La estación central del sistema de autobuses de la Ciudad de Asheville es un sitio frecuentado, sobre todo, por la clase trabajadora y por miembros de comunidades minoritarias como la latina, la ucraniana y la afroamericana. Basta con pasar tiempo allí para comprobarlo. Y también para consultar a los usuarios del servicio sobre sus preferencias en la planificación del futuro del transporte en la ciudad.
Eso es lo que la organización Just Economics viene haciendo dos veces por semana: informar a los usuarios sobre la encuesta que lleva a cabo el gobierno de la ciudad y concientizar sobre la importancia de la participación comunitaria.
“Nos preocupa muchísimo el tema porque nos dimos cuenta de que las personas que estaban llenando la encuesta eran, en su mayoría, personas que no utilizan el autobús”, explicó a Enlace Latino NC la organizadora comunitaria Seimy Mendoza de Just Economics.
Y agregó: “Entonces, ¿quién realmente está dando esas opiniones? ¿A quién va a beneficiar este proceso si no es a los usuarios?
Una encuesta para el futuro del autobús
La encuesta forma parte del nuevo plan maestro de transporte público que la Ciudad de Asheville está desarrollando para definir las prioridades del sistema durante la próxima década.
El proceso, abierto hasta el 26 de octubre de 2025, busca la opinión de los residentes sobre dos propuestas: una centrada en la frecuencia —menos rutas, pero con autobuses más seguidos— y otra en la cobertura, que ampliaría el servicio a más vecindarios, aunque con intervalos más largos.
Mendoza advirtió que elegir la primera opción podría dejar fuera a comunidades que dependen del autobús para ir a trabajar o estudiar. “En esa propuesta no se contemplan muchos barrios donde vive la clase trabajadora, como Emma o Shiloh”, señaló.
Para ella, apoyar el modelo de cobertura “es una manera de defender el transporte público como un derecho que nos dignifica y garantiza que nadie quede desconectado de la ciudad”.
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Los dos conceptos: Frecuencia versus Cobertura
La Ciudad de Asheville se encuentra en la segunda fase de su Análisis Operativo Integral para mejorar el transporte público.
Según el informe oficial, los dos modelos presentados “no constituyen recomendaciones finales”, sino “formas muy diferentes de ayudar a la ciudad a comprender qué es más importante para la comunidad y cómo equilibrar los distintos objetivos de cada concepto”.
El modelo de frecuencia concentra el servicio en menos rutas, con autobuses cada 15 minutos en los corredores más transitados, pero “algunas personas en zonas de menor densidad perderían el servicio o tendrían que caminar más”.
En cambio, el concepto de cobertura mantiene rutas en todos los vecindarios, con salidas cada 30 o 60 minutos, “de modo que todos los lugares atendidos hoy seguirían teniendo servicio”.

Foto: Patricia Serrano.
Mendoza explicó que “en la primera opción no se contemplan muchas comunidades que ya han sido desplazadas históricamente en Asheville, como la comunidad afroamericana o los barrios de Emma y Shiloh, donde hoy viven principalmente familias latinoamericanas y ucranianas que dependen del servicio”.
Por eso, Just Economics está alentando a los usuarios del autobús a completar la encuesta antes del 26 de octubre y votar por la cobertura.
“El transporte público es un derecho que nos dignifica, no es un privilegio. Merecemos tener acceso a un transporte que cubra las necesidades de todos en esta comunidad”, afirmó Mendoza.
Cualquier persona que resida en la ciudad de Asheville, sin importar su estatus migratorio, puede participar de la encuesta: Encuesta Sistema de Transporte
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Una forma de conexión comunitaria
Para Mendoza, el transporte público no solo es un medio para moverse, sino una herramienta de conexión y de dignidad. “Hablar de transporte también es hablar de pobreza”, dijo. “Aquí no queremos lidiar con el tema de la pobreza ni reconocer a los vecinos que viven esa situación.”

Ella misma utiliza el autobús todos los días. “Yo lo utilizo para todo: para ir al supermercado, para movilizarme a mi trabajo”, contó.
“Lo que veo es que no hay suficiente diversidad entre las personas que utilizan el transporte público. Se nota que solo está cierto sector de la sociedad, y es un sector que sufre mucho.”
Muchos trabajadores de la comunidad latina usan el servicio para llegar a sus empleos en hoteles y en servicios de limpieza, especialmente en lugares como el Biltmore House. A diario, personas que viven en zonas más alejadas, como Swannanoa o Emma, toman el autobús de las 5:30 de la tarde para llegar a sus turnos nocturnos.
“Tenemos personas en Emma que incluso usan el autobús para ir a la iglesia los domingos a misa en Downtown”, relató Mendoza. Sin el servicio perderían esa oportunidad de visitar el centro de la ciudad para misa o para el entretenimiento.
Además, hay otro factor importante: la seguridad en un contexto migratorio hostil: “Ahora, para la comunidad migrante, se ha convertido en una herramienta de protección, porque desde que se legalizó el profiling se sienten más seguros al utilizar el autobús.”
Para ella, fortalecer el sistema implica reconocer esa realidad. “El transporte no es un lujo, es una necesidad. Y también es una forma de vernos y cuidarnos como comunidad”, señaló.



