Por Shannon Moretz/Beacon Media
Los arroyos crecerán y el agua fluirá.
Lo sabemos, pero nos aferramos a la esperanza: “Quizás no nos pase a nosotros. Aquí no. Ahora no”.
Las historias y las imágenes de las inundaciones en el Oeste de Carolina del Norte el año pasado y en Texas Hill Country este mes de Julio fueron espantosas. Lloré por la pérdida de vidas, por el terror que debieron sentir esas personas en sus últimos momentos y por el monumental esfuerzo colectivo de los supervivientes para excavar, reconstruir y seguir adelante.
Ha pasado un año desde que el huracán Helene azotó el Oeste de Carolina del Norte el 27 de septiembre de 2024.
Hay una lección que no debemos perder de vista: sabemos que la respuesta podría haber sido mejor si más localidades hubieran estado preparadas para trabajar juntas.
“La política local y las dinámicas interpersonales… crearon embotellamientos en el proceso de solicitud de recursos”, informó un operador de campo, según un importante informe posterior a la acción del estado.
Es otra forma de decir que las disputas personales y las malas relaciones impidieron que personas que deberían haber trabajado juntas lograrán resultados cuando había mucho en juego.
Estos reportes posteriores a la acción me embrujan.
Destacan la importancia de la preparación anticipada y me acuerdan de las conversaciones que tuvimos en el condado rural de Caswell, donde vivo, hace más de dos décadas, después del 11 de Septiembre de 2001.
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Los equipos de rescate y recuperación acudieron en masa a Nueva York para ayudar tras los atentados terroristas del 11 de Septiembre, pero la comunicación resultó ser un reto. Los radios de los equipos de respuesta solo funcionaban en sus propias jurisdicciones y cada agencia tenía protocolos diferentes. Los informes posteriores al 11 de Septiembre resaltaron que era fundamental que los equipos de primera respuesta compartieran tecnología, lenguaje y procesos para poder trabajar juntos de manera eficiente en todas las jurisdicciones en caso de desastre.
Hoy en día, tendemos pensar en la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) como una entidad dedicada a la respuesta ante desastres, pero hace 20 años, la FEMA era más conocida por proporcionar la capacitación, la estructura y los fondos que los gobiernos locales necesitaban para responder de manera eficaz ante un desastre.
Algunos comisionados y residentes del condado de Caswell se quejaron del tiempo y los recursos “desperdiciados” en la capacitación y los simulacros de los empleados de seguridad pública, salud pública y otros empleados del gobierno local. Argumentaron que nuestra zona rural, con una población de poco más de 23,000 habitantes en ese tiempo (y que no ha cambiado mucho desde entonces), nunca sería blanco de un ataque terrorista.
Los líderes locales desafiaron a los legisladores a considerar que, si aunque Caswell pudiera no parecer un objetivo probable para los terroristas, Greensboro, Raleigh y Durham sin duda lo eran. Podrían llamarnos para pedir ayuda. En cualquier caso, probablemente tendríamos que valernos por nosotros mismos. ¿Y si hubiera una pandemia o un fenómeno meteorológico significativo? Debemos estar preparados.
Los defensores del presupuesto argumentaban que los condados pobres como el nuestro no podían permitirse lujos como generadores o comunicaciones de alta tecnología, especialmente si sólo se podían pagar con dinero de los impuestos, aunque ese dinero proviniera del gobierno federal.
Afortunadamente, nuestros líderes locales de seguridad pública, salud pública y servicios de emergencia se mantuvieron firmes. Aprovecharon todas las fuentes de financiamiento externo y las alianzas disponibles para limitar o eliminar cualquier inversión local necesaria y abogaron incansablemente por soluciones proactivas.
Hubiera deseado que los gobiernos locales del oeste de Carolina del Norte (WNC) hubieran hecho lo mismo. Recordé esas conversaciones mientras leía los informes posteriores a la acción de Helene, que resaltaban la incapacidad de las agencias del oeste de Carolina del Norte para comunicarse entre jurisdicciones como un obstáculo para las labores de rescate.
Al menos 135 personas y más de 35 niños que fallecieron en las inundaciones de julio en Texas se habrían beneficiado de una planificación e inversiones similares. A ellos también se les había advertido.
Se informó extensamente que las autoridades del condado de Kerr, Texas, donde ocurrieron las terribles inundaciones que arrasaron un campamento de verano infantil, identificaron en 2016 la necesidad de instalar un sistema de alerta a lo largo del cauce del río Guadalupe, propenso a las inundaciones. Sin embargo, el condado nunca asignó el millón de dólares necesario para completar un proyecto de sistema de alerta temprana que podría haber salvado esas vidas.
El Texas Tribune informó que los comisionados del condado gastaron más de un millón de dólares de fondos federales asignados por el Plan de Rescate Estadounidense en aumentos salariales para el personal y otros gastos. Es posible que no supieran que podían haber invertido ese dinero en un sistema de alerta temprana, según informó el Tribune.
El Texas Tribune reportó que los comisionados del condado gastaron más de un millón de dólares de fondos federales asignados por el Plan de Rescate Estadounidense en aumentos salariales para el personal y otros gastos. Es posible que no supieran que podían haber invertido ese dinero en un sistema de alerta temprana, según informó el Tribune.
Han pasado 24 años desde que el ataque del 11 de septiembre reveló las deficiencias de nuestro país a la hora de responder ante una catástrofe. Desde entonces, hemos sufrido cientos de ataques terroristas, tiroteos masivos y declaraciones de desastre por las condiciones climáticas en Carolina del Norte.
Justo el pasado mes de julio, las inundaciones repentinas provocadas por la tormenta tropical Chantal arrasaron varias carreteras en Caswell y causaron inundaciones catastróficas en el condado de Orange y otros lugares.
El desastre no es algo inimaginable, hasta en nuestra propia casa.
El representante de los Estados Unidos Richard Hudson, republicano de Southern Pines, aboga por garantizar que estemos preparados, tal y como afirmó en una publicación en X: “El 11 de septiembre nuestras redes estaban saturadas y, durante el huracán Helene en Carolina del Norte, muchas familias no pudieron llamar al 911. Las conexiones rápidas y confiables son fundamentales en cualquier desastre. Salvan vidas. El Congreso debe fortalecer FirstNet y promover el 911 Next Generation para que los equipos de respuesta tengan las herramientas que necesitan para salvar vidas.”
Todos los presupuestos locales, estatales y federales demuestran lo comprometidos que están los legisladores con equipar a los equipos de primeras respuestas.
Aquí, en el sur rural, solemos decir que estamos “en un aprieto sin remos”. Cuando el arroyo se desborda, no dudamos en remar para rescatar a nuestros vecinos, pero cuando ocurre un desastre, realmente necesitamos que nuestros funcionarios electos se aseguren de que tengamos suficientes remos y las relaciones necesarias para compartirlos.
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Shannon Moretz es la directora regional de The Health Collaborative, donde trabaja para promover la equidad en la salud en las zonas rurales del sur, especialmente en la región del río Dan.
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