Por Martin Henson/Beacon Media
Puedo imaginarme la escena: pasajeros encerrados, amontonados, sudando, como víctimas de secuestro, atados con cintas plásticas en manos de las autoridades de inmigración.
La idea de que esto podría pasarme a mí me parece más real de lo que debería, ya que las redadas federales de inmigración siguen afectando cerca de casa en las últimas semanas.
Avondale Drive en Durham, Capital Boulevard en Raleigh y Central Avenue en Charlotte fueron los lugares centrales de estas redadas hacia finales de 2025; ahora están marcadas como calles que han traicionado la seguridad de todos los que viven allí. Una voz tranquila dentro de mí me recuerda que soy un ciudadano “legal”, con ciudadanía por nacimiento, y que no debería tener que preocuparme – pero la esclavitud también fue legal en algún momento.
Temo que vuelva a llegar el momento en que la Asamblea General de Carolina del Norte no permita a las personas negras caminar sin un permiso como fue en un pasado. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) y otras fuerzas del orden federales evocan un terror racial compartido tanto en las comunidades negras como en las latinas, del tipo que nos recuerda que es posible transformar el mismo poder estatal responsable de la esclavitud en la aplicación de las leyes de inmigración.
En la época en que se asignaba a los hombres blancos a capturar esclavos, la gente negra vivía con el temor de ser separada de sus seres queridos. Las bandas de agentes de ICE que merodean existen para calmar un temperamento similar, debido a lo que los sociólogos llaman “the browning” (el crecimiento de las personas de color) de la sociedad estadounidense, que se está volviendo más diversa y ha provocado mucho miedo entre mucha gente blanca. Siento una conexión entre las personas negras y latinas, dos comunidades asediadas por un sistema que ama nuestro trabajo pero odia nuestra presencia.
La semana pasada, los disparos de un agente de ICE le quitaron la vida a una madre y poeta desarmada llamada Renee Nicole Good en Minnesota. La muerte de Good refleja la de Heather Heyer en Charlottesville, Virginia, ya que ambas murieron defendiendo a las comunidades de color.
Todo esto está sucediendo y mientras tanto, la razón que ha dado la administración Trump para estas medidas —que violentos inmigrantes indocumentados están arruinando los Estados Unidos— se basa en el miedo, el racismo y no en la realidad. La verdad es que el 65% de las personas detenidas hasta junio no tenían antecedentes penales y alrededor del 90% no tenían condenas por delitos violentos. En general los estudios muestran que los inmigrantes indocumentados tienen índices de criminalidad mucho más bajos que los estadounidenses nativos.
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La búsqueda de “los que no pertenecen” está llena de daños colaterales dirigidos a quienes se atreven a protestar, grabar, observar o simplemente se encuentran en el lugar equivocado en el momento equivocado. Algunos nunca regresan a casa.
La búsqueda de “los que no pertenecen” está llena de daños colaterales causados a quienes se atreven a protestar, grabar, observar o simplemente se encuentran en el lugar equivocado en el momento equivocado. Algunos nunca regresan a casa.
Mis pensamientos se confunden con esto. ¿Estoy a salvo, verdad? Se supone que debo sentirme seguro en mi propia casa y en mi propio país, ¿no? Como hombre negro y persona que se opone al régimen actual, no me siento seguro.
Oír hablar de familias que viven escondidas me produce una especie de asco mezclado con miedo. Aunque nunca he sido esclavo, las esposas que veo en las víctimas detenidas por las autoridades de inmigración se parecen más las cadenas que sobrevivieron al fin de la esclavitud que el resultado de una redada de la patrulla fronteriza. El pasado vive en mí.
A unas seis millas de Avondale Drive en Durham, Carolina del Norte, se encuentra la plantación Stagville, donde en 1844 Paul Cameron obligó a 114 esclavos a recorrer a pie “the trek” (la travesía) de 500 millas desde Durham hasta la nueva plantación de su familia en Alabama. Desarraigados de sus hogares, separados de sus familias, los esclavos caminaron hacia un destino desconocido.
A unas seis millas de Avondale Drive en Durham, Carolina del Norte, se encuentra la plantación Stagville, donde en 1844 Paul Cameron obligó a 114 esclavos a recorrer a pie “the trek” (la travesía) de 500 millas desde Durham hasta la nueva plantación de su familia en Alabama. Desarraigados de sus hogares, separados de sus familias, los esclavos caminaron hacia un destino desconocido.
Me siento como un espectador en la lucha migratoria, pero hace más de 150 años, la comunidad negra de Durham se encontraba en la misma situación que la comunidad latina, temiendo que les arrebataran a sus seres queridos.
Las ideas predominantes sobre el valor humano rechazan la distinción que marca la travesía de un esclavo a la búsqueda de nuevas oportunidades de un inmigrante. La denegación de tierras, empleo y seguridad crea afinidades entre causas diferentes. Las justificaciones deshumanizantes para la explotación, la reemplazabilidad de la “mano de obra barata” y la promesa de la libertad unen diferentes formas de resistencia.
Esta lógica vuelve a aparecer hoy en día.
Es una elección imposible que los oprimidos deben afrontar: los esclavos eligieron entre huir, sufrir o morir; los inmigrantes eligen entre esconderse o irse.
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Esta convergencia en la tierra que he llegado a conocer me da miedo, pero también me da esperanza. La esclavitud terminó porque mis antepasados la hicieron insostenible. En esta tierra hemos visto los horrores de arrancar a las personas de sus familias. Es más que mi cuerpo el que me dice que debo resistir: es la historia de la tierra y mis ancestros los que me dicen que un inmigrante y mis progenitores están atrapados en el mismo destino, y que debemos luchar por la justicia que todos merecemos.
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Martin Henson, quien vive en Raleigh, es un defensor y el director ejecutivo de la Fundación BMEN que reúne a hombres negros para abordar cuestiones relacionadas con sus vidas y sus comunidades.
Puedes ver su trabajo en MartinHSpeaks.com. Esta columna está distribuida por Beacon Media y se puede volver a publicar de forma gratuita en todas las plataformas siguiendo las directrices de Beacon Media.
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