“He aprendido a darme cuenta de que seguimos estando muy abandonados en el área rural, que no tenemos las mismas oportunidades, que de alguna manera seguimos sin estar preparados a pesar de que hemos pasado por muchas cosas y hemos aprendido mucho”.

Lo dice Ricardo Bello Ball, dirigente latino de la organización Unidxs, un año después del peor desastre natural en la historia de la región. La experiencia dejó una lección incómoda: si otro huracán llegara al sur de las montañas Apalaches, su organización —una de las pocas latinas en esa zona— volvería a verse colapsada.

Unidxs trabaja con familias inmigrantes en comunidades rurales del oeste de Carolina del Norte, ofreciendo acompañamiento, asesoría y ayuda básica en momentos de crisis.

Con pocos recursos, se ha convertido en un punto de referencia para quienes enfrentan emergencias sin acceso a servicios públicos inmediatos. La organización tiene sede en Bryson City y atiende a los siete condados más rurales de la región: Jackson, Cherokee, Clay, Graham, Haywood, Macon y Swain.

“Si vuelve a haber otra emergencia, no estamos preparados”, resume Bello Ball. Explica que, aunque cuentan con un espacio físico para recibir a familias, la falta de comunicaciones y de vehículos adecuados limitaría la respuesta.

“Contamos ahorita con dos vehículos que no sirven para entrar en caminos sin pavimento. Para eso necesitas un buen carro, y no lo tenemos”, señala.

La comunicación es otro límite. “Así que tú digas… tenemos equipo de comunicaciones o algún plan en este momento, no”, admite. Y aunque se conformó un grupo de recuperación a largo plazo, ese proceso está todavía en etapa de aprendizaje.

camioneta de Unidxs transporta tanques de gas, agua y alimentos hacia comunidades latinas en el oeste de Carolina del Norte durante las primeras semanas tras el huracán Helene
Una camioneta de Unidxs transporta tanques de gas, agua y alimentos hacia comunidades latinas en el oeste de Carolina del Norte durante las primeras semanas tras el huracán Helene. Foto Gentileza Unidxs.

“No solamente en el área rural, sino en todo el oeste de Carolina del Norte”, afirma. En esta zona del estado se estima que viven unos 56 mil latinos, sin embargo, el número puede ser mayor debido a quienes no participan en censos debido a su estatus migratorio.

Cuando Helene golpeó, la organización estaba formada apenas por dos personas. Hoy son seis y tienen sede propia, sin embargo, el propio Bello Ball reconoce que sigue siendo insuficiente para responder a la magnitud de un nuevo desastre.

“Somos la primera línea de ayuda”

Alan Ramírez, coordinador de Casa de Apoyo Mutuo en Asheville, recuerda: “El huracán fue algo que no esperábamos tener que enfrentar, pero de alguna forma tuvimos que hacerlo… todos en la comunidad tomamos la responsabilidad e hicimos lo que podíamos”.

Hoy, más de un año después, está seguro de dos cosas: que todavía sigue en ese modo de trabajo, y que la ansiedad sobre un nuevo huracán y cómo enfrentarlo también es cada vez más grande.

“Ahorita me siento orgulloso, pero también con mucha ansiedad de que no estamos preparados para la próxima vez que algo así pasa”, afirma.

Casa de Apoyo Mutuo articula redes en el barrio Emma y en otros vecindarios de Asheville, donde vive una de las comunidades latinas más grandes y trabajadoras de la ciudad.

Sólo dos días después del impacto de Helene, el edificio comunitario El Porvenir abrió sus puertas para ayudar a la comunidad. Hasta entonces era un espacio de reuniones culturales, pero tras la tormenta se convirtió en refugio improvisado: allí se podía cargar un celular, usar un baño limpio y recibir un plato de comida caliente.

Voluntarios empacando comida en un Centro de Acopio y Distribución en Asheville Carolina del Norte para personas afectadas por el Huracán Helene
Integrantes de Casa de Apoyo Mutuo clasifican alimentos en el edificio comunitario El Porvenir en los días posteriores al huracán Helene. Foto Patricia Serrano/ELNC

La importancia de ese trabajo se entiende con un dato: en Asheville, el agua potable tardó 53 días en restablecerse. Desde El Porvenir salieron camionetas con bidones de pozo, bolsas de arroz y linternas. Y también surgió la Casa de Apoyo Mutuo, que hoy coordina Alan.

En los meses siguientes, más de 400 voluntarios se sumaron a las tareas. La bodega improvisada se transformó en mercadito comunitario, abierto tres veces por semana.

El trabajo continúa como una nueva normalidad. Pero detrás se mantiene la pregunta central: ¿Qué pasaría si llegara otra tormenta? Para Ramírez, la ansiedad de no estar preparados persiste.

Y la única certeza es que, si vuelve a ocurrir, la comunidad tendrá que responder otra vez sola: “Nosotros somos la respuesta rápida. Nosotros somos la primera línea de ayuda y no alguien más. No podemos esperar a otra persona, otro grupo, otro gobierno”.

“Apenas nos estamos recuperando”

“Ya estamos a un año del huracán Helene y parece que fue ayer”, dice Víctor Álvarez, del Comité Popular de Asheville por la Justicia Social. Y asegura que, si llegara otro huracán de la magnitud de Helene, sería casi imposible estar preparados.

Víctor vive junto a su familia en Arden, una zona trabajadora y con una amplia comunidad latina al oeste de Asheville. Todas las mañanas, dice, le da tristeza pasar por Biltmore Village y ver el McDonald’s donde solía desayunar antes de entrar a trabajar: el edificio sigue cerrado y en ruinas, un recordatorio diario de lo que dejó Helene.

En su barrio las consecuencias de la tormenta también son visibles. “Estamos ahí apoyando todavía a las familias que no se han sobrepuesto porque perdieron todo, incluso hasta el trabajo. Entonces, cuando te atrasas en un mes o dos te quedas en una situación difícil, ahora imagínate en un año”.

Cuando se le pregunta si estarían preparados para otra tormenta, Álvarez no duda: “Yo quiero ser sincero, creo que no, no estamos preparados porque apenas nos estamos recuperando”.

Víctor Álvarez, del Comité Popular de Asheville por la Justicia Social, frente a árboles caídos en su vecindario de Arden el día del huracán Helene.
Víctor Álvarez, del Comité Popular de Asheville por la Justicia Social, frente a árboles caídos en su vecindario de Arden el día del huracán Helene. Foto FB Víctor Álvarez.

El aprendizaje dejó, al menos, una alerta: “Decir que estamos preparados para recibir otro huracán de la magnitud… no, creo que no estaríamos listos. Pero sí creo que ya estamos más conscientes de lo que puede suceder”.

Se refiere a la vulnerabilidad del oeste frente a las inundaciones. Y también a la importancia del trabajo en conjunto entre las organizaciones latinas que, según su mirada, fue difícil de lograr tras la tormenta.

“Creo que debemos buscar más unidad entre nosotros… porque cuando fue lo del huracán todos luchamos por nuestro lado, porque no había esa unidad”.

Por ello, para Álvarez, la falta de articulación entre las propias organizaciones latinas es parte de la fragilidad si un escenario similar sucediera.

Un año después, su sensación no es de preparación, sino de deuda pendiente: “Hay muchos que no me conocen o no conocen el trabajo que venimos haciendo aquí hace 20 años y también hay muchas instituciones que nosotros no conocemos”, concluye.

“Necesitamos un plan de comunicación”

Antes de la llegada de Helene, Vecinos dejó agua y comida en los campamentos de trabajadores rurales. Era un abastecimiento pensado para dos o tres días, que suponía el peor escenario de la tormenta.

Pero la realidad fue muchísimo peor. Cuando la electricidad se cortó y los pozos que dependen de bombas dejaron de funcionar, esa reserva de agua y comida se agotó rápido. Y los trabajadores rurales migrantes tuvieron que tomar agua de ríos y manantiales.

“Como organización no habíamos pasado por algo así en el pasado. Entonces no consideramos que fuera a ser tan extremo como fue”, dice Marianne Martínez, directora de Vecinos, que trabaja en los condados de Jackson, Macon, Haywood y Transilvania.

El 30 de septiembre, tres días después del huracán, los equipos de alcance volvieron a los campos. “En muchas zonas no pudimos llegar hasta varios días después y lo más complejo era el acceso al agua”, recuerda.

La comunicación fue el otro gran problema. En la clínica existe un sistema para enviar avisos a pacientes, pero en los campos la mayoría de los jornaleros —en especial los temporales— solo usa WhatsApp. Con caminos bloqueados y sin señal, no hubo manera de localizarlos.

“En esas circunstancias no había forma de llegar a ellos”, reconoce Martínez.

Vecinos ofrece atención médica y apoyo a trabajadores agrícolas en comunidades rurales del oeste de Carolina del Norte, y se convirtió en una ayuda de primera línea para las comunidades latinas tras el huracán Helene. Foto Patricia Serrano/ELNC.

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Más de un año después, la situación de fondo no ha cambiado. “Aprendimos de las lecciones. Pero ha sido un año tan ocupado para nosotros que no hemos podido tomar el espacio para planear de una forma estratégica. Entonces tenemos borradores de planes… pero no ha sido una cosa completa.”

La directora subraya que lo más urgente es un plan de comunicación en crisis y el entrenamiento del personal. “Necesitamos un plan de comunicación para las crisis, que sea hecho en profundidad y probado, y que nuestro staff esté entrenado con ese plan”.

Ese trabajo recién comenzará en 2026. “Tenemos planeado en febrero un espacio para solamente planear y crear esos planes y entrenamiento para el staff.”

Martínez admite que no pueden decir que estén preparados. Pero sí cree que las comunidades a las que sirven —trabajadores rurales en zonas aisladas— son hoy más conscientes de lo que puede suceder si vuelve a golpear un huracán.

Enlaces de interés

>>> Sitio web Unidx WNC

>>> Sitio web Vecinos

Después de la tormenta

Hace un año, el huracán Helene golpeó al oeste de Carolina del Norte. La comunidad latina respondió con algo más fuerte que la tormenta: solidaridad.

🎧 En este episodio, conoce cómo las organizaciones latinas transformaron la crisis en resiliencia.

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Patricia Serrano es una periodista bilingüe radicada en Asheville y miembro de Report for America. Cubre temas migratorios, políticos y sociales en el oeste de Carolina del Norte para Enlace Latino NC,...

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