Los datos más recientes del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) confirman una tendencia que se arrastra desde hace más de una década. La obesidad en adultos continúa en ascenso y su impacto es desigual, con cifras más altas entre adultos latinos y afroamericanos.
Según los CDC, entre 2017 y marzo de 2020 la obesidad afectó al 50% de los adultos negros y al 46% de los adultos hispanos. Por otro lado, afectó al 41 % de los adultos blancos. En paralelo, la prevalencia de diabetes fue de 21 % entre adultos hispanos, 19 % entre adultos negros, 18 % entre adultos asiáticos y 12 % entre adultos blancos.
Son cifras que demuestran que la obesidad no solo es más frecuente en comunidades minoritarias. También se acompaña de más enfermedades crónicas desde edades más tempranas.
Los mapas federales más recientes, elaborados a partir del Sistema de Vigilancia de Factores de Riesgo del Comportamiento (BRFSS, por sus siglas en inglés), confirman que la brecha persiste.
Entre 2022 y 2024, todas las entidades del país —49 estados, el Distrito de Columbia y tres territorios— registraron prevalencias de obesidad de al menos el 25% en la población general. En el caso específico de los adultos hispanos, 33 estados y territorios registraron una prevalencia de 35% o más. Oklahoma fue el único estado que superó el umbral de 40%.

Uno de cada tres adultos latinos sufre obesidad en Carolina del Norte
En Carolina del Norte, los datos del BRFSS muestran dos momentos clave: en el período 2021–2023, la prevalencia de obesidad entre adultos hispanos fue del 33,7 %. En la serie 2022–2024, el indicador subió a 35,7 %.
Es decir, más de uno de cada tres adultos latinos del estado vive con obesidad. Esto ocurre en un contexto en el que las tasas generales de obesidad en la población adulta rondan entre el 29% y el 30%, según el año y el margen de error.
“Estos datos resaltan la necesidad de opciones para la prevención y el tratamiento de la obesidad. Las soluciones comienzan por crear comunidades más saludables, donde las personas tengan lugares seguros para la actividad física. Además, alimentos saludables, accesibles y asequibles”, dijo Karen Hacker, directora del Centro Nacional para la Prevención de Enfermedades Crónicas del CDC.
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Mapa de prevalencia de obesidad en la comunidad latina de Estados Unidos, por estado:

Enfermedades asociadas: más riesgo y a edades más tempranas
La estadística no se limita al peso. Detrás de esos porcentajes hay enfermedades que se concentran con mayor fuerza en comunidades latinas.
Un análisis publicado en la revista Librería Nacional de Medicina, titulado “Obesity among Latinx people in the United States”, destaca: “la obesidad afecta de forma desproporcionada a las personas latinas, que presentan mayor prevalencia de obesidad y de comorbilidades relacionadas que la población general”.
El estudio, basado en datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (NHANES) 2017–2018, encontró que 44,8 % de los adultos latinos y 50,4 % de los adultos mexicoamericanos cumplían los criterios de obesidad, frente al 42,2 % de los adultos blancos no latinos.
Entre las enfermedades asociadas, los autores destacan la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares, el hígado graso no alcohólico y la dislipidemia.
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Mayor índice de diabetes tipo 2 entre latinos con obesidad
Uno de los datos más llamativos es que la diabetes aparece con mayor frecuencia incluso en etapas más “leves” de la obesidad. Entre personas con obesidad clase 1 (índice de masa corporal entre 30 y 34,9), la diabetes tipo 2 afecta a 25,6 % de los latinos. En contraste, afecta frente al 16,4 % de los adultos blancos no latinos. Esto significa que, a igual nivel de obesidad, la carga de enfermedad metabólica es mayor en la población latina.
Los CDC también han documentado otros riesgos: asma, accidentes cerebrovasculares, algunos tipos de cáncer y complicaciones respiratorias más graves.
“La obesidad es una enfermedad compleja. Existe la idea errónea de que es solo una cuestión de fuerza de voluntad o de decisiones individuales”, explicó Ruth Petersen, directora de la División de Nutrición, Actividad Física y Obesidad de los CDC.
“Muchos factores contribuyen: los genes, ciertos medicamentos, el sueño, el microbioma intestinal y el estrés. También el acceso a alimentos asequibles, a lugares seguros para realizar actividad física y a atención médica”.
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Entornos que dificultan la prevención en comunidades latinas
En el estudio se destaca que la población latina es “altamente heterogénea” en términos de origen, dieta, idioma, nivel socioeconómico y experiencia migratoria. Esa diversidad hace que no exista una sola explicación, sino varios patrones que se repiten.
En muchas ciudades y zonas rurales, los barrios donde vive una proporción más alta de familias latinas se superponen con desiertos alimentarios. Son lugares donde la opción más cercana y barata suele ser la comida rápida o ultraprocesada, y no frutas, verduras ni proteínas frescas.
La inseguridad alimentaria —no saber si alcanzará la comida hasta fin de mes— afecta con especial intensidad a las familias latinas.
En Carolina del Norte, el propio Departamento de Salud calcula que alrededor del 10,9% de la población vive con inseguridad alimentaria —unos 1,2 millones de personas—. Además, análisis recientes estiman que, entre las personas latinas, la tasa llega al 17%, por encima del promedio estatal y del 8% registrado entre la población blanca.
La aculturación, es decir, el proceso de adaptación a los hábitos del país, también desempeña un papel. Cambios en la dieta, mayor consumo de comida procesada y bebidas azucaradas, y disminución de la actividad física.
A esto se suman barreras estructurales: menor acceso a seguro médico, menos consultas preventivas y dificultades para encontrar proveedores que hablen español. Además, hay una menor presencia de profesionales latinos en el sistema de salud.



