Decenas de personas se reunieron esta semana en el Grant Center, en el barrio Southside de Asheville, para la proyección del documental “Sin Sombra, Sin Descanso”, una película que documenta la lucha de trabajadores agrícolas en Florida por conseguir protecciones laborales en los viveros y campos agrícolas donde trabajan.

El evento fue organizado por Just Economics, una organización sin fines de lucro del oeste de Carolina del Norte que aboga por salarios dignos, en colaboración con WeCount, una organización comunitaria del sur de Florida que defiende los derechos de trabajadores latinos del sector agrícola.

La película, producida por Six Eye Films y Working Films, sigue de cerca la lucha de WeCount y la Coalición de Trabajadores de Immokalee por conseguir protecciones contra el calor extremo para trabajadores al aire libre en Florida.

Después de la proyección hubo un panel de discusión con organizadoras de ambas regiones y testimonios de trabajadoras que han vivido esas condiciones en carne propia.

La lucha de las trabajadoras en Florida

póster del documental Shade without Rest

Las plantas de interior que se venden en las grandes tiendas o supermercados (y también cualquier lugar donde las compres) son el resultado del trabajo de migrantes que casi nadie conoce. Un trabajo que en su mayoría lo realizan mujeres inmigrantes de Centroamérica y México, muchas de ellas indígenas.

“Los consumidores de plantas de interior es un grupo que no sabe de dónde están cogiendo sus plantas y no sabe las condiciones de abuso que enfrentan los compañeros”, dijo Claudia Navarro, codirectora de WeCount, quien viajó desde Florida para participar en el evento.

Florida produce cerca del 69% de las plantas de interior del país, según el reporte “El costo humano de las plantas de interior”, publicado por WeCount en febrero de este año. La industria de viveros en su conjunto genera 50.000 millones de dólares al año.

WeCount encuestó a 323 trabajadores de viveros en el condado de Miami-Dade entre abril y julio de 2024. Casi el 75% eran mujeres. Casi todos eran inmigrantes de América Latina y el Caribe, y el 63% hablaba lenguas indígenas.

Lo que documentaron fue grave: El 86% reportó haber sufrido accidentes o enfermedades en el trabajo. Más de un tercio no tenía acceso a agua potable, y de quienes sí recibían agua, el 62% dijo que llegaba sucia. Más de la mitad de las mujeres encuestadas reportó haber vivido acoso sexual o discriminación.

Navarro explicó que los trabajadores agrícolas en Estados Unidos no cuentan con las mismas protecciones que otros empleados.

“Si eres un trabajador de Starbucks, un trabajador de Amazon y te quieres organizar, puedes meter una queja. Pero esos trabajadores agrícolas no cuentan con esas protecciones”, dijo durante el panel de discusión.

Desde Miami, la trabajadora agrícola Roselia se conectó por videoconferencia para compartir su testimonio. “Nos pagan 14 dólares la hora en la ciudad de Miami, que está entre las diez ciudades más caras para vivir. Este salario es de miseria”, dijo.

Roselia, trabajadora de viveros de plantas en Miami, compartió su testimonio por videoconferencia durante el evento en Asheville. Junto a otros trabajadores de WeCount, Roselia impulsa la campaña "Sembrando Justicia" para exigir contratos con condiciones dignas a empresas como IKEA y Wayfair. Foto: Patricia Serrano / Enlace Latino NC.
Roselia, trabajadora de viveros de plantas en Miami, compartió su testimonio por videoconferencia durante el evento en Asheville. Junto a otros trabajadores de WeCount, Roselia impulsa la campaña “Sembrando Justicia” para exigir contratos con condiciones dignas a empresas como IKEA y Wayfair. Foto: Patricia Serrano / Enlace Latino NC.

Una industria que crece también en Carolina del Norte

La industria, además, no se limita a Florida. Navarro señaló que Costa Farms, una de las empresas más grandes del sector, también tiene operaciones en el oeste de Carolina del Norte.

“Sabemos que aquí tenemos una población bien grande agrícola y pensamos que puede haber muchos enlaces y muchos conocimientos que podemos compartir”, afirmó Navarro sobre la proyección del documental en Asheville y la apertura de la conversación sobre las condiciones laborales de migrantes en la producción de plantas.

En el oeste del estado, donde hay viveros y fincas que emplean a trabajadores latinos, no existe actualmente una organización como WeCount que acompañe a esos trabajadores en la defensa de sus derechos laborales.

“Hay otras selvas aquí”

“Yo crucé la selva del Darién con mi hijo y de verdad eso no se lo deseo a nadie. Fueron días muy duros, de mucha hambre, de mucho cansancio y la verdad es que uno no sabe si va a salir de ahí. Cuando por fin llegué acá pensé que todo lo peor había pasado. Pero no”.

Quien escribió esas palabras es Mayra, una cubana de 56 años que vive en Swannanoa.

Mayra no estuvo en el Grant Center esa noche. Envió su testimonio por escrito y un asistente lo leyó en voz alta ante la sala. En el contexto actual de persecución migratoria, exponerse en un espacio público es un riesgo que no todas las personas están dispuestas a correr. En esta nota solo usamos su nombre de pila.

Asistentes escuchan la lectura del testimonio de Mayra, una cubana que vive en Swannanoa y que trabajó recogiendo manzanas en el oeste de Carolina del Norte por 2,50 dólares la hora. Mayra envió su testimonio por escrito ante el temor de exponerse en un espacio público dado el contexto migratorio actual. Foto: Patricia Serrano / Enlace Latino NC.
Asistentes escuchan la lectura del testimonio de Mayra, una cubana que vive en Swannanoa y que trabajó recogiendo manzanas en el oeste de Carolina del Norte por 2,50 dólares la hora. Mayra envió su testimonio por escrito ante el temor de exponerse en un espacio público dado el contexto migratorio actual. Foto: Patricia Serrano / Enlace Latino NC.

Su primer trabajo en el oeste de Carolina del Norte fue recogiendo manzanas.

La región concentra el 85% de la producción de manzanas del estado, el séptimo productor del país. A Mayra le pagaban 2,50 dólars la hora, menos de la mitad del salario mínimo de Carolina del Norte ($7,25, uno de los más bajos del país y sin cambios desde 2009).

“Me levantaba temprano con ese frío que se mete en los huesos. Usted sabe, uno viene del mar. No está acostumbrado. A uno le duele el cuerpo, pero uno sigue porque necesita el trabajo. A veces no nos da ni tiempo para descansar bien, ni agua suficiente”, escribió.

Mayra

Mayra no sabía que la estaban explotando. Trabajó así hasta que una compañera le explicó que lo que le pagaban no era normal, que eso en Estados Unidos no era nada. Entonces se fue.

Después consiguió trabajo en un vivero en la costa. El trabajo era igual de pesado: mover plantas, cargar tierra, estar bajo el sol por horas. Usaban químicos, pero nadie le explicó qué eran ni cómo protegerse. Un día se sintió mareada, como si se fuera a caer, pero siguió trabajando. “En ese momento uno piensa: no puedo parar”, escribió.

“A veces yo digo crucé la selva pensando que eso era lo más duro. Pero hay otras selvas aquí también. Es el cansancio, el miedo a perder el trabajo, el tener que quedarse callada”.

Mayra, trabajadora agrícola

Seimy Mendoza, organizadora comunitaria de Just Economics en Asheville, dijo que el caso de Mayra no es aislado.

“Hemos tenido colaboradores que nos han contado que han venido aquí con un proceso de visado, por ejemplo a recoger manzanas, y se les ha prometido en sus países de origen condiciones legales pero también de dignidad. Y cuando llegan acá eso no existe”, dijo.

“No tienen ni siquiera una colchoneta donde acostarse, ni acceso al baño”, afirmó Mendoza.

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La deuda pendiente

Delia Jovel conoce esa realidad desde otro lugar. Es cofundadora de Tierra Fértil, una cooperativa agrícola en el oeste de Carolina del Norte que nació en 2020 con la intención de recobrar el conocimiento agrícola ancestral y construir un modelo que respetara tanto la tierra como a las personas que la trabajan.

“Tenemos una deuda enorme con los trabajadores del campo de Carolina del Norte. Es enorme porque no hemos hecho nada. Y si se ha hecho, se ha hecho un poco”, dijo Jovel durante el panel.

Jovel señaló que en el oeste del estado existe una contradicción que pocas veces se nombra. “El turismo ha generado este ideal de agricultura alternativa, orgánica, biológica y le ponemos 150,000 definiciones, pero nadie te pregunta si el ser humano es sostenible”, dijo.

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Sin sombra y sin descanso

El documental que se proyectó el miércoles 1 de abril en Asheville narra la lucha de dos organizaciones en Florida por conseguir protecciones contra el calor extremo para los trabajadores agrícolas, en medio del año más caluroso registrado en la historia. Mientras avanzan, los legisladores estatales buscan bloquear nuevas regulaciones.

“Sin Sombra, Sin Descanso” está disponible de forma gratuita para proyecciones comunitarias. Universidades e instituciones educativas pueden solicitar una licencia contactando a Six Eye Films en connect@sixeyefilms.org.

>>> Sitio web del documental Without Shade, Without Rest

Después de la tormenta

Hace un año, el huracán Helene golpeó al oeste de Carolina del Norte. La comunidad latina respondió con algo más fuerte que la tormenta: solidaridad.

🎧 En este episodio, conoce cómo las organizaciones latinas transformaron la crisis en resiliencia.

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Patricia Serrano es una periodista bilingüe radicada en Asheville y miembro de Report for America. Cubre temas migratorios, políticos y sociales en el oeste de Carolina del Norte para Enlace Latino NC,...

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