Hasta hace apenas unas semanas, cada jueves Catalina Noreña cargaba su camioneta con verduras frescas, cajas de tomates, arándanos, cilantro, frijoles, y salía a recorrer los caminos montañosos del condado de Transylvania. Eran las rutas de la Caja Solidaria, una organización comunitaria que entregaba alimentos saludables —no donaciones, sino prescripciones médicas de comida— a cientos de familias con barreras de movilidad, bajos ingresos o enfermedades crónicas.
Todo eso terminó el 30 de junio.
Ese día, el estado suspendió oficialmente el programa piloto Healthy Opportunities (HOP), que durante tres años permitió a organizaciones como la Caja operar como farmacias de alimentos en zonas rurales, a través del sistema de Medicaid.
El corte de fondos dejó sin respaldo a más de 43,000 personas en Carolina del Norte, incluyendo unas 10,900 en el oeste del estado. También alteró por completo la operación organizaciones en la región y puso en riesgo empleos, cultivos y redes de apoyo forjadas en torno a la salud comunitaria.
“Nosotros no damos comida gratis. Apostamos a una filosofía donde creemos ciegamente que la comida es medicina”, explicó Catalina Noreña, integrante del equipo de liderazgo de Caja Solidaria en Brevard, en entrevista con Enlace Latino NC.
“Cuando se fueron los fondos, fue un golpe durísimo. Tuvimos que parar todo y repensar desde cero cómo seguir adelante”, dijo.
Hoy, Caja Solidaria se reinventa como programa de membresía colectiva, retomando su modelo original nacido en 2020. Las familias que antes recibían sus alimentos como parte del piloto HOP ahora deben contribuir según sus posibilidades, en un esfuerzo por sostener la operación con apoyo local.
“Todo el mundo aporta algo. El que puede dar 5 dólares da eso, y el que puede dar más ayuda a subsidiar a otros”, explicó Noreña.
Pero la transformación de Caja Solidaria es también una señal de algo más amplio: el vacío que deja el cierre de HOP en una región que apenas empieza a recuperarse del huracán Helene, donde la distancia, la pobreza y la salud están profundamente entrelazadas.
Un experimento nacional en Carolina del Norte
HOP fue el primer programa integral del país en probar —y evaluar— si intervenciones sociales concretas podían mejorar la salud de personas con Medicaid.

La idea: financiar alimentos frescos, vivienda segura, transporte y prevención de la violencia interpersonal para prevenir enfermedades y reducir gastos médicos.
El enfoque se basaba en evidencia que muestra que hasta el 80 % del bienestar de una persona depende de factores no médicos.
El programa comenzó en 2022 como piloto en tres regiones rurales de Carolina del Norte: el oeste (coordinado por Impact Health), el noreste (liderado por Access East, Inc.) y el sureste del estado (bajo Community Care of the Lower Cape Fear), según datos oficiales del Departamento de Salud y el mapa de regiones de HOP.
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El programa en la zona oeste del estado
En el oeste, Impact Health lideró una red de más de 60 organizaciones comunitarias de servicios humanos. Entre marzo de 2022 y enero de 2025, en esta región se distribuyeron 144,595 cajas de alimentos saludables, se ofreció ayuda en vivienda y transporte, y se brindaron más de 283,000 servicios en total.
El ahorro estimado en atención médica fue de más de 1,000 dólares por persona al año, según el informe HOP Year-End Report de 2024.
Además de su impacto en salud, el programa fue un motor económico.
Según un análisis económico publicado por Impact Health, la inversión de 75 millones de dólares en el oeste del estado generó 114 millones en actividad comercial y creó 898 empleos en sectores como agricultura, construcción, salud y alimentación.
“El programa piloto Healthy Opportunities finalizó el 30 de junio tanto en el oeste de Carolina del Norte como en las otras dos regiones piloto donde estaba operando”, informaron a Enlace Latino NC desde Impact Health.
“Mantenemos la esperanza de que HOP sea incluido en el presupuesto final y se puedan reanudar los servicios, pero aún no tenemos certeza sobre el futuro del programa.”
Aunque el piloto se cerró, Impact Health confirmó que mantiene su compromiso de brindar asistencia técnica y capacitación continua a las organizaciones comunitarias que participaron, incluidas las que trabajan con la comunidad latina.
Más que alimentos: salud, dignidad y comunidad
Caja Solidaria fue uno de los proveedores seleccionados para operar bajo el piloto. Su mercado comunitario no entregaba bolsas prefijadas ni productos industrializados: ofrecía frutas, verduras, granos y proteínas frescas de producción local, todo según las necesidades médicas de cada familia.
“Llegábamos con nuestra camioneta, abríamos puertas. Estaba todo divinamente presentado y las personas hacían su mercado directo desde el camión”, contó Noreña. “Era comida fresca, digna. Estar ahí no era pedir ayuda. Era estar en comunidad”.
Menos rutas, más decisiones difíciles
Hasta el cierre del programa, la organización atendía a unas 530 familias por semana entre los condados de Henderson y Transylvania, con 12 rutas de entrega activas y tres plazas de mercado. Muchas de esas familias viven en zonas rurales, sin transporte propio ni acceso cercano a supermercados.
Tras la interrupción del financiamiento, el equipo tuvo que reducir la operación a lo esencial. En Brevard, apenas ocho familias continúan recibiendo entrega a domicilio: personas mayores, con enfermedades crónicas o barreras severas de movilidad. Las demás deben acercarse a la nueva placita solidaria, que funciona los jueves por la tarde en Railroad Avenue.
En Hendersonville, donde la demanda es mayor, se identificaron 72 familias con alto riesgo de inseguridad alimentaria. De ese grupo, 20 siguen recibiendo entregas a domicilio a través de rutas ajustadas. El resto fue incorporado a un sistema de recogida semanal.
“Nos tocó hacer un ejercicio muy grande de priorizar. A quienes tienen vehículo, les acomodamos el horario. Pero los costos de operación ya no permiten hacer todas las rutas”, explicó Noreña.
Lo que se pierde cuando se corta una red
El momento más difícil, dijo, fue comunicar que todo eso se terminaba. “Tuvimos que hacer una ronda de llamadas y mensajes. Decirle a cada agricultor, a cada proveedor, que ya no íbamos a poder seguir comprándoles. Había quienes ya habían sembrado sabiendo que teníamos pedidos grandes para julio, agosto, septiembre. Habían contratado personal. Fue devastador”.
Esa cadena de producción —invisible para muchos, pero vital para los pequeños productores locales— fue una de las primeras en quebrarse con el cierre del programa.
Según el análisis económico publicado por Impact Health, la inversión de 75 millones de dólares en el oeste del estado generó 114 millones en actividad comercial y más de 22 millones en salarios. Solo el gasto en alimentos representó 74 millones de dólares.
El fin del programa no solo interrumpió un servicio social: también cortó una fuente de ingresos directa para productores locales.

El perfil de las familias beneficiarias también muestra una realidad estructural. “Muchas son mamás que no trabajan, que el papá se va todo el día y solo tienen un vehículo. Entonces, ¿cómo va a ir al mercado? ¿Cuándo?”, planteó Noreña. Para ellas, la Caja era también compañía, vínculo, rutina.
En total, cerca del 50 % de las familias atendidas por Caja Solidaria en ambos condados pertenecen a la comunidad latina. “El nombre es en español porque así surgió, pero aquí estamos para todos. Tenemos personas de todos los colores, tamaños, sabores, acentos de todas partes”, explicó. “Por eso tenemos también personal bilingüe siempre en el equipo”.
Pese a todo, el equipo decidió no detenerse. Con el fin de HOP, regresaron al modelo solidario original de 2020, en el que cada miembro aporta lo que puede. “Yo le estoy apostando al poder que tiene la comunidad”, dijo Noreña. “A ese amor colectivo que existe en este pueblo”.
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Una decisión política, una respuesta comunitaria
En junio, representantes de Caja Solidaria viajaron a Raleigh para reunirse con legisladores. Querían explicar la magnitud del programa y las consecuencias de su interrupción. “Había muchas personas que no tenían ni una sola idea del programa del piloto de oportunidades saludables”, recordó Noreña. “Muchas personas decían: ‘Pero si hay otras despensas gratis de comida, pues que vayan allá’”.
Para ella, esa comparación no refleja la realidad. “Nosotros todo lo hacemos fresco, lo compramos directamente de los agricultores. Y esa es la parte que queda como difícil de explicar, porque hay muchas veces cuando se confunde el servicio con la caridad y se pierde esa parte de la dignidad y el respeto por el ser humano”.
Según confirmó Impact Health a Enlace Latino NC, el Senado estatal incluyó en su borrador presupuestario una propuesta de financiamiento mínimo para extender el programa. Pero la Cámara de Representantes no la consideró.
En respuesta a una consulta de este medio, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Carolina del Norte (NCDHHS) explicó que los servicios del programa se detuvieron el 1 de julio de 2025 por falta de fondos.
Aun así, el propio Departamento defendió públicamente la efectividad del piloto: aseguró a Enlace Latino NC que HOP “ha demostrado ser una forma fiscalmente responsable de reducir los costos de atención médica”, con un ahorro estimado de 1,020 dólares por persona al año.
También destacó que el programa ayudó a construir una infraestructura duradera entre el sistema de salud y los servicios sociales, mejorando el acceso a vivienda, alimentación y transporte para miles de personas.
“Nuestro equipo está preparado para reanudar operaciones cuando se disponga de fondos”, concluyeron.
Y aunque técnicamente todavía existe una chance de que los fondos se incluyan en el presupuesto final que apruebe la Asamblea General, las organizaciones como Caja Solidaria no tienen mucha esperanza.
Resiliencia desde el desastre
Cuando el huracán Helene azotó el oeste de Carolina del Norte en septiembre de 2024, Caja Solidaria fue una de las primeras organizaciones en llegar a ciertas comunidades remotas con ayuda concreta.

“Muchas de nuestras familias de la Caja Solidaria, la primera persona que vieron una semana después del desastre fue a mí. Yo llegué allá con el mercado móvil, con agua, con baterías, con estufas, con propano… porque no había internet, no había teléfonos, no había nada”, recordó Noreña.
Esa experiencia, asegura, los marcó. “Nos dimos cuenta que al final somos una comunidad pequeña y nos tenemos que apoyar entre todos”, dijo. “Yo le estoy apostando al poder que tiene la comunidad. A lo que yo vi aquí después del huracán. A ese amor colectivo que existe en este pueblo”.
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