Por Haydeé López
Ana María Careaga tenía apenas 16 años cuando comenzaron las desapariciones entre personas cercanas a ella. Corría el año 1977 en Buenos Aires, Argentina.
Hombres armados irrumpían en viviendas sin previo aviso. No mostraban órdenes judiciales. No decían a dónde se llevaban a las personas. Solo el ruido seco de una puerta que se cerraba y ausencias que, con el tiempo, se volvían permanentes.
Hasta que le tocó a ella. La secuestraron en plena vía pública, embarazada de tres meses, mientras esperaba a su familia en una avenida.
“Me agarraron por la fuerza, me metieron en la parte de atrás de un vehículo”, recordaría después, en un testimonio público.
Años más tarde, Ana María Careaga se convertiría en una de las voces que denunció lo ocurrido en los centros clandestinos de detención: el trato inhumano, la violencia sistemática y el intento deliberado de borrar toda huella.
No fueron hechos aislados, sino parte de un aparato estatal que operaba a través del miedo en Argentina.

Recordar no es solo un acto de nostalgia; es una responsabilidad política
A cinco décadas de la dictadura en Argentina, el principio de “Nunca Más” sigue siendo un llamado vigente para su diáspora en Carolina del Norte. No solo para recordar a las víctimas, sino para sostener una vigilancia democrática activa.
“Al principio la gente no entendía lo que estaba pasando”, dijo Ricardo, argentino radicado en el condado de Orange, recordando lo que fue el principio de la dictadura, a Enlace Latino NC.
“La gente iba a su trabajo, hacía su vida normal, fue hasta cuando empezó a desaparecer el vecino, el compañero de trabajo, el hermano, el amigo de la universidad, cuando la gente empezó a despertar”, señaló.
Investigaciones coinciden en que estos procesos no comenzaron con el horror visible, sino con una progresiva normalización de medidas justificadas bajo discursos de seguridad nacional, deshumanización, orden público y enemigos internos.
“Cuando empezó la dictadura yo tenía 14 años. A esa edad uno aprende a bailar, yo no tuve tiempo para eso”, recordó con nostalgia Ricardo.
“Yo a esa edad ya estaba escuchando reuniones de adultos sobre cómo organizarse para proteger a la familia, haciendo volantes con los mimeógrafos, y pensando en cómo contribuir para hacer caer la dictadura”.
Advertencias sobre el deterioro democrático en contextos actuales
Aunque los contextos históricos y políticos entre la Argentina de la dictadura y la realidad actual de las comunidades inmigrantes en Estados Unidos son profundamente distintos, los académicos de Harvard, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, advierten sobre la importancia de prestar atención a ciertos patrones en las democracias contemporáneas.
En su libro, ‘Cómo las Democracias Mueren’ (How Democracies Die, en inglés), señala: “Algunos de los colapsos democráticos más trágicos de la historia estuvieron precedidos por el deterioro de normas básicas”.
En ese marco, estas advertencias adquieren relevancia en debates actuales sobre el uso del poder estatal y el impacto de las políticas migratorias, particularmente en torno a las prácticas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y sus efectos en comunidades inmigrantes en todo el país.
El eco del pasado en las preocupaciones del presente
“Cada vez que mi hijo sale de la casa, siento que vivo con el corazón en la boca. Regreso a lo que sentía en 1978”, expresó Beatriz, argentina radicada en el condado de Mecklenburg, al describir el miedo constante que genera la presencia de ICE en su comunidad, a Enlace Latino NC.
En el último año, más de 70,000 personas han sido detenidas por autoridades migratorias en Estados Unidos, incluyendo menores de edad.
Para muchas familias argentinas que vivieron o crecieron escuchando sobre la dictadura, estas cifras no son solo datos: reactivan memorias, emociones y temores profundamente arraigados.
“Hay muchas similitudes”, señaló Ricardo. “Ver la guardia civil en las calles o los operativos de ICE sin garantías claras es lo mismo que hacían en Argentina. Venían, tiraban la puerta abajo, y no sabías a dónde te llevaban. Tu familia tampoco sabía dónde estabas. Es lo que está pasando ahora”, agregó.
Para quienes vivieron ese periodo, o heredaron su memoria, el miedo no siempre responde únicamente al presente, sino también a lo que ese presente evoca.
“No solo hay similitudes en el miedo que se siente en las calles”, comentó Ricardo.
“También hay paralelos en cómo se desarrollan ciertos contextos. Nosotros también fuimos anfitriones de una Copa del Mundo mientras personas desaparecían en centros de detención. También entramos en una guerra que no era necesaria”, mencionó en referencia al mundial de fútbol de la FIFA 1978 y a la guerra de las Malvinas en 1982.
Prácticas actuales de ICE que evocan la dictadura argentina
Entre las prácticas actuales de ICE hay patrones que, para quienes vivieron la dictadura argentina, no pasan desapercibidos.
En esos paralelos, a veces sutiles, a veces evidentes, se activa una memoria colectiva que insiste en no olvidar. Estos son algunos de ellos:
- Detenciones prolongadas sin acceso a representación legal
Demandas federales denuncian falta de acceso a asesoría legal y debido proceso en centros de detención. También se han reportado casos donde personas fueron retenidas por semanas en condiciones precarias sin acceso a abogados.
- Operativos migratorios en comunidades que generan temor generalizado
Testimonios recopilados por organizaciones de derechos civiles describen operativos migratorios que generan temor generalizado y afectan la vida cotidiana de comunidades enteras.
- Denuncias sobre condiciones en centros de detención
Diversos informes han documentado condiciones inhumanas, incluyendo abuso, negligencia médica, falta de acceso a servicios básicos en centros de detención, e incluso muertes bajo custodia.
- Traslados de personas migrantes a lugares lejanos, dificultando el contacto con sus familias
Los traslados entre centros, a menudo a estados lejanos o a terceros países, dificultan el contacto con familiares y la defensa legal.
- Preocupaciones sobre el acceso y uso de información privada
Organizaciones de derechos civiles han denunciado la expansión de mecanismos de vigilancia y recopilación de datos dentro del sistema migratorio
- Familias pierden contacto con seres queridos
Familias han reportado dificultades para localizar o comunicarse con seres queridos dentro del sistema de detención migratoria.
- Censura a la prensa
Medios han documentado restricciones al acceso periodístico, presiones contra medios críticos y un creciente clima de hostilidad hacia la prensa que pone en tensión la independencia editorial.
Le puede interesar: En San Valentín, miles caminaron por amor y justicia en Marcha Moral
Diferencias que importan
“Una gran diferencia con lo que se vive hoy en Estados Unidos y lo que pasó Argentina en dictadura, es que existen las redes sociales. En ese entonces, los vecinos solo escuchaban tus gritos para enterarse de lo que estaba pasando”, comentó Ricardo.
Hoy, el contexto es distinto. La información circula, las denuncias pueden amplificarse y las comunidades tienen herramientas que antes no existían. Pero esa posibilidad también implica una responsabilidad.
“Si el inmigrante decide quedarse en silencio, no va a ganar nada. Hoy tienes redes: comparte lo que está pasando. Si tienes familiares con papeles, que vayan a marchas. Si no, esto no va a cambiar”, expresó.
Para quienes prefieren no exponerse directamente, insiste en que hay otras formas de participar activamente: “Si no te quieres exhibir, puedes participar de otras maneras. Tienes redes sociales, tienes amigos que pueden votar, tienes hijos adolescentes que pueden ir a protestas. Hay maneras de alzar la voz”, advirtió Ricardo.
En contraste con el aislamiento y el silencio que marcaron los años más duros de la dictadura, hoy existen espacios para denunciar, organizarse y visibilizar. Pero esas herramientas solo tienen impacto si se usan.
“Porque, como muestra la historia, el silencio no protege. Y la memoria, cuando se comparte, también puede convertirse en acción”, concluyó.



