Dulce Miriam Porras se siente preocupada. Daniel Rueda piensa que da igual: él tendrá que seguir trabajando. Para Tomás Tocoa los próximos meses serán decisivos. Silvestre piensa que el resultado fue excelente. Y María Guadalupe tiene miedo.
Las reacciones de la comunidad migrante sin estatus legal definido en el oeste de Carolina del Norte son dispares y demuestran -una vez más- que la comunidad latina es diversa y que todo intento por generalizar puede resultar simplista.
Entre los latinos ciudadanos americanos que ejercieron su derecho al voto, las cifras (no oficiales) lo demuestran: según los boca de urna, el 45 por ciento de los votantes registrados como latinos/hispanos votaron por el presidente electo Donald Trump y el 55 por ciento por Kamala Harris.
Aunque la demócrata ganó en cantidad de votos, lo cierto es que el republicano aumentó su base latina en relación con su anterior elección.
Pero volvamos a quienes no pueden votar y deben hacer frente a este resultado -tanto como si jamás hubieran votado por Donald Trump o si hubiesen querido hacerlo.
Si les gusta el partido demócrata o el republicano, o si les da lo mismo. La pregunta es: qué esperan y cómo se sienten los migrantes indocumentados frente a la nueva realidad política del país.
Decepción, tristeza y resistencia comunitaria
“Sinceramente estoy aquí en mi cama, con un gran dolor de cabeza y de estómago. Y creo que pues sí fue por la noticia de saber quién es el nuevo presidente”, me cuenta Dulce Miriam Porras, una mujer mexicana de 38 años que tiene dos hijos ciudadanos estadounidenses y una vida de trabajo social y comunitario en Asheville.
Dulce llegó a Carolina del Norte hace unos 20 años, vive en un parqueadero de casas móviles que funciona como una cooperativa – todos son dueños colectivos de la tierra- y es líder “Semilla de vida”, un proyecto “para recuperar la tradición ancestral de la siembra y construir conciencia colectiva sobre la justicia alimentaria, el cambio climático y la resiliencia comunitaria”.
Desde el huracán Helene ha estado trabajando sin pausa para compartir recursos con las comunidades latinas más afectadas de la zona.
“Creo que me siento preocupada porque es el regreso de un presidente que es abiertamente xenófobo hacia la comunidad inmigrante, que es autoritario y que trae un discurso de odio”, dice.
Su hija votó por primera vez en estas elecciones. Dulce, que había sentido orgullo, ahora ve ese sentimiento teñirse de decepción hacia el partido en el que depositó sus esperanzas y que le recomendó a su hija.
“Han tenido tantas oportunidades para tomar mejores decisiones sobre sus candidatos, sobre su estrategia política, y no lo han hecho.”
Pero como organizadora comunitaria, y aunque hoy se sienta decepcionada, Dulce también piensa en el futuro.
“Siento que será una oportunidad para que nuestra comunidad pueda atravesar el reto del odio y de la persecución que vamos a recibir en este mandato presidencial. Una oportunidad para organizarnos y estar juntos”.
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“Un resultado excelente”
Silvestre estaba trabajando en construcción ayer cuando hablamos por teléfono. “Yo pienso que todo está bien, que pase lo que tenga que pasar y que cada presidente cumple lo que tiene que cumplir”, afirmó.
Para él -que lleva décadas en Estados Unidos- el resultado de las elecciones “fue excelente”.
A Silvestre lo conocí en un evento organizado en Asheville para protestar contra el proyecto de ley HB 10 -una iniciativa republicana que dispone la colaboración obligatoria de todos los alguaciles con ICE en Carolina del Norte-.
Así que le pregunté qué piensa sobre las promesas del ahora presidente electo sobre llevar a cabo una deportación masiva.
“Pues yo pienso que cada presidente cumple lo que tiene que cumplir, que es lo correcto, y que debemos tener fe en Dios”, afirmó.
Un país para los hombres
Tomás Tocoa –mexicano, administrador de Pasa La Voz Asheville y Alrededores, migrante sin papeles– cree que lo más importante en este momento es esperar para ver cómo van sucediendo las cosas en los próximos meses. \

“Hay mucha incertidumbre, mucho miedo, mucha decepción, pero tenemos que esperar para ver si en verdad va a hacer lo que prometió. Porque la promesa está, pero esperemos a ver cómo va a cumplir su promesa de una deportación masiva”, dice Tomás y reflexiona “otra cosa es el miedo y el odio que puede generar”.
Para él es claro: el país no está preparado para una mujer presidente.
“Nosotros pensamos que Kamala podría ganar, pero creo que tuvo mucho que ver que la candidata sea mujer porque en las dos últimas elecciones que ganó Trump derrotó a una mujer”, dice.
Además, Tocoa reflexionó sobre el impacto del género y la raza en la política estadounidense.
“Tal vez Hillary Clinton, por ser blanca, tuvo más, aunque era mujer, pero era blanca, tuvo más simpatía que Kamala siendo mujer y siendo de color”.
“El Estados Unidos machista está saliendo a flote”, finaliza.
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Ni Pepsi ni Coca-cola
Unos días antes de las elecciones, Daniel Rueda -migrante mexicano, beneficiario de visa U, sin posibilidad de votar- fue claro: “Gane Kamala o gane Trump yo voy a tener que seguir trabajando”.
Su casa fue tragada por el río durante el huracán Helene en Swannanoa, un pueblo del condado de Buncombe –aquí contamos su historia-, y para Daniel todo lo que puede hacer es levantarse y seguir trabajando.

No cree que el resultado de las elecciones le modifique la vida, ni para bien ni para mal.
“Primeramente, además, los dos tienen cosas buenas y cosas malas. Es como estar hablando de la Pepsi y la Coca-cola, sabemos que las dos hacen mal pero las seguimos tomando. A uno le puede gustar más una u otra, pero al final son lo mismo”, comenta en conversación con Enlace Latino NC.
Antes de cortar la comunicación, vuelve a repetir: “Puede que me ayude o me afecte en algo, pero yo tengo que trabajar igualmente todos los días”.
“Tengo miedo a salir de mi casa”
María Guadalupe vive en el parqueadero de casas móviles Eden Glenn -Weaverville, condado de Buncombe- y tiene miedo.
“Yo casi no salgo nunca de mi casa. No sé si esto le pasa a todos los inmigrantes sin papeles o solo a mí, pero me da miedo manejar, prefiero quedarme en mi casa”. Se refiere al hecho de no contar con una licencia de conducir y la posibilidad de ser detenida por la policía.
Ante la pregunta sobre cómo se siente ahora con el resultado electoral, María Guadalupe cuenta que el miedo es más grande.
“Pues sí, realmente ahora con todo lo que están diciendo, que va a haber más vigilancia, que probablemente nos van a deportar, la verdad no sé qué pueda pasar”.
Dice que siente incertidumbre y temor. Ella es de Michoacán y migró a Estados Unidos junto a su pareja escapando de la violencia en su lugar de origen.
“No me vine por necesidad económica sino por la inseguridad de México y entonces ahorita me da temor que si pasa lo que dicen tengo que regresarme”.
Ayuda comunitaria
El temor ha llevado a María y muchos de sus vecinos a no salir del vecindario en busca de ayuda y recursos disponibles para la comunidad por la devastación provocada por Helene el pasado 27 de septiembre.
“Fíjese que hace no he ido mucho a pedir ayuda, ¿verdad? Debido a que no me siento muy segura para manejar, entonces no he salido mucho”, dice.
En general la ayuda recibida en su parqueadero ha sido llevada por grupos voluntarios.
María Guadalupe cuenta que se animó hace unas semanas a ir a un centro de donaciones.
“Me invitaron a recoger unas cosas que estaban regalando. Y busqué algunas cosas y una chamarra. Pero ya cuando iba caminando, se me acerca una americana y me dice que tengo que dejar la chamarra, casi me la quitó de las manos. Yo me sentí muy mal, de verdad me dieron ganas de llorar”.
Después de ese confuso episodio, María ha decidido quedarse en su casa, mantener un perfil bajo y esperar que las promesas del electo presidente no se conviertan en una realidad.
Población inmigrante indocumentadas
En Estados Unidos residen entre 10.5 y 12 millones de inmigrantes indocumentados, lo que representa aproximadamente entre el 3.2% y el 3.6% de la población total del país.
En tanto, en Carolina del Norte la población de inmigrantes indocumentados se ha mantenido relativamente estable en los últimos años, situándose en torno a las 300,000 personas.



