En una calle del barrio Beacon Village, al borde del río Swannanoa, un grupo de trabajadores latinos avanza con la construcción de una vivienda. La estructura de madera se levanta sobre una base elevada de concreto, en el mismo terreno donde estaba la casa de Daniel y Mariah Wright, destruida por las inundaciones provocadas por el huracán Helene.
Swannanoa fue considerada la zona cero del peor desastre natural en la historia del oeste de Carolina del Norte. El 27 de septiembre de 2024, el río Swannanoa se desbordó y subió más de 27 pies, arrasando con vecindarios enteros.
En Beacon Village —una comunidad de casas obreras fundada en los años veinte— el agua llegó hasta los techos de las casas y dejó inhabitables decenas de viviendas. Según Beloved Asheville, al menos 25 casas en el vecindario fueron completamente destruidas.
Nueve meses después, ninguna familia ha regresado todavía a vivir allí. Aún se están retirando escombros, hay estructuras colapsadas y varios voluntarios colaboran en tareas de limpieza. En medio de ese panorama, la reconstrucción de la casa de los Wright avanza como un símbolo del esfuerzo colectivo.
La obra es coordinada por Beloved Asheville, una organización local sin fines de lucro, que decidió apoyar a la familia y contrató a Andale Painting, una empresa de trabajadores latinos con años de experiencia en construcción comunitaria.
“Nuestra misma gente es la que está reconstruyendo nuestras áreas, nuestras comunidades”, dijo a Enlace Latino NC Ponkho Bermejo, uno de los directores de Beloved Asheville. “Los latinos nos unimos para el bien común.”

La historia de la familia Wright
Daniel y Mariah Wright vivieron durante más de dos décadas en Beacon Village. Criaron allí a sus hijos y planearon envejecer en ese hogar. Cuando llegó la alerta por el huracán Helene, decidieron evacuar a un albergue en una iglesia cercana.
Tres días después, al regresar, encontraron la casa inhabitable. “Lo habíamos perdido todo”, relató Daniel a Enlace Latino NC. “Esta era nuestra casa para siempre.”
Como a la mayoría de sus vecinos, el agua les llegó hasta el techo. La estructura estaba severamente dañada: sin piso, sin paredes, con moho y riesgo de derrumbe. “Estaba en los puros huesos”, explicó Bermejo, quien visitó la propiedad por primera vez en diciembre, a pedido de otras familias de la zona.
La organización Beloved Asheville propuso dos caminos: reparar lo que quedaba o demoler y empezar de cero, esta vez con criterios de resiliencia climática. La familia optó por reconstruir desde los cimientos.
Para reducir el riesgo ante futuras inundaciones, la nueva casa se está levantando más de tres metros por encima del nivel anterior. “El agua llegó a más de diez pies de altura, así que decidimos hacer la nueva casa unos doce pies más alta que la original”, explicó Bermejo.
Además de mitigar el terreno, el equipo debió reforzar los cimientos y construir una base de concreto capaz de sostener la nueva estructura. Durante la obra descubrieron un manantial subterráneo que, combinado con el desborde del río, había contribuido a las inundaciones. El diseño final busca minimizar esos riesgos.
La construcción está financiada en parte por la ayuda de FEMA que recibió la familia, y en parte por recursos aportados por Beloved Asheville y donantes privados. El costo total ronda los 200 mil dólares. La familia utilizará los fondos federales para completar tareas como plomería y electricidad, mientras que la organización se hace cargo de la obra gruesa.
“Nos sentimos realmente agradecidos de tener a esta comunidad específica aquí”, dijo Daniel en referencia a los trabajadores latinos que reconstruyen su casa. “Nos sentimos orgullosos de que estén aquí y de trabajar junto a ellos.”
Mariah agregó: “Tengo mucha esperanza, de verdad, en que todo esto va a regresar mejor.” Actualmente, la familia espera regresar pronto. “Hemos sido pacientes todo este tiempo y vamos a seguir esperando hasta que llegue el momento de volver”, dijo Daniel.
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Beloved Asheville y el poder de reconstruir desde la comunidad
Beloved Asheville, una organización sin fines de lucro con más de 16 años de trabajo en la región, coordina desde los primeros días la respuesta comunitaria en Beacon Village.
Según Bermejo al menos 25 viviendas fueron completamente destruidas solo en ese vecindario, y la organización ya está cerca de completar su casa número 100 en la región, entre obras menores y reconstrucciones totales.
Del total de viviendas reconstruidas por Beloved, alrededor del 50 % corresponden a familias latinas. Solo en el vecindario Alan Campos, al otro lado del río, trabajaron en entre 15 y 17 hogares.
En algunos casos, Beloved suministra los materiales para que las propias familias —cuando tienen experiencia en construcción— hagan la obra. En otros, como en el caso de los Wright, la organización coordina todo el proceso con cuadrillas profesionales.
El equipo actual pertenece a Ándale Painting, una compañía de construcción contratada por Beloved que ha participado en al menos 15 proyectos en Swannanoa.
“Todos ellos son latinos”, explicó Bermejo. “Uno de nuestros mayores orgullos es que nuestra misma gente es la que está reconstruyendo nuestras áreas, nuestras comunidades”.
“Muchísima de nuestra comunidad latina fue la más afectada, porque somos los que vivimos al lado de los ríos, los que vivimos en parqueaderos de trailers”, destacó.
Para Bermejo, contratar empresas latinas en este contexto también tiene un valor simbólico. “Esto es el contrapeso. Esto es lo que realmente somos los latinos. Estamos aquí construyendo, reconstruyendo, ayudando a la gente que fue afectada por el huracán.”

El futuro de Beacon Village
Nueve meses después del huracán Helene, ninguna familia ha regresado a vivir a Beacon Village. La casa de los Wright —aún en construcción— es la primera en levantarse en esa calle, donde todas las viviendas fueron destruidas. Según confirmó la familia, por ahora no hay otras casas habitadas.
El vecindario todavía muestra huellas visibles del desastre: estructuras colapsadas, escombros sin retirar y zonas donde voluntarios continúan con tareas de limpieza. Algunos de estos equipos llegan de forma independiente, otros a través de iglesias o redes comunitarias.
La campaña Save Beacon Village busca recaudar 4.5 millones de dólares para reconstruir todas las casas afectadas. Hasta que se apruebe el estatus formal de organización sin fines de lucro, las donaciones se canalizan a través de Calvary Church. Los organizadores subrayan que Beacon no está en una zona de inundación y que casi ningún residente tenía seguro contra desastres.
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