En medio de la pandemia inmigrantes continúan en santuario en Carolina del Norte

Patricia Ortiz 18 agto., 2020
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Durante la pandemia, el pastor José Chicas, se contacta en vivo por Facebook, con los miembros de su congregación todos los días y Juana Luz Tobar Ortega se ha pasado cosiendo mascarillas y bolsas./ Cortesía para Enlace Latino NC

CAROLINA DEL NORTE, Charlotte- Ya pasaron tres años desde que las leyes de inmigración obligaron a varios inmigrantes de Carolina del Norte a tener que vivir en santuario, para evitar ser deportados y separados de sus familias.

Refugiados en iglesias y enfrentando una pandemia, Juana Luz Tobar Ortega y el pastor José Chicas, deben continuar sus vidas privados de la libertad, y por ahora, sin ninguna esperanza de recuperarla.

Inmigración considera las iglesias como uno de los “lugares sensibles”, a los que no ingresarían para arrestar a una persona.

Como Juana y el pastor Chicas, muchos inmigrantes con records migratorios o de delitos menores antiguos, se convirtieron en “objetivos” de las autoridades de Inmigración luego del endurecimiento en las leyes de inmigración que trajo el cambio de gobierno.

No se arrepiente de estar en “santuario”

“Cada día es más difícil, ya estamos cansados de esta situación y sin ver ningún cambio que ayude en mi caso”, manifestó Juana a Enlace Latino NC.  “Pero no me arrepiento de haber tomado esta decisión de estar en santuario, porque puedo ver a mi familia, eso es lo que me ayuda a seguir adelante”, añadió.

Juana, de origen guatemalteco, fue la primera inmigrante que tuvo que entrar en “santuario” en Carolina del Norte, para evitar ser deportada.  El 27 de mayo cumplió tres años desde que se refugió en la Iglesia Episcopal San Barnabas en Greensboro.

Juana, se convirtió en la “cara” del “movimiento santuario” que surgió en el país, con el endurecimiento de las leyes migratorias del gobierno del presidente Donald Trump. Con su historia también fue protagonista de un documental sobre el movimiento santuario y ha inspirado  a otros inmigrantes en la misma situación.

“Espero que mi historia pueda ayudar a otra personas, he hablado con algunas que han entrado en santuario, como Rosa Cruz, ella vino antes de tomar esa decisión”, comentó la inmigrante.

Juana vivía en la localidad de Asheboro con su esposo, quien es ciudadano estadounidense, y sus cuatro hijos, dos de ellos nacidos aquí y dos que tienen DACA.

Cose a máquina para sentirse útil

Durante 23 años ha sido integrante activa de una iglesia pentecostal, y trabajó durante los últimos ocho años antes de entrar en “santuario”, en una empresa textil en High Point como operadora de máquinas de coser.

Esta experiencia le ha servido desde que comenzó la pandemia, para elaborar mascarillas y poder así ganar algún dinero, así mismo cose bolsas que una amiga le ayuda a vender.

“Así puedo ayudar en algo a mi familia y para algunos de mis gastos personales”, anotó.

Juana, se convirtió en la “cara” del “movimiento santuario” que surgió en el país, con el endurecimiento de las leyes migratorias del gobierno del presidente Donald Trump/Cortesía para Enlace Latino NC

En estos últimos tres años, una de sus hijas y su hijo menor, se graduaron de la secundaria, mientras que su hija mayor le dio a su nieto Josué que nació el 1ro de enero y es motivo de alegría para ella.

No tuvo otra opción

Juana llegó de Guatemala en 1992, tras haber sido amenazada por combatientes armados, y solicitó asilo. En 1994 su solicitud fue negada, pero después Inmigración le dio un permiso de trabajo mientras apelaba su estatus, lo cual demoró seis años.

Su caso se complicó cuando en 1999 su hija mayor se enfermó gravemente, y decidió abandonar el país y sin solicitar permiso para cuidar de ella. Esto hizo que Inmigración negara la apelación, y en 2011 la detuvo, pero una semana después la dejó libre.

Desde entonces Juana tuvo que reportarse cada año con el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) en Charlotte.

Pero en abril de 2017 ICE negó la súplica de su abogado para una suspensión de deportación, le pusieron un dispositivo de rastreo y le notificaron que tendría que salir del país voluntariamente dándole como fecha límite el 31 de mayo.

Juana se recluyó en la iglesia tres días antes del plazo, con la ayuda de organizaciones como el Comité de Servicio de Amigos Americanos (AFSC).

Chicas confía en un cambio en las leyes

El pastor José Chicas ingresó a santuario el 27 de junio de 2017, y desde entonces vive en una casa de propiedad de la Escuela de Conversión de la Iglesia Bautista St. John´s Missionary en Durham.

“Lo más difícil de estar aquí, ha sido vivir lejos de mi hogar, de mi familia”, expresó Chicas a Enlace Latino NC. “Pero me siento bien y tranquilo gracias a Dios, y aunque no hay ninguna esperanza de que pase algo con mi caso, confiamos de que pronto haya un cambio en las leyes y Dios abra una puerta”, manifestó Chicas.

Según el pastor, sus abogados le han dicho que no pueden hacer nada, porque no hay “luz verde” para avanzar en su caso.

https://www.facebook.com/jose.chicas.9041/posts/632553594126676


Su familia y su fe en Dios lo sustentan

Durante estos tres años varios grupos y organizaciones proinmigrantes, junto a su familia realizaron vigilias, manifestaciones, y pedidos a congresistas para presionar por la liberación de Chicas, Juana y otros cuatro inmigrantes que estuvieron en santuario en este estado.

“Ahora el único apoyo que tengo es de la comunidad americana, de los latinos no lo tengo”, mencionó.

La situación económica de la familia del pastor, es aún más difícil, pues Sandra es el único sustento del hogar con su trabajo de limpieza en una institución universitaria, mientras que Chicas gana algo de dinero lavando autos de la comunidad que lo apoya, en el estacionamiento de la iglesia.

“Me lleno de paciencia ante el encierro porqué sé que mi familia me necesita. Y Tengo todos los días la misma rutina, leo la Biblia, oro y camino por la iglesia, y a veces lavo uno que otro carro”, comentó.

También recibe visitas de su familia algunas veces en la semana, y se comunica de lunes a viernes a través de Facebook en vivo con personas de su congregación para orar y leer un pasaje de la Biblia.

“Yo no me acongojo, no saco nada con hacerlo, porque lo primero es mi fe en Dios, quien me sustenta y fortalece y es la única salida que tenemos”, puntualizó Chicas.

¿Cómo llegó a esta situación migratoria?

De origen salvadoreño, Chicas vive en este país hace más de 35 años, y está casado con Sandra Marquina, tienen cuatro hijos, tres de ellos ciudadanos estadounidenses, y uno beneficiario del programa DACA.

El caso de Chicas se remonta a 1985, cuando con 20 años de edad, huyó de su país que enfrentaba una guerra civil, para tratar de buscar asilo en Estados Unidos, pero fue detenido por Inmigración.

Tras pagar una fianza, fue liberado, pero debido a malos consejos legales, nunca se presentó en la corte, lo que generó una orden de deportación en ausencia, de la cual dijo, no tuvo conocimiento.

Eventualmente se radicó en Raleigh y viajaba regularmente a la oficina de Inmigración en Charlotte para reportarse. Obtuvo un número de Seguro Social, permiso de trabajo y licencia de manejar.

Pero en la primavera de 2017, en uno de sus chequeos regulares, Chicas fue informado por el Servicio de Control Inmigración y Aduanas (ICE), de que tenía un mes para salir del país y regresar a El Salvador.

Desde ese momento comenzó la lucha de Chicas por evitar ser deportado, pues para él y su familia, estar separados no era una opción.

Chicas pastoreaba la Iglesia Evangélica Jesús el Pan de Vida, en Raleigh, y trabajaba de custodio de otra iglesia local.

El pastor cree que se convirtió en objetivo del ICE con el cambio de gobierno, por un antiguo récord. En los 90, antes de que su esposa y él experimentarán su conversión espiritual, Chicas padecía de alcoholismo, y un día fue acusado de manejar ebrio y abuso doméstico.

Otros inmigrantes que salieron de “santuario”

Carmen Ortez Cruz, madre soltera de cuatro hijos, permaneció en “santuario” desde abril de 2018, y recientemente recuperó su libertad.

Rosa fue la sexta inmigrante en refugiarse en una iglesia en Carolina del Norte. La inmigrante de origen hondureño se refugió en la Iglesia de la Reconciliación, ubicada en Chapel Hill, para evitar ser deportada.

El 26 de febrero recibió la noticia de que un panel de jueces de la Corte de Apelaciones del Cuarto Circuito, ordenó a la Junta de Apelaciones de Inmigración (BIA), otorgar la solicitud de retención de expulsión, lo que significaba que no podía ser deportada a su país.

Ortez Cruz huyo de su país, donde su pareja intentó matarla, y solicitó asilo político, el cual le fue negado.

Carolina del Norte se convirtió en su momento, en el estado con más inmigrantes en “santuario”. También estuvieron Oscar Canales, Eliseo Jiménez, Samuel Oliver Bruno, y Minerva Cisneros. Todos ellos permanecieron refugiados en iglesias de Raleigh, Greensboro, Durham y Chapel Hill.

Eliseo Jiménez también continúa en santuario en una iglesia en Raleigh.

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Sobre el autor:

Patricia Ortiz

Periodista multimedia de origen colombiano, con más de 14 años de experiencia en medios de comunicación escritos en Carolina del Norte. Su trabajo periodístico ha sido reconocido con 16 Premios José Marti, por parte de la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP).

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