Daysi Romero Arellano y Carlos Vargas Moreno en su casa en Raleigh, Carolina del Norte, el 18 de septiembre de 2026. Vargas Moreno, extrabajador agrícola con una visa temporal H-2A, sufrió un golpe de calor mientras trabajaba en un campo en 2022, lo que le provocó lesiones permanentes. Depende por completo de los cuidados de su esposa. Crédito: Kaoly Gutierrez.
Daysi Romero Arellano y Carlos Vargas Moreno en su casa en Raleigh, Carolina del Norte, el 18 de septiembre de 2026. Vargas Moreno, extrabajador agrícola con una visa temporal H-2A, sufrió un golpe de calor mientras trabajaba en un campo en 2022, lo que le provocó lesiones permanentes. Depende por completo de los cuidados de su esposa. Crédito: Kaoly Gutierrez.

Eran las 4 de la tarde y la temperatura alcanzaba los 90 grados Fahrenheit cuando el trabajador agrícola Carlos Vargas Moreno y otros jornaleros comenzaron a quitar la maleza de un campo de sandías en Goldsboro, Carolina del Norte, el 19 de julio de 2022.

La jornada laboral había comenzado a las 7 de la mañana e incluía dos descansos de 15 minutos y una hora para almorzar al aire libre. El índice de calor —la temperatura que percibe el cuerpo humano cuando se combina la humedad relativa con la temperatura del aire— era de 98.3 grados Fahrenheit. Era el tipo de día que una aplicación de seguridad ante el calor creada por la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA) y el Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional (NIOSH) definía como “peligroso” para quienes trabajan al aire libre.

Según documentos judiciales, registros gubernamentales y testimonios de trabajadores presentes ese día, Vargas Moreno se detuvo para beber agua poco antes de las 6 de la tarde. Unos segundos después, se tambaleó y cayó al suelo. Más tarde le diagnosticaron un golpe de calor.

Desde entonces, el hombre de 38 años no puede caminar ni valerse por sí mismo. Ante la ausencia de normas federales y estatales que protejan a los trabajadores agrícolas del calor peligroso, el empleador apenas ha tenido que rendir cuentas por haber incumplido en dos ocasiones muchas medidas básicas de seguridad, entre ellas la supervisión en el lugar de trabajo y el acceso oportuno a atención médica de emergencia. La familia de Vargas Moreno cuenta su historia por primera vez a Prism, The Guardian y Enlace Latino NC, mientras sigue adaptándose a su nueva vida en Carolina del Norte.

El golpe de calor es una afección prevenible, y los empleadores de Vargas Moreno, una empresa llamada Florida Orange Gold, deberían haber tenido presente ese riesgo. Casi exactamente dos años antes, otro hombre empleado por la compañía, Carmen Sebastian Hernandez Mosqueda, murió por esa misma causa mientras también quitaba maleza en un campo de Carolina del Norte.

“Tenía que aguantar el trabajo”

Desde “el accidente”, todo en la vida de Vargas Moreno ha cambiado, dijo Daysi Romero Arellano, su esposa.

Carlos Vargas Moreno recibe ayuda de su esposa, Daysi Romero Arellano, en su casa en Raleigh, Carolina del Norte, el 19 de septiembre de 2026. Crédito: Kaoly Gutierrez.
Carlos Vargas Moreno recibe ayuda de su esposa, Daysi Romero Arellano, en su casa en Raleigh, Carolina del Norte, el 19 de septiembre de 2026. Crédito: Kaoly Gutierrez.

“Accidente” es una forma suave de decirlo. El golpe de calor le provocó una lesión cerebral y una discapacidad que lo obliga a usar una silla de ruedas. Ahora Romero Arellano baña a su esposo, lo viste, lo ayuda a ir al baño y le da de comer.

“Nada es igual”, dijo Romero Arellano a través de un intérprete durante una entrevista en agosto. Sentada junto a Vargas Moreno, le acarició la cabeza con cariño. “¿Verdad, Carlos?”, le preguntó. Vargas Moreno sostuvo la mirada de su esposa y asintió.

Debido a la lesión cerebral, que le ocasionó déficits cognitivos y del lenguaje, Vargas Moreno no puede expresar verbalmente los hechos relacionados con su caso.

Para realizar este reportaje, Prism, The Guardian y Enlace Latino NC hablaron con la familia del trabajador agrícola; con los abogados Katherine y Francisco Bricio, quienes representaron a Vargas Moreno en su caso de compensación laboral y en su demanda civil; y con Aaron Jacobson, de la Unidad de Trabajadores Agrícolas de Legal Aid of North Carolina, quien actualmente lo representa en un caso migratorio.

Este reportaje también se basa en miles de páginas de registros gubernamentales y documentos judiciales. Entre ellos hay declaraciones bajo juramento de trabajadores agrícolas, empleados de Florida Orange Gold y funcionarios del Departamento de Trabajo de Carolina del Norte (NC DOL). Los relatos contienen información contradictoria, incluso sobre si los trabajadores tenían suficiente agua o descansos durante el calor extremo.

Florida Orange Gold ha negado que la condición de Vargas Moreno fuera consecuencia de una lesión laboral; posteriormente, el trabajador ganó un caso de compensación laboral. La compañía no respondió a varias solicitudes de comentarios sobre las acusaciones en su contra que figuran en los registros del NC DOL y en el caso de Vargas Moreno. Cuando Prism, The Guardian y Enlace Latino NC llamaron a un número telefónico registrado a nombre de Gilberto Gutierrez, encargado de la contabilidad de Florida Orange Gold, la persona que atendió colgó y no respondió a los mensajes de texto. Nadie respondió a las consultas enviadas al correo electrónico de la empresa.

Vargas Moreno trabajó por primera vez para Florida Orange Gold en 2021, como parte del programa federal de visas H-2A para trabajadores agrícolas temporales. Era un trabajador agrícola experimentado: antes había trabajado junto a su esposa en los campos de México, cosechando fresas, espárragos y arándanos. Cuando un familiar le habló del programa H-2A, Vargas Moreno le dijo a su esposa que quería trabajar en Estados Unidos para que ella pudiera quedarse en casa y criar a su pequeña hija.

Finalmente, se incorporó a Florida Orange Gold, una empresa creada en 2017 por el contratista de mano de obra agrícola Jose Javier Gutierrez. Florida Orange Gold obtuvo aproximadamente 500 trabajadores H-2A en 2022, y Vargas Moreno fue uno de los 314 enviados a Carolina del Norte ese año. El padre de Gutierrez también era reclutador de trabajadores y tenía su propio negocio. Gilberto es hermano de Jose.

La empresa opera en Florida y Carolina del Norte, y es una de los cientos de intermediarios en todo el país contratados por productores agrícolas estadounidenses para contratar trabajadores agrícolas migrantes y supervisar su trabajo. Los contratistas de mano de obra agrícola constituyen el segmento de mayor crecimiento del empleo agrícola y son los mayores infractores de las leyes laborales federales en la agricultura. Aunque tienen a su cargo a cientos de trabajadores vulnerables en una industria plagada de robo de salarios, trata con fines de explotación laboral y otros abusos graves, estos contratistas no necesitan capacitación ni certificación especial.

La decisión de su esposo de ingresar al programa H-2A ahora atormenta a Romero Arellano. “Nuestra vida en México era pobre, pero era sencilla y compartíamos todo. Ojalá hubiéramos seguido adelante con lo poco que teníamos”, dijo en el apartamento de la pareja en Raleigh. En el comedor había globos y guirnaldas, vestigios de otra celebración de cumpleaños por WhatsApp para su hija de 13 años, que está en México.

Durante el segundo año de Vargas Moreno con Florida Orange Gold, que comenzó en mayo de 2022, empezó a contar detalles alarmantes sobre su trabajo cuando llamaba a su esposa durante las comidas y por las noches, al regresar al campamento de trabajadores donde se alojaba.

“Decía que lo hacían trabajar muy duro y que no había suficiente agua; que no había forma de llevar el agua con ellos mientras trabajaban y que no les daban suficientes descansos para beber agua”, recordó.

Como parte del caso de compensación laboral de Vargas Moreno tras su lesión, ella dijo en una declaración bajo juramento en junio de 2024 que su esposo le contaba a diario que Florida Orange Gold no les daba suficientes descansos. También le dijo que los trabajadores tenían que comprar su propia agua para tener en el campamento y que no había suficientes refrigeradores para mantener frías las bebidas. Según su relato, Vargas Moreno también le describió reuniones en las que Florida Orange Gold hablaba de trabajadores H-2A que abandonaban el empleo.

El trabajo era implacable. Desde el 16 de julio de 2022 hasta que sufrió el golpe de calor, alrededor de las 5:50 de la tarde del 19 de julio, Vargas Moreno trabajó entre ocho y 11 horas diarias. El índice de calor nunca bajó de los 94.4 grados Fahrenheit.

Cuando se desplomó, no había ningún supervisor de Florida Orange Gold en el lugar. Los trabajadores agrícolas suelen tener poco control sobre sus condiciones de trabajo y su entorno, dijo Taylor Arnold, profesor asistente de la Facultad de Medicina de Wake Forest University que estudia los efectos del calor en los menores que trabajan en la agricultura.

“A menudo, los trabajadores están muy dispersos en un área extensa. Por eso, es posible que no noten si alguien está en peligro y que no reciban la capacitación adecuada sobre qué hacer si alguien está sufriendo un golpe de calor. Los trabajadores pueden tener dificultades para comunicar su ubicación exacta al personal de emergencias porque los campos suelen estar en lugares remotos o carecen de direcciones fáciles de identificar. Todos estos factores juntos son extremadamente peligrosos”, dijo Arnold.

Los compañeros de Vargas Moreno no sabían qué hacer cuando comenzó a convulsionar. Un trabajador llamó al fundador de Florida Orange Gold, Jose Gutierrez, quien estaba en otro campo a varias millas de distancia. Gutierrez no les indicó a los trabajadores que llamaran al 911, ni llamó él mismo. En cambio, el contratista les dijo que lo esperaran.

Los trabajadores cargaron a Vargas Moreno en un autobús sin aire acondicionado y lo llevaron hasta el costado de una carretera cercana. Vargas Moreno, ya inconsciente, fue colocado en el suelo fuera del autobús hasta que Gutierrez llegó unos 15 minutos después. En lugar de ponerlo en la cabina de su camioneta de cuatro puertas con aire acondicionado, Gutierrez hizo que los trabajadores lo subieran a la caja de carga.

Cuando llegaron a la sala de emergencias, a las 6:32 de la tarde, Vargas Moreno no respondía, estaba cubierto de vómito y tenía una temperatura corporal de 109 grados Fahrenheit. Permaneció hospitalizado casi un año.

Carlos Vargas Moreno se reúne con su abogado Francisco Bricio en el hospital, meses después de sufrir un golpe de calor mientras trabajaba para Florida Orange Gold. Cortesía de Katherine Bricio.
Carlos Vargas Moreno se reúne con su abogado Francisco Bricio en el hospital, meses después de sufrir un golpe de calor mientras trabajaba para Florida Orange Gold. Cortesía de Katherine Bricio.

Durante la declaración bajo juramento de Romero Arellano, el abogado de Gutierrez le preguntó si Vargas Moreno era el tipo de persona capaz de defenderse y pedir trabajar menos horas. Romero Arellano vaciló.

“Sí”, dijo, pero él también quería “obedecer a los patrones” que le pagaban. “Decía que tenía que aguantar el trabajo”.

En una declaración bajo juramento, Jose Gutierrez sí dijo que el día de la lesión de Vargas Moreno les preguntó a los trabajadores si querían seguir trabajando con las temperaturas abrasadoras de las 3 de la tarde; afirmó que dijeron que sí. Durante la investigación del NC DOL sobre el golpe de calor de Vargas Moreno, semanas después del incidente, los trabajadores que Florida Orange Gold puso a disposición del departamento para las entrevistas afirmaron que habían aceptado seguir trabajando; que antes habían recibido capacitación sobre estrés por calor; que ese día habían tomado descansos adicionales; y que Florida Orange Gold a menudo terminaba las jornadas antes de tiempo si hacía demasiado calor. Pero otros trabajadores H-2A que declararon posteriormente bajo juramento en el caso de compensación laboral de Vargas Moreno contradijeron esas afirmaciones, lo que llevó a los abogados a sospechar que el contratista de mano de obra agrícola podría haber preparado a algunos para responder.

Johana Ramirez, la inspectora de cumplimiento de seguridad del NC DOL que estuvo a cargo de la investigación sobre el golpe de calor de Vargas Moreno, señaló algunas de estas inconsistencias en sus archivos. En su propia declaración bajo juramento, Ramirez dijo que se había enterado de la decisión de los trabajadores de continuar por fuentes de la empresa, y no por los propios trabajadores agrícolas.

Negarse a trabajar tiene consecuencias severas para los trabajadores H-2A. Florida Orange Gold les exigía firmar una declaración que decía: “Entiendo que, si me niego a hacer cualquier trabajo o me voy antes de tiempo, pierdo mi empleo y la garantía de tres cuartas partes, el beneficio de alojamiento y el transporte”. Perder un empleo H-2A también significa perder la posibilidad de trabajar legalmente en Estados Unidos.

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La norma es que no hay norma

Mientras Vargas Moreno sentía que no tenía otra opción, Florida Orange Gold no adoptó prácticas que podían salvarles la vida a los trabajadores y que le habían recomendado enfáticamente después de la muerte de un trabajador agrícola durante el abrasador verano de 2020 en el sur del país.

Carmen Sebastian Hernandez Mosqueda fue uno de los 40 trabajadores H-2A que pasaron el 18 de julio de 2020 podando plantas de tabaco y quitando a mano la maleza de hileras de batatas. Esa semana, el Servicio Meteorológico Nacional emitió un aviso de calor peligroso. Aun así, los trabajadores H-2A de Florida Orange Gold pasaron entre 11 y 12 horas diarias en los campos.

Aproximadamente a las 4 de la tarde, cuando el índice de calor alcanzó un máximo de 108 grados Fahrenheit, Hernandez Mosqueda habría dicho que quería tomarse el resto del día libre porque “se sentía cansado”. Al salir del campo, se desplomó.

No había ningún supervisor de Florida Orange Gold en el lugar y los trabajadores no llamaron al 911.

El hospital más cercano al campo era UNC Health Johnston, ubicado a unos 24 minutos de distancia, en Smithfield. Pero, por razones desconocidas, Hernandez Mosqueda fue trasladado durante 14 minutos hasta un estacionamiento en Newton Grove, donde lo pasaron a otro vehículo. Mientras se dirigían a Sampson Regional Medical Center, a 22 minutos de distancia, Hernandez Mosqueda perdió el conocimiento. Solo entonces llamaron al 911, 50 minutos después de que el trabajador se desplomara por primera vez. Los registros no dejan claro quién conducía cada vehículo ni quién llamó al 911.

El golpe de calor es una emergencia en la que cada minuto cuenta. Cuando llegó una ambulancia a las 5:07 de la tarde, la temperatura corporal de Hernandez Mosqueda era de 101.5 grados Fahrenheit. A las 5:15 de la tarde, ya había muerto. Tenía 25 años. Más tarde, el médico forense registró la hipertermia como causa de muerte.

Daysi Romero Arellano en su casa en Raleigh, Carolina del Norte, el 19 de septiembre de 2026
Daysi Romero Arellano en su casa en Raleigh, Carolina del Norte, el 19 de septiembre de 2026. Crédito: Kaoly Gutierrez.

Ni el estado de Carolina del Norte ni la OSHA federal tienen una norma sobre el calor que exija a los empleadores establecer criterios para el acceso al agua potable, los descansos y el control de la temperatura. Sin embargo, OSHA recomienda que los empleadores implementen un plan de prevención del estrés por calor para “controlar el riesgo por calor”. La cláusula de deber general de la Ley de Seguridad y Salud Ocupacional también exige que los empleadores proporcionen un lugar de trabajo “libre de peligros reconocidos” que “puedan causar la muerte o daños físicos graves a los empleados”.

Como parte de la investigación del NC DOL sobre la muerte de Hernandez Mosqueda, se le preguntó a un empleado de Florida Orange Gold cuyo nombre no se identifica si la empresa tenía un programa de prevención del estrés por calor. “Si hace calor, tomar un descanso”, le dijo el empleado al investigador.

El empleado también dijo que los trabajadores llevan una banana y “la mojan para refrescarse”. Cuando se le pidió que lo aclarara, explicó que se puede colocar una cáscara de banana mojada alrededor del cuello de una persona para refrescarla.

Finalmente, el NC DOL citó a Florida Orange Gold por múltiples infracciones, incluida la de la cláusula de deber general. Por la muerte de Hernandez Mosqueda, el departamento propuso una multa de $7,000 y exigió a la empresa eliminar el peligro mediante la implementación inmediata de un programa de prevención del estrés por calor, para evitar que otro trabajador muriera o sufriera daños físicos graves.

Cuando Vargas Moreno sufrió el golpe de calor, Florida Orange Gold no había modificado los horarios de los trabajadores H-2A para tener en cuenta la temperatura, lo que constituía una violación directa del programa de prevención del estrés por calor que el contratista supuestamente había implementado después de la muerte de Hernandez Mosqueda, dijo Katherine Bricio, abogada de Vargas Moreno en su caso de compensación laboral y su demanda civil.

Según el testimonio del inspector de seguridad y salud agrícola del NC DOL que investigó la muerte de Hernandez Mosqueda, hubo que recordarle a Florida Orange Gold que debía subsanar la infracción de la cláusula de deber general y presentar su programa de prevención del estrés por calor. En abril de 2021, meses después de que la empresa recibiera la primera citación por la muerte del trabajador, Florida Orange Gold le envió a la agencia su programa: una plantilla del sitio web del NC DOL. El contratista no hizo ninguna modificación al modelo de programa de prevención del estrés por calor, salvo insertar “Florida Orange Gold” en los espacios en blanco y nombrar a Gilberto Gutierrez como responsable de llevar a cabo el plan.

Francisco Bricio, abogado que trabajó con Carlos Vargas Moreno en su caso derechos de los trabajadores agrícolas
Francisco Bricio, abogado que trabajó con Carlos Vargas Moreno en su caso sobre derechos de los trabajadores agrícolas, posa para un retrato en Raleigh, Carolina del Norte, el 18 de septiembre de 2026. Crédito: Kaoly Gutierrez.

“En términos sencillos: un trabajador murió y Florida Orange Gold firmó un documento gubernamental en el que prometía corregir el peligro al que había estado expuesto el trabajador. En cambio, pegaron sus nombres por todo un formulario y nunca volvieron a mirarlo”, dijo Katherine Bricio, quien, junto con su esposo, Francisco, presentó una demanda contra Florida Orange Gold y los hermanos Gutierrez. También fue demandada Howell Farming, la empresa agrícola de Carolina del Norte que contrató al intermediario para traer al estado a Vargas Moreno y otros trabajadores H-2A, y en cuyo campo él quitaba maleza cuando se desplomó. Al cierre de esta edición, Howell Farms no había respondido a una solicitud de comentarios sobre si la compañía seguía contratando a Florida Orange Gold y si había tomado alguna medida desde el golpe de calor de Vargas Moreno para garantizar que la empresa de mano de obra agrícola siguiera un programa de prevención del estrés por calor.

Si se implementa realmente, el plan modelo del NC DOL abarca muchos aspectos: preparación para emergencias, capacitación para detectar enfermedades causadas por el calor y medidas que los empleadores pueden tomar para proteger a los trabajadores. Entre ellas, implementar un sistema de compañeros que se ayuden durante las emergencias, proporcionar bebidas con electrolitos a los trabajadores y usar la herramienta de seguridad ante el calor de OSHA y NIOSH para monitorear el tiempo y acortar las jornadas cuando las temperaturas sean peligrosamente altas.

Según los propios testimonios de los hermanos Gutierrez durante sus declaraciones bajo juramento, Florida Orange Gold no tomó ninguna otra precaución antes de la hospitalización de Vargas Moreno, aparte de proporcionar agua. Incluso años después, los hermanos Gutierrez no podían responder preguntas básicas sobre su propio plan de prevención del estrés por calor.

En declaraciones bajo juramento de mayo de 2024, Gilberto Gutierrez dijo que nadie en Florida Orange Gold era responsable de revisar las condiciones meteorológicas, aunque su nombre aparece repetidamente en el plan de prevención del estrés por calor de la empresa como la persona responsable de hacerlo. Jose desconocía por completo el término “índice de calor” y no sabía qué eran los electrolitos. Ninguno de los hermanos había oído hablar del sistema de compañeros.

“No ha habido mucha rendición de cuentas”

Leticia Zavala suele ser una de las primeras personas en enterarse de las tragedias que sufren los trabajadores agrícolas. Zavala organiza a trabajadores H-2A en Carolina del Norte con el grupo de defensa de los trabajadores agrícolas El Futuro Es Nuestro, que lanzó su campaña Ni Una Muerte Más para abordar las condiciones laborales de estos trabajadores.

Se enteró del caso de Vargas Moreno poco después de su hospitalización. Por trágica que sea su historia, dijo que exactamente lo mismo le ocurrió a otro trabajador H-2A en 2025.

“Anoche estuve en el hospital, visitando a otro trabajador que sufrió un golpe de calor”, dijo Zavala durante una entrevista el 4 de agosto.

Los trabajadores agrícolas tienen 35 veces más probabilidades de morir por enfermedades relacionadas con el calor que los trabajadores de otras industrias y, a medida que las temperaturas se vuelven más extremas debido al cambio climático, los efectos sobre estos trabajadores serán devastadores. Una ola de calor récord ha azotado el sur del país este mes y también a principios de este verano, y las temperaturas nocturnas en todo el país rara vez bajaron de los 80 grados Fahrenheit, un fenómeno que será cada vez más común. Los investigadores ahora estudian los efectos acumulativos del calor en los trabajadores H-2A cuyos cuerpos nunca tienen la oportunidad de descansar o recuperarse por completo porque sus campamentos no tienen aire acondicionado.

Mientras cada año que pasa se convierte en el más caluroso registrado, lo que realmente se necesita es una norma sobre el calor. En julio de 2024, el gobierno de Biden publicó una propuesta de norma que exigía a los empleadores desarrollar e implementar planes de prevención de lesiones y enfermedades causadas por el calor, aunque los empleadores la cuestionaron rápidamente. La propuesta quedó en gran medida estancada, pero en agosto el gobierno de Trump anunció planes para introducir cambios “favorables a las empresas”.

En el ámbito local, quienes defienden a los trabajadores en Carolina del Norte también enfrentan una batalla difícil.

La North Carolina Heat Stress Coalition, integrada por trabajadores, sindicatos y organizaciones como El Futuro Es Nuestro, lleva años presionando al estado para que adopte una norma sobre el estrés por calor. El año pasado, integrantes de la coalición se reunieron con el nuevo comisionado de Trabajo de Carolina del Norte, Luke Farley, quien previamente había dicho que no estaba a favor de adoptar una norma sobre el calor.

Zavala dijo que el comisionado solo les dedicó unos minutos y nunca mencionó que planeaba crear su propio consejo sobre el estrés por calor, dominado por representantes de los empleadores.

“Su consejo es una maniobra política”, dijo Zavala. “Puede afirmar que le preocupan los trabajadores, pero en realidad solo está protegiendo a los grupos de la industria”.

extrabajadora agricola Leticia Zavala de la organización El Futuro es Nuestro, posando para un retrato el 19 de septiembre de 2026 en Carolin a del Norte
La extrabajadora agrícola Leticia Zavala posa para un retrato el 19 de septiembre de 2026. Su organización, El Futuro Es Nuestro, organiza a trabajadores agrícolas en Carolina del Norte, ofrece capacitaciones sobre sus derechos y les enseña a quienes enfrentan condiciones inseguras cómo presentar quejas contra sus empleadores. Crédito: Kaoly Gutierrez.

El Heat Stress Advisory Council de Farley, que se reunió una vez este verano, incluye a grupos de la industria como la North Carolina Growers Association (NCGA), el mayor empleador de trabajadores H-2A del país y una organización vinculada desde hace tiempo con el maltrato de trabajadores agrícolas.

Al cierre de esta edición, la oficina de Farley no había respondido a las preguntas sobre su consejo ni sobre su postura respecto de la implementación de una norma sobre el calor. El NC DOL tampoco respondió a preguntas sobre sus prácticas de investigación, la supervisión de los programas de prevención del estrés por calor y las empresas que infringen repetidamente la cláusula de deber general. La NCGA no respondió a preguntas sobre su trato a los trabajadores ni sobre su papel en el Heat Stress Advisory Council.

Una inspectora de cumplimiento de seguridad del NC DOL que había investigado previamente a Florida Orange Gold dijo en su declaración bajo juramento que es importante iniciar una investigación inmediatamente después de una lesión grave para que los empleadores no tengan tiempo de “limpiar la escena”. Esa misma empleada del NC DOL comenzó su investigación sobre el incidente que casi le costó la vida a Vargas Moreno siete semanas después de que ocurriera. Esto se debió a que los hermanos Gutierrez no informaron a la agencia sobre la hospitalización de Vargas Moreno. La ley exige notificarla en un plazo de 24 horas, y fue el abogado Francisco Bricio quien hizo la llamada el 2 de septiembre de 2022.

“Trágicamente, casi todos los años mueren trabajadores agrícolas, pero es difícil decir que Carlos es ‘afortunado’”, dijo Jacobson, abogado de Vargas Moreno en su caso migratorio. “Creo que la intención de Florida Orange Gold era dejar a Carlos en el hospital y no contarle a nadie lo que había pasado”.

En el caso de Vargas Moreno, el NC DOL finalmente determinó que Florida Orange Gold no estaba siguiendo su programa de prevención del estrés por calor y que había vuelto a infringir la cláusula de deber general. Por estas y otras infracciones, el departamento propuso una multa de más de $42,000 al contratista y volvió a exigirle que implementara un programa de prevención del estrés por calor.

Más allá de esas multas, “no ha habido mucha rendición de cuentas”, dijo Jacobson. “Mientras tanto, Carlos tiene opciones limitadas en cuanto a las acciones que puede emprender conforme a la ley”.

Aunque Vargas Moreno finalmente ganó su caso de compensación laboral, su reclamo fue rechazado inicialmente. Francisco Bricio dijo que Florida Orange Gold primero negó que sus lesiones estuvieran relacionadas con el trabajo y luego negó que su lesión cerebral estuviera relacionada con la hipertermia. El mes pasado, la demanda civil del trabajador fue desestimada, pese a lo que Francisco Bricio describió como “registros falsos y declaraciones juradas fraudulentas” presentados por Florida Orange Gold. Entre ellos hay declaraciones juradas de 2024 de trabajadores H-2A que afirmaban haber recibido capacitación sobre estrés por calor antes del golpe de calor de Vargas Moreno. Sin embargo, muchos de esos mismos trabajadores habían declarado bajo juramento en noviembre de 2022 que no habían recibido esa capacitación.

Tan recientemente como este mes, Florida Orange Gold buscaba contratar a 700 trabajadores H-2A en Carolina del Norte. Jacobson dijo que le preocupa el trato que reciben estos trabajadores, pero que la empresa había rechazado los esfuerzos previos de su oficina para acercarse a ellos.

En Carolina del Norte, los trabajadores agrícolas generalmente tienen el derecho legal de recibir visitas en las viviendas proporcionadas por sus empleadores. Pero, según Jacobson, en incidentes que se remontan al menos a 2019, Jose Gutierrez y miembros de su familia han agredido verbal y físicamente a Jacobson y a otros empleados y voluntarios de Legal Aid por intentar hablar con los trabajadores.

Podría sostenerse que contratistas de mano de obra agrícola como Florida Orange Gold operan con impunidad porque se lo permiten los legisladores, los propietarios de tierras, las agencias estatales y federales y los funcionarios locales. Los registros relacionados con el caso de Vargas Moreno ofrecen una perspectiva singular de cómo sucede esto.

En los procesos judiciales, los abogados discuten quién tiene el deber de garantizar la seguridad de los trabajadores H-2A y si el trabajo agrícola extenuante bajo un calor extremo es realmente peligroso. La posibilidad de que un trabajador lesionado acceda a atención médica depende de la diferencia entre una “recomendación” y una “exigencia” de seguridad, sin importar que esa pequeña medida pueda salvarle la vida.

Casi en ninguna parte de este sistema se expresa el deseo de hacer las cosas mejor, de mejorar las condiciones laborales, de crear una norma sobre el calor para que los trabajadores no sufran lesiones catastróficas ni regresen con sus familias en bolsas para cadáveres.

Romero Arellano dijo que su motivación para hacer pública su historia es la esperanza de que lo ocurrido a su familia cambie estas condiciones.

“Las personas que tienen el poder necesitan hacer algo para que lo que le pasó a Carlos no le pase a nadie más”, dijo. En cuanto a su esposo, Romero Arellano afirmó: “La justicia es imposible”.

Este reportaje se publicó en colaboración con The Guardian US y Prism.

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Tina Vásquez es editora de reportajes en Prism. Cubre temas de justicia de género, derechos laborales e inmigración.

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