Tras el inicio de un operativo de la Patrulla Fronteriza en Charlotte, un plomero que trabaja en construcción en el sureste de la ciudad decidió no salir de su casa durante varias semanas, temiendo ser detenido y deportado.
“Nos tenemos que esconder como criminales, algo que no somos, pero ellos así nos ven”, dijo, pidiendo permanecer en el anonimato. El trabajador lleva 25 años viviendo en Estados Unidos, 13 de ellos en Charlotte.
Su temor refleja la ansiedad que se ha extendido por las comunidades inmigrantes tras el operativo federal de una semana conocido como “Charlotte’s Webb”. Aunque las autoridades aseguraron que la misión se enfocaba en personas con órdenes de deportación pendientes, los primeros datos y las denuncias de defensores cuentan otra historia: muchos de los detenidos eran trabajadores de larga trayectoria sin historial criminal.
El 3 de diciembre, el Departamento de Seguridad Nacional informó más de 425 arrestos en el área de Charlotte. De los primeros 130 casos revisados, solo 44 correspondían a personas con antecedentes penales. Grupos comunitarios en el Triángulo, como Siembra NC, también documentaron decenas de detenciones de trabajadores de construcción y jardinería.
“Dicen que están sobre los criminales, la gente que tiene récord criminal y no es así. Están persiguiéndonos, a nosotros, la clase trabajadora”, dijo el plomero a Enlace Latino NC.
A medida que avanzaban los arrestos, el miedo se extendió por los trabajadores de construcción en Carolina del Norte, paralizando proyectos, retrasando contratos y golpeando a una industria que depende en gran medida de la mano de obra inmigrante.
Para los propios trabajadores, el impacto va mucho más allá de lo económico: las rutinas, las decisiones familiares e incluso las salidas más simples continúan evaluándoselos frente al riesgo de ser detenidos.
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“Sobrevivir con lo que tengo”
El trabajador de Charlotte, quien declara impuestos como contratista independiente, ha estado sobreviviendo con el dinero que tenía reservado para pagarlos.
“Para fin de año voy a deber como cinco o seis mil dólares”, dijo.
Sus hijos, nacidos en Estados Unidos, están angustiados. “Mi hijo está muy asustado. En la noche me revisa: ‘¿Estás bien, papá?’ Y en la mañana, antes de ir a la escuela: ‘Ojalá estés bien cuando regrese’”, contó.
Aunque la presencia de la Patrulla Fronteriza dejó de ser visible en el estado, él siguió en casa, temiendo que los operativos regresaran, como han reportado residentes en Chicago.
“Mi plan es sobrevivir con lo que tengo hasta la segunda semana de diciembre y luego ver cómo está la situación para poder volver a trabajar”, explicó.
Una rutina transformada
A tres horas, en Zebulon, cerca de la capital Raleigh, Carlos, seudónimo para proteger su identidad, decidió continuar trabajando como técnico de HVAC pese a la incertidumbre.
Cuando llegó a las obras, “se veían totalmente desiertas”, contó a Enlace Latino NC el trabajador, quien ha vivido más de 20 años en Carolina del Norte. “Muchas construcciones se detuvieron porque la mayoría de los que trabajamos en este sector somos latinos o hispanos”.
Durante el fin de semana, su familia limita las salidas y depende de sus hijos, uno ciudadano estadounidense y el otro beneficiario de DACA, para comprar alimentos.
“Varias personas que conozco fueron afectadas. Compañeros que desafortunadamente les tocó esa mala situación y a algunos de sus trabajadores los agarraron”, dijo, recordando lo que le contaron sus colegas.
Esas decisiones individuales de quedarse en casa se acumularon rápidamente, afectando la economía en general y a una industria que depende de la mano de obra inmigrante.

Repercusiones económicas
En Raleigh, un contratista de construcción con 23 años de experiencia y casi dos décadas al frente de su empresa contó que el temor generado por los operativos migratorios tuvo un impacto inmediato en su negocio. Su equipo, de doce trabajadores hispanos, decidió quedarse en casa durante unas dos semanas.
Algunos clientes aceptaron esperar por sus servicios. Otros no.
“Perdimos alrededor de $60,000 en contratos”, dijo a Enlace Latino NC. “Algunos trabajos eran urgentes. Si no íbamos, tenían que contratar a otra compañía”.
El contratista, quien tiene estatus migratorio legal al igual que su esposa, explicó que muchos de sus empleados no lo tienen. En su experiencia, los trabajadores latinos son los más dispuestos a asumir los trabajos más exigentes para sostener a sus familias.
“Algunos de ellos son los únicos que traen ingresos a la casa”, dijo. “El miedo de ellos no solo ser detenidos, sino de ser golpeados, el trato inhumano”.
La industria de la construcción desempeña un papel fundamental en la economía de Carolina del Norte. En 2024 generó $41.4 mil millones para el estado, en gran parte gracias a la mano de obra inmigrante. Según la Asociación Nacional de Constructores de Viviendas (NAHB), uno de cada cuatro trabajadores de la construcción en Carolina del Norte es un inmigrante indocumentado.
El presidente de NAHB, Buddy Hughes, advirtió que “la deportación masiva no es la respuesta” y avala una reforma migratoria. “Con una escasez de más de 200,000 trabajadores en la industria de la construcción, los responsables de políticas deben considerar que cualquier interrupción en la fuerza laboral elevaría los costos de vivienda, limitaría la oferta y empeoraría la crisis de asequibilidad en el país”, dijo Hughes en una declaración a Enlace Latino NC.
A principios de diciembre, el también pastor, junto a voluntarios, llevó víveres a la familia de uno de los trabajadores.
“Con niños y sin nada que comer, porque el señor no había podido trabajar”, contó.
El impacto duradero
Para Carlos, quien está ajustando su estatus migratorio a través de su hijo menor, la ofensiva genera temor más allá del operativo de una semana.
“Tenemos un poco de miedo de que quizá nuestro proceso se detenga o algo cambie”, dijo. “Usted sabe que el presidente ha estado cambiando mucha legislación. Lo hace pensar”.
Desde enero de 2025, la administración del presidente Donald Trump ha endurecido la aplicación de la ley migratoria. Han revertido guías más flexibles, limitado la discreción procesal y aumentado la detención de personas con casos migratorios pendientes.
El trabajador dijo percibir un cambio cultural más profundo.
“Con este presidente, parece que el racismo que ya existía despertó lo que mucha gente tenía guardado”, afirmó. “En años pasados no se veía tanta hostilidad hacia los inmigrantes”.
A las afueras de un Home Depot en Charlotte, otro trabajador latino de la construcción describió a Enlace Latino NC un sentimiento similar de miedo y desilusión, aunque tiene estatus legal y votó por el presidente. Recientes encuestas nacionales de AP-NORC muestran una disminución en la aprobación general del manejo presidencial de la inmigración y la economía.
“Estar con este caos, esta desgracia me está dando hasta decepción el haber votado por esta persona [Donald Trump]”, dijo Olman Cantarero, originario de Honduras y residente en Estados Unidos desde hace 28 años.
“Es muy estresante, aunque uno esté bien, pero da pesar. Hay que andar con el pasaporte porque uno tiene pinta de latino y ya lo buscan a uno por ser latino”, añadió.
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¿Volver a la normalidad?
Los sitios de construcción comienzan a retomar actividad en el estado, pero la cautela persiste.
“Tenemos que estar pendientes del ambiente, de lo que oímos y lo que vemos, para saber cuándo podemos volver a trabajar”, dijo el otro trabajador de Charlotte, que aún permanece resguardado en casa.
Anna Hernández, directora ejecutiva de la organización comunitaria Transforming Nation Ford, dijo a Enlace Latino NC que el ambiente le recuerda a los primeros meses de la pandemia.
“Volver a la normalidad va a ser un proceso largo…no solo en lo económico, sino también para nuestra salud, nuestra seguridad y nuestra comunidad”, señaló.



