Crisis de salud
Michael Dennis (izquierda), de 25 años, estudiante de segundo año de Medicina en Campbell, y Genesis García (derecha), de 22 años, pasante de NC FIELD, extraen sangre de Sabino Reyes (centro), un trabajador agrícola, en una clínica móvil de salud organizada por NC FIELD, afuera de la Iglesia Católica María, Reina de las Américas, el miércoles 19 de junio de 2024, en Mt. Olive. (Angelica Edwards) / ELNC

Puentes de acceso: Comunidades rurales marginadas trazan el camino hacia futuros más saludables

A lo largo de zona rural de Estados Unidos, las comunidades de color pueden estar enfrentando barreras para acceder a la atención médica, pero también están sentando las bases para un futuro más equitativo. Ya sea a través de la reapertura de hospitales, el enfoque holístico de una comunidad hacia el cuidado maternal o el trabajo de base para ofrecer servicios integrales a inmigrantes, estas historias, de INN’s Rural News Network y lideradas por Capital B y The Associated Press, ofrecen una hoja de ruta.

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Lilian Melgar Martínez comenzaba su día a las 5 a.m. para cosechar tabaco y batatas en los campos del condado de Duplin, en Carolina del Norte. A medida que las temperaturas subían y los días de trabajo se extendían hasta la noche, a veces se desmayaba.

El exigente horario estaba cobrando gradualmente un alto precio en su salud, mientras que la exigencia continua de los supervisores solo se intensificaban.

“Decían, ‘Apúrense, que hay que darle’”, recordó Melgar Martínez sobre los comentarios de los mayordomos. “Decían que tenía que sacar el trabajo, o si no, lo corrían a uno”.

Melgar Martínez ha vivido en el estado durante unos 20 años, la mayoría de los cuales ha sido como trabajadora agrícola. 

Junto con su esposo y sus hijos, la familia ha trabajado en los campos durante años. A pesar de su papel crucial en la industria agrícola de Carolina del Norte, que genera más de $70 mil millones al año, han enfrentado barreras para acceder a exámenes anuales, vacunas y pruebas para enfermedades crónicas.

Las visitas a instalaciones médicas eran raras y a menudo motivadas sólo por crisis de salud urgentes, como los desmayos que experimentaba Melgar Martínez.

“En las clínicas le pedían tantas cosas a uno. Por eso yo no iba”, dijo Melgar Martínez. “Me daba miedo”. 


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Barreras del idioma y requisitos de documentación

Melgar Martínez no está sola en su lucha con un sistema de salud poco acogedor y que a veces puede resultar en arrestos.

Ella es una de los aproximadamente 150,000 trabajadores agrícolas y sus dependientes que viven en el estado, muchos de ellos indocumentados y de habla hispana. 

Más de la mitad de los jornaleros en el país son de habla hispana y carecen de documentos, según la última Encuesta Nacional de Trabajadores Agrícolas del Departamento de Trabajo de los EE. UU.

(De izquierda a derecha) Wade Johnson, de 24 años, estudiante de segundo año de medicina en la Universidad Campbell, y Blondye Santana, una paciente que guió 45 minutos para recibir tratamiento, escuchan mientras el estudiante de Campbell traduce los síntomas de Santana de español a inglés. La intervención fue durante una clínica de salud móvil organizada por NC FIELD frente a la Iglesia Católica María, Reina de las Américas, el miércoles 19 de junio de 2024, en Mt. Olive. (Angelica Edwards) / ELNC

“Creo que, en el fondo, el sistema de salud de Estados Unidos es realmente difícil de navegar”, dijo Rebecca Young, directora de Programas en Farmworker Justice.

“Si no estás familiarizado con el sistema, eso ya crea un obstáculo para ti”, señaló.

En teoría, los trabajadores del campo deberían tener acceso a atención médica independientemente de su estatus migratorio. 

Sin embargo, muchos enfrentan un acceso fragmentado a la atención médica en programas de ayuda social. Como en los Centros de Salud Calificados Federalmente (FQHC, en inglés), y en sus equivalentes, que operan fuera de los horarios convenientes para los jornaleros. 

También, enfrentan barreras del idioma, y requisitos de documentación en los centros, que generan miedo a la deportación.


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Tardanza en el diagnostico

Después de años sin acceder a atención médica rutinaria, Melgar Martínez fue diagnosticada con un coágulo sanguíneo en el cerebro este verano. 

Su diagnóstico solo ocurrió porque un empleado de “Sembrando Salud” de NC FIELD notó que ella parecía enferma durante una visita a su hogar.

Reconociendo la gravedad de su condición, la empleada de la organización sin fines de lucro llevó a Melgar Martínez a la sala de emergencias. Esta intervención potencialmente le salvó la vida.

Sin embargo, la detección de su condición tardó años debido a la dificultad de obtener servicios de salud.

Los defensores de los derechos de los inmigrantes afirman que Carolina del Norte dificulta el acceso de los trabajadores indocumentados a los servicios de salud. 

Los desafíos se ven agravados por amenazas legislativas como la propuesta HB 10. El proyecto de ley requeriría que los alguaciles locales cooperen con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). 

Como resultado, muchos trabajadores agrícolas no buscan atención y sufren de condiciones crónicas que a menudo no se diagnostican hasta que es demasiado tarde. 

Las clínicas gratuitas y caritativas, las clínicas de salud para trabajadores agrícolas en Carolina del Norte y los centros de salud para migrantes intentan llenar estas brechas con menos requisitos y más flexibilidad en los servicios. 

Pero enfrentan dificultades con la disponibilidad de proveedores y la financiación.

Alexandre Desjardins, de 32 años, estudiante de segundo año de medicina en la Universidad Campbell, verifica los signos vitales de María García, una ex trabajadora agrícola de tabaco. García asistió a la clínica móvil organizada por NC FIELD frente a la Iglesia Católica María, Reina de las Américas, el miércoles 19 de junio de 2024, en Mt. Olive.
Alexandre Desjardins, de 32 años, estudiante de segundo año de medicina en la Universidad Campbell, verifica los signos vitales de María García, una ex trabajadora agrícola de tabaco. García asistió a la clínica móvil organizada por NC FIELD frente a la Iglesia Católica María, Reina de las Américas, el miércoles 19 de junio de 2024, en Mt. Olive. (Angelica Edwards)/ ELNC

Del reglamento a la práctica: Navegando las opciones de atención médica

A diferencia de estados como Oregón, California y Washington — donde los jornaleros indocumentados tienen derecho a atención médica y horas extras — Carolina del Norte no ofrece estos beneficios. 

Como resultado, muchos jornaleros carecen de seguro médico y deben presentar documentación en los FQHC para servicios con tarifas ajustadas.

“Tenemos la obligación de intentar cobrar esa tarifa dentro de lo razonable”, dijo Brendan Riley, vicepresidente de Relaciones Gubernamentales y Asuntos Externos de la Asociación de Centros de Salud Comunitarios de Carolina del Norte (NCCHCA, en inglés). 

Sin embargo, estas organizaciones, guiadas por su misión, suelen esforzarse por reducir las barreras al acceso, comentó.

La NCCHCA brinda capacitación, defensa y asistencia técnica a los 43 FQHC del estado. Estos centros brindan atención primaria en áreas desatendidas y reciben fondos para ofrecer servicios sin importar la capacidad de pago de los pacientes.

Aunque no es obligatorio, “es una práctica muy común” que los FQHC recopilen documentación de dirección e ingresos para ofrecer tarifas ajustadas, según Mel Goodwin-Hurley, vicepresidenta de Gestión de Riesgos y Asesora General de la NCCHCA.

Algunos centros de salud permiten que los pacientes declaren la falta de ingresos cuando no tienen documentación de ingresos disponible, explicó Goodwin-Hurley. 

Sin embargo, como cada FQHC es una entidad sin fines de lucro independiente, sus estructuras de gobernanza y requisitos para los pacientes pueden variar.

Inicialmente, muchas familias pagan en efectivo y declaran su ingreso, pero para visitas de seguimiento deben presentar pruebas, como una carta o un talón de pago, dijo Amy Elkins de NC FIELD.

Elkins mencionó que la Clínica de Atención Comunitaria de la Universidad Campbell en colaboración con Sembrando Salud de NC FIELD frecuentemente atiende a pacientes que se sienten rechazados por los FQHC debido a estos requerimientos.

Miembros de la comunidad reciben tratamiento médico de estudiantes de medicina de la Universidad Campbell durante una clínica de salud móvil organizada por NC FIELD frente a la Iglesia Católica María, Reina de las Américas, el miércoles 19 de junio de 2024, en Mt. Olive. La clínica móvil está adaptada para atender a pacientes rurales, muchos de ellos trabajadores agrícolas, que a menudo trabajan durante el horario laboral normal, carecen de seguro médico y enfrentan barreras lingüísticas.

Miembros de la comunidad reciben tratamiento médico de estudiantes de medicina de la Universidad Campbell durante una clínica de salud móvil organizada por NC FIELD frente a la Iglesia Católica María, Reina de las Américas, el miércoles 19 de junio de 2024, en Mt. Olive. La clínica móvil está adaptada para atender a pacientes rurales, muchos de ellos trabajadores agrícolas, que a menudo trabajan durante el horario laboral normal, carecen de seguro médico y enfrentan barreras lingüísticas. (Angelica Edwards)/ ELNC

Desafíos para jornaleros indocumentados

María, una trabajadora agrícola migrante indocumentada entre Florida y Carolina del Norte, enfrentó un desafío similar en 2015 al buscar atención en Black River Clinic, un equivalente a FQHC.

Le pidieron talones de pago y prueba de residencia, dijo. Para obtener esta información, María tenía que pedir a su empleador una carta de ingresos bajo su alias en Carolina del Norte.

“En el pasado, sí le pedía esa carta al patrón, pero me daba pena. ¿Y si se llegan a enojar, qué tal y no me no me quieran dar trabajo porque molesto mucho?”,  explicó María, cuyo nombre es ficticio para proteger su identidad.

Lee Ann, CEO de Black River Clinic, explicó que aunque la clínica requiere prueba de ingresos de residentes permanentes para su escala de tarifas, esto no suele aplicarse a los jornaleros migrantes.

“Eso fue probablemente alguien que no entendía que ella era una trabajadora agrícola migrante. Y ella estaba en la oficina de Burgaw, la mayoría termina asistiendo a Atkinson”, dijo Ann sobre la situación de María. 

“Pero sí, eso no es normal. No sé, podría haber sido un empleado nuevo que no sabía”, señaló.

Para atender mejor a los jornaleros, Black River Clinic opera el programa ‘Manos Unidas’ en Atkinson, con una subvención de salud migrante de la Oficina de Salud Rural de Carolina del Norte.

Este programa está dedicado principalmente a pacientes migrantes y estacionales y es uno de los 20 programas de clínicas de salud para trabajadores agrícolas en el estado. Sin embargo, no todos los FQHC y sus equivalentes tienen programas por separado para jornaleros.

María eventualmente supo de la clínica móvil de Manos Unidas gracias a un compañero.

“Todavía tuve que manejar hasta allí; otra compañera me llevó. Pero ellos tenían doctores, como abajo de una casita y ahí nos miraba un doctor”, recordó Maria. 


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Llenar las brechas de atención médica

Mientras que los FQHC y sus equivalentes tienen más requisitos regulatorios, clínicas como la que visitó María ofrecen más flexibilidad en la prestación de servicios.

Además de esas clínicas financiadas por el Programa de Salud para Trabajadores Agrícolas de Carolina del Norte (NCFHP), hay 11 clínicas adicionales en el estado especializadas en atender a trabajadores agrícolas y sus familias, conocidas como Centros de Salud para Migrantes.

Estas Clínicas de Salud para Trabajadores Agrícolas y Centros de Salud para Migrantes tienen como objetivo llenar las brechas de atención médica específicas para los jornaleros. Lo logran exigiendo menos documentación, empleando personal bilingüe, usando unidades móviles y ofreciendo horarios extendidos. 

Sin embargo, estos recursos a menudo están al límite, dijo Marianne Martínez, CEO de Vecinos, una clínica de salud para trabajadores agrícolas y recientemente designada como centro de salud rural estatal. Vecinos tiene clínicas móviles que atienden a jornaleros en nueve condados del oeste de Carolina del Norte. 

Martínez destaca que las enfermedades crónicas, los problemas dentales y los problemas de visión a menudo no se abordan adecuadamente entre los trabajadores agrícolas.

“Para cualquier persona esperar de seis a ocho semanas para una cita de atención primaria es demasiado tiempo. Eso por sí mismo indica que no hay suficientes clínicas”, dijo. 

“Hay problemas significativos con la disponibilidad de proveedores, que afectan no solo a los especialistas sino también a los proveedores de atención primaria”, comentó Martínez.

La sombra de la HB 10

La comunidad latina se ha movilizado durante años tratando de evitar el avance de proyectos como el HB10. La foto corresponde a una movilización realizada el 1 de mayo del 2024 en Raleigh
La comunidad latina se ha movilizado durante años tratando de evitar el avance de proyectos como el HB10. La foto corresponde a una movilización realizada el 1 de mayo del 2024 en Raleigh (Walter Gómez/ ELNC)

El miedo a una mayor vigilancia migratoria añade otra capa de complejidad, particularmente con el reciente proyecto de ley HB 10. La propuesta podría obligar a los alguaciles a cooperar con ICE. 

“Queremos poder ver a un médico sin sentir que nos están haciendo muchas preguntas y es que empieza a dar miedo”, dijo María.

El temor afecta tanto a trabajadores indocumentados como con visa H-2A, quienes dependen de sus empleadores para trabajo, transporte, comida y vivienda.

“Muchos trabajadores agrícolas H-2A tienen un acceso muy limitado al transporte. Pueden ser llevados a Walmart una vez a la semana, pero eso no es suficiente para las necesidades médicas”, dijo Quirina Vallejos, directora ejecutiva del NC Farmworkers Project.

Los jornaleros indocumentados, que a veces no tienen licencia pero sí un automóvil, a menudo juegan un papel crucial en asistir a los trabajadores H-2A. Ellos proporcionan transporte a citas médicas y otros servicios esenciales, dijo Leticia Zavala, líder de la organización de trabajadores agrícolas El Futuro Es Nuestro.

“Ese sistema de apoyo está en riesgo si la gente tiene miedo de conducir, romper alguna ley o ser detenida por la policía”, dijo Zavala.

Cómo las barreras en salud conducen a condiciones graves

El Dr. Joseph Cacioppo, presidente del Departamento de Medicina Comunitaria y Global de la Universidad Campbell, revisa la tiroides de Blondye Santana, una paciente que condujo 45 minutos para recibir tratamiento. Santana visitó la Clínica de Atención Comunitaria de la Universidad Campbell en colaboración con Sembrando Salud de NC FIELD frente a la Iglesia Católica María, Reina de las Américas, el miércoles 19 de junio de 2024, en Mt. Olive.
El Dr. Joseph Cacioppo, presidente del Departamento de Medicina Comunitaria y Global de la Universidad Campbell, revisa la tiroides de Blondye Santana, una paciente que condujo 45 minutos para recibir tratamiento. Santana visitó la Clínica de Atención Comunitaria de la Universidad Campbell en colaboración con Sembrando Salud de NC FIELD frente a la Iglesia Católica María, Reina de las Américas, el miércoles 19 de junio de 2024, en Mt. Olive. (Angelina Edwards) / ELNC

Las barreras en el acceso a la atención médica a menudo hacen que condiciones crónicas como la diabetes e hipertensión no se diagnostiquen hasta que es demasiado tarde.

El Dr. Joseph Cacioppo, presidente del programa de Salud Comunitaria y Global en la Universidad Campbell, ha sido testigo de las graves consecuencias de estas barreras.

“Esperan hasta estar gravemente enfermos para ir al departamento de emergencias”, señaló Caciappo, quien trabajó durante 42 años en salas de emergencia. 

Cacioppo observó que los jornaleros a menudo retrasan la atención médica hasta que sus condiciones son graves, por miedo a la deportación o barreras del idioma.

El doctor ahora es voluntario en la Clínica de Atención Comunitaria de la Universidad Campbell en colaboración con Sembrando Salud de NC FIELD que atiende mayormente a trabajadores agrícolas.

“El doctor dijo que si no hubiera llegado, no me hubiese apurado a llegar, a mí me hubiera pegado el infarto”, relató Melgar Martínez. Sin la ayuda de Sembrando Salud de NC FIELD, ella no habría tenido medios para acceder a la sala de emergencia.

El rol de las clínicas móviles

En 2017, durante la primera campaña de concienciación de la clínica gratuita, 68 pacientes fueron diagnosticados con diabetes. Cuatro de ellos tenían niveles de A1C superiores a 15, muy por encima del rango normal de menos de 5.6.

“Tres de ellos tuvieron suerte; no hubo daño orgánico significativo o fue mínimo cuando los encontramos”, recordó el Cacioppo.

El cuarto paciente “si hubiera sido diagnosticado años antes, podría haber sido un hombre de mediana edad saludable. En cambio, ahora enfrenta insuficiencia renal y daño hepático porque pasó tantos años sin saber que era diabético”, explicó.

La mayoría de los pacientes redujo sus niveles de A1C a menos de 8, considerado un buen control por la Asociación Americana de Diabetes.

“Eso significa mucho, porque, en última instancia, la diabetes, si no se controla, aumenta significativamente la tasa de mortalidad”, dijo el doctor.

“Puede llevar a enfermedades cardíacas, derrames cerebrales, pérdida de extremidades y otras complicaciones graves”, comentó.

El horario de la clínica móvil, de 5:30 PM a 10:00 PM, es esencial para llegar a los jornaleros que no pueden visitar las clínicas durante su horario laboral.

Lois Kang, de 28 años, estudiante de segundo año de medicina en la Universidad Campbell, está dentro de un vehículo médico, después de una clínica móvil organizada por NC FIELD. La Clínica de Atención Comunitaria de la Universidad Campbell estaba ubicada frente a la Iglesia Católica María, Reina de las Américas, el miércoles 19 de junio de 2024, en Mt. Olive
Lois Kang, de 28 años, estudiante de segundo año de medicina en la Universidad Campbell, está dentro de un vehículo médico, después de una clínica móvil organizada por NC FIELD. La Clínica de Atención Comunitaria de la Universidad Campbell estaba ubicada frente a la Iglesia Católica María, Reina de las Américas, el miércoles 19 de junio de 2024, en Mt. Olive.(Angelica Edwards)/ ELNC

“Proporcionamos atención primaria a los residentes de esa comunidad, pero principalmente a los trabajadores agrícolas estacionales y migrantes”, explicó Cacioppo. “Porque de otro modo no tienen acceso a atención médica”.

“Un gran problema de rendición de cuentas”

La falta de proveedores médicos y los largos tiempos de espera agravan aún más la dificultad de obtener atención médica. 

A pesar de recibir financiamiento para atender a poblaciones vulnerables, muchas clínicas en Carolina del Norte no mejoran la salud de los trabajadores del campo.

“Hay un gran problema de rendición de cuentas, uno enorme”, según Yesenia Cuello, directora ejecutiva de NC FIELD. 

“Y creo que uno de los desafíos que enfrentamos es el hecho de que, aunque les estamos diciendo lo importante que es medir el impacto, la presión proviene de nosotros. Y no necesariamente viene directamente de las personas que financian estas clínicas”, afirmó.

NC FIELD aboga por políticas que exijan a las clínicas demostrar mejoras reales en la salud, no solo informar el número de pacientes. También promueven requisitos de documentación más flexibles y una mayor accesibilidad a proveedores bilingües, barreras que impiden que muchos jornaleros accedan a la atención médica.

El papel de las clínicas gratuitas y caritativas

El Dr. Daniel Frame, director del Ministerio Médico en Asheville Buncombe Community Christian Ministry (ABCCM), destaca el papel distintivo de las clínicas gratuitas y caritativas. Estas clínicas, como ABCCM, Vecinos y Campbell University Community Care, a menudo superan las limitaciones que enfrentan las FQHCs para los pacientes no asegurados en áreas rurales de Carolina del Norte.

Por ejemplo, la clínica de ABCCM, que atiende un 34% de pacientes latinos, acepta medicamentos donados por compañías de seguros. También utiliza médicos voluntarios jubilados sin seguro de responsabilidad profesional. 

Su flexibilidad permite a ABCCM llegar a más personas no aseguradas que las FQHCs, que tienen requisitos más rígidos, según el Dr. Frame.

“Nos situamos en la brecha entre un sistema de salud roto y las personas que necesitan ayuda”, agregó el Dr. Frame.

Melgar Martínez dijo que conoce de muchos trabajadores agrícolas que enfrentan dificultades similares para acceder a la atención médica. A menudo carecen de cuidado por desconocimiento o temor de usar los recursos disponibles hasta que la ayuda llega a su puerta.

Sin embargo, no hay datos completos para entender la magnitud del problema, dijo Thomas Arcury, un investigador sobre la salud de los trabajadores del campo. 

“Necesitamos consolidar diversos estudios locales, que a menudo utilizan metodologías diferentes y no siempre son comparables”, dijo el profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad Wake Forest. “Si no entiendes el problema, no sabes dónde asignar tus recursos”.

Después de casi sufrir un infarto, Melgar Martínez depende de NC FIELD-Sembrando Salud para el transporte a sus citas de seguimiento. Además, la organización le proporciona consultas virtuales con psicólogos.

“A mí nunca me había ayudado nadie, solo ellas”, dijo Melgar Martínez. “Si la muchacha no hubiera venido aquí, no estaría sentada aquí platicando con usted”. 

Después de la tormenta

Hace un año, el huracán Helene golpeó al oeste de Carolina del Norte. La comunidad latina respondió con algo más fuerte que la tormenta: solidaridad.

🎧 En este episodio, conoce cómo las organizaciones latinas transformaron la crisis en resiliencia.

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Claudia M. Rivera Cotto es una periodista bilingüe que cubre temas políticos, gubernamentales e inmigratorios en Carolina del Norte para Enlace Latino NC. Claudia forma parte de Report for America. Anteriormente,...

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  1. Great reporting about expanding access to healthcare for those hard to reach and in such need. Hopefully, an inclusion of access to oral healthcare will be added as well.

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