada por un cliente, como los teléfonos y enfriadores. “Usamos guantes y mascarillas para reducir el riesgo de contagio y tomamos suplementos para reforzar nuestro sistema inmune”, asegura.

Al igual que en la tienda “Los Nenes” ellos también tienen mayor demanda de venta ahora, sobre todo de granos básicos. Pero sí sienten un poco la dificultad a la hora de abastecerse; “ya no nos quieren vender tortilla el milagro, maseca y agua, por no mencionar desinfectante de manos o toallas desinfectantes que son imposibles de conseguir. Daniela cuenta lo que a esta hora saben todos y es que “los primeros en perder el trabajo fueron las personas que trabajaban en los hoteles. Se han cancelado todas las reservaciones, después los restaurantes”.

¿Y qué espera ella para las semanas que siguen? “Vender lo que se pueda. Porque después sin trabajo la gente no nos va a comprar mucho.  También esperamos que no nos digan que tengamos que cerrar y no poder abrir; porque somos un negocio familiar y dependemos de esto”.

Todos esperan, en fin, lo mismo que Daniela. Seguir abiertos.

Después de la tormenta

Hace un año, el huracán Helene golpeó al oeste de Carolina del Norte. La comunidad latina respondió con algo más fuerte que la tormenta: solidaridad.

🎧 En este episodio, conoce cómo las organizaciones latinas transformaron la crisis en resiliencia.

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Comunicadora social-periodista colombiana. Emprendedora y cofundadora de Enlace Latino NC donde es la directora ejecutiva.

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