En la ruta 70, al lado del río Swannanoa, dos hombres trabajan todos los días para reconstruir el taller mecánico que perdieron en el huracán Helene. Ya ha pasado más de 1 año, pero allí, en el pequeño pueblo que lleva el mismo nombre que el río, las marcas de la tormenta no desaparecen.
Un ejemplo de ello es ese mismo taller: la oficina sigue cubierta de barro seco, faltan paredes, hay techos colapsados, maquinaria destruida y marcas del agua en las paredes de yeso rotas. Incluso falta un espacio completo que se lo llevó el río.
Es sabido que el 27 de septiembre de 2024 el huracán Helene devastó el oeste de Carolina del Norte y el río Swannanoa creció más de 26 pies. En el taller -llamado The Boyz Automotive-, el agua alcanzó cinco pies y destruyó herramientas, vehículos y gran parte de la estructura.
Luis Morales —nacido en California y criado en México— y Ángel Rueda —originario de México y criado en Carolina del Norte— son mejores amigos y dueños, a partes iguales, de The Boyz Automotive. Calculan que perdieron más de 150.000 dólares solo en herramientas, además de 16 autos de clientes que estaban en reparación cuando llegó la inundación.
A eso se suman las pérdidas económicas de un año sin operar, difíciles incluso de cuantificar. Hoy esperan —con suerte— poder reabrir parte del local antes de Acción de Gracias y volver, al fin, a atender a sus clientes.
Lo que dejó el agua
“Fue una gran pérdida”, dice Rueda en entrevista con Enlace Latino NC. “Pero, comparados con otros negocios, creo que quedamos un poco mejor. Con lo poco que nos queda, intentamos salir adelante”, asegura.
Y es cierto: tan solo al lado de su taller había un edificio que hoy ya no existe y allí funcionaba un salón de uñas y un almacén. Ellos, al menos, tienen dónde trabajar para volver.
Por ello, y para sostener la reconstrucción, lanzaron una campaña en GoFundMe que sigue activa. Han recaudado más de 14.000 dólares, pero todavía necesitan apoyo para dar el último paso hacia la reapertura.
“Nos falta el último empujón para poder reabrir”, dijo Morales a Enlace Latino NC.
Según un relevamiento de Mountain BizWorks, los pequeños negocios de la región reportaron pérdidas físicas y económicas por 188 millones de dólares tras Helene, con un promedio de 322.000 dólares por empresa.
Y, de acuerdo con la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA), entre el 40% y el 60% de los pequeños negocios puede cerrar de forma permanente tras un desastre natural de esta magnitud, una cifra que da dimensión al desafío al que se enfrenta el oeste de Carolina del Norte.
En el caso de este taller de propiedad latina, la reapertura llegará unos 14 meses después del día del huracán.
El día que todo cambió
Aunque viven en Candler, una comunidad rural al oeste de Asheville, Rueda y Morales pasan la mayor parte de sus días en Swannanoa, donde compraron hace dos años el taller mecánico que hoy luchan por recuperar.
Rueda estaba en Nueva York cuando la tormenta azotó la región: se enteró por amigos y redes sociales de que el río se había desbordado, las puertas del taller estaban abiertas y el agua avanzaba sin control. En Swannanoa, mientras tanto, la familia no tenía señal ni forma de comunicarse, así que aunque intentaba no podía avisarles.

Morales y su mujer, María Elena Figueroa (quien también trabaja en el taller), llegaron dos días después. Y lo que encontraron fue devastador: todo por lo que habían trabajado estaba destruido.
“Cuando llegamos, estaba aquí toda nuestra familia, la de él, la mía, todos ayudando a salvar lo que se podía”, recuerda. No era mucho, pero ese sentido de comunidad les ayudó a seguir adelante.
Tras el agua vino otra pérdida. “Venían y empujaban las puertas, sacaban las herramientas… ni vergüenza les daba”, contó Morales y agregó que, en rigor, nada de eso ya servía, pero igual le sorprendía ver lo que pasaba a su alrededor.
“No teníamos seguro de inundación”, dijo Figueroa. “No entendíamos qué podíamos hacer”
Con el taller destruido y sin ingresos, Rueda comenzó a trabajar en construcción y Morales se dedicó a colaborar en tareas de ayuda comunitaria y a buscar trabajos ocasionales para sostener a sus familias.
María Elena Figueroa, mientras tanto, se concentró en llenar formularios y aplicar a distintas ayudas. Ahí encontraron un obstáculo inesperado: la Administración de Pequeños Negocios de EE. UU. (SBA) les negó un préstamo porque el negocio estaba dividido entre un ciudadano y un no ciudadano.
Figueroa contó que no entendía por qué, si el negocio estaba en el país y pagaban impuestos como cualquier otra empresa, les cerraban las puertas a ciertas ayudas.
El condado, además, no autorizó restablecer la electricidad hasta cuatro meses después de la tormenta, tras una inspección.
Todo parecía cuesta arriba.
Te puede interesar: ¿Estamos preparados para otro desastre natural en el oeste de Carolina del Norte?
Reconstruir sin apoyo
Dos años antes del huracán, pasaron de empleados a dueños: el histórico Redmon’s Automotive Service, un negocio familiar de tres generaciones, pasó a sus manos.
Los clientes ya los llamaban the boys —“los chicos”—, y así nació The Boyz Automotive.
La reconstrucción, sin embargo, puso a prueba todo. “SBA no nos dio préstamos. FEMA no apoya negocios. Solo pudimos aplicar a becas y ayudas locales”, dice Figueroa.
Y además dicen que las organizaciones de ayuda priorizaron reparar viviendas, por lo que les rechazaron pedidos de materiales como madera y aislamiento. Y solamente recibieron dos pequeñas subvenciones, que no llegaron siquiera a los 30.000 dólares.

Durante meses, la escena fue la misma: lodo seco en la oficina, paredes a medio caer, equipos arruinados. Voluntarios locales —y un grupo llegado desde Ohio— ayudaron a limpiar y retirar escombros. Y ellos, a pulmón, todos los días trabajando para volver.
>>> Shannon Moretz: Aprendamos de los errores de preparación antes de la próxima Helene
El último empujón
La reapertura será parcial. “En vez de los siete garages, solo tres van a estar en operación para alzar carros; los otros dos para oficina o para storage”, explica Rueda.
“Antes hacíamos el servicio completo… ahora, cosas básicas: inspecciones del Estado, cambios de aceite, frenos.” El equipo también volverá en forma reducida: antes del huracán eran 7 mecánicos, ahora solo serán ellos dos, más María Elena en la parte administrativa.
En números, el trayecto es claro: pérdidas por más de 150.000 dólares solo en herramientas perdidas, frente a 14.560 dólares recaudados en GoFundMe.
Aun así, el objetivo no cambia. “Primero, Dios… esperemos que nuestra meta sea antes de Thanksgiving… ya estamos cerquita”, dice Figueroa. “Podemos hacer algo con lo poquito que nos queda y salir adelante.”



