Cuando Noé Merida viajó a Estados Unidos por primera vez a los 18 años, de la mano de su padre, estaba lleno de sueños y curiosidad.
“El primer año era como de emoción porque decía, ‘Guau, voy a conocer Estados Unidos’. Y nunca salía de mi pueblo así”, contó Merida a Enlace Latino NC.
Originario de Morelos, México, Merida es actualmente un trabajador agrícola en Carolina del Norte con visa H-2A. Este programa permite a campesinos extranjeros laborar temporalmente en la agricultura estadounidense.
Hoy, con 51 años y 25 temporadas agrícolas, dice que no cambiaría el camino que eligió: trabajar en el campo estadounidense para apoyar a su familia e hijos en México.
“Bajo este programa he podido mantener a mi familia y salir adelante”, dijo Noé. Él es uno de los aproximadamente 15,000 trabajadores agrícolas con esta visa en el estado en 2023, la mayoría otorgada a Mexicanos.
Un sacrificio por la familia
Después de trabajar junto a su padre en los campos de tabaco de Carolina del Norte, a los 19 años decidió continuar trabajando por su cuenta.
Probó su suerte en Maryland, reparando campos de golf por casi un año, pero pronto regresó a los campos agrícolas de Carolina del Norte, donde podía trabajar por temporadas y pasar unos meses con su familia.
En sus primeros años, Merida enfrentó barreras típicas: el idioma, la nostalgia, el ritmo exigente del trabajo agrícola.
“El choque cultural, la barrera del idioma, estar lejos de tus costumbres… cuesta”, admitió. “Uno extraña la familia, la comida, todo. Pero poco a poco te adaptas. Aprendes a ver lo bueno”.
Con el tiempo aprendió a moverse entre dos mundos: el del campo estadounidense y el de su familia en México, aunque con dificultades.
“Me resultaba difícil estar tanto tiempo sin verlos”, dijo. “Cumpleaños, graduaciones, logros… todo eso te lo pierdes”.
La distancia afectó su relación con sus hijos, especialmente con el menor, que en sus primeros años no lo reconocía como su padre.
“Cuando mi hijo, el mayor, tenía uno o dos años y ya empezaba a hablar, siempre había convivido con los hermanos de mi esposa y con mis hermanos allá en México. Cuando llegaba a la casa me decía ‘tío’, yo le decía ‘no soy tu tío, yo soy tu papá’. No, ‘tío’ me decía, porque realmente nunca estuve ahí”, recordó Merida.
Pero Merida habla de su sacrificio como una decisión. El está orgulloso de haber elegido caminar por un sendero duro para que sus hijos pudieran correr por uno más libre.
“Un año más y el último hijo se me gradúa de la universidad”, dijo Merida quien tiene un hijo de 23 y otro de 20 años. “Son los primeros graduados”.
Aunque tuvo la opción de llevarlos a trabajar con él en el campo, nunca lo consideró seriamente.
“Yo no quiero que pasen lo mismo que estoy pasando yo. Y si ellos tienen la oportunidad de salir adelante de otra manera y mejorar su calidad de vida en su mismo país, pues está muy bien”, añadió.
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Noé Merida, la vida en el campo
A lo largo de 25 años, Noé Merida ha trabajado con solo dos granjeros.
Primero, durante 19 años, en Lewisburg, cerca de Broadway. Ahora, en una finca más al norte, donde su jefe le pidió que se quedara de manera más permanente.
“He tenido buena suerte con mis patrones. Siempre me han tratado con respeto”, dijo.
Aunque su historia ha sido relativamente estable, Merida reconoce que no todos corren con la misma suerte. La vida en el campo puede ser dura, incierta y, para muchos, marcada de desgastes físicos y abusos de poder por los granjeros.
“El trabajo físico es muy desgastante, pero lo que más te afecta es la ausencia de la familia”, dijo Noé Merida sobre su experiencia.
Pero él valora la estabilidad y la rutina que ha construido con los años. Su temporada comienza en octubre y se extiende hasta diciembre, meses de cosecha intensa, pero también de reencuentros con colegas que, como él, regresan cada año al mismo campo.
“El campo tiene su ritmo, su comunidad. Nos conocemos, nos apoyamos. Hay compañerismo”, añadió.
Merida también recordó con orgullo que su granja ha ganado varias veces el honor de llevar el árbol de Navidad a la Casa Blanca.
“Es emocionante saber que algo de aquí, del trabajo que hacemos, llega a un lugar tan importante. No es solo un árbol, son varios, y saber que participamos en algo tan especial es un orgullo”, dijo Merida.
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Evolución del cuidado de la salud
Merida ha sido testigo de cómo ha cambiado el acceso a servicios para los trabajadores agrícolas en el estado.
“Los primeros años, yo no recuerdo haber sabido que había una institución que te pudiera ayudar a atenderte, tal vez una gripa, un dolor de muela, un malestar estomacal”, recordó.
“A lo largo de este tiempo yo he visto la evolución que ha habido en el cuidado para los trabajadores agrícolas, y ha sido de un 10 a un 100 de diferente”, dijo resaltando la ayuda de organizaciones sin fines de lucro.
La atención médica, dice, no solo ha sido escencial para el cuerpo, pero también para la salud mental.
A pesar de los avances, para muchos trabajadores agrícolas, especialmente aquellos indocumentados, obtener atención médica básica puede ser mucho más difícil debido al temor, la falta de información o las barreras legales y económicas.
La cosecha de sus frutos
Cuando no está trabajando, Merida regresa a su hogar en Morelos, donde lo esperan su esposa y sus dos hijos.
A Merida todavía le queda energía para unas temporadas más. Pero su legado ya está sembrado.
“Para mí ha sido algo muy beneficioso, porque si yo me hubiera quedado en México, a lo mejor no podría haber logrado lo que he logrado”, dijo Merida. “Me hubiera costado mucho más trabajo o no hubiera logrado mis metas de tener una casa, de que mis hijos se graduaran de la universidad y que pudiéramos tener todas las comodidades que tenemos”.
Después de tantos años de trabajo, Merida tiene el sueño de construir otra casa en Morelos y retirarse allí, rodeado de su familia y las raíces que nunca ha dejado de lado.
“Estábamos comprando unos terrenos más aparte de lo que tenemos para hacer otra casa”, dijo Merida. “Hacer otra casa para ya cuando estemos viejitos. Retirarse en un lugar más tranquilo”.
Aunque sus hijos ya están construyendo su propio futuro, para Merida, retirarse en México será el verdadero cierre de su historia en los campos.



