La población bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) crece a un ritmo sin precedentes. Al 30 de noviembre, la agencia registró 65,735 personas detenidas, la cifra más alta desde su creación hace más de dos décadas.
Este aumento sin paralelo desde la asunción de Donald Trump coincide con un endurecimiento de las operaciones migratorias dentro del territorio estadounidense y marca un nuevo capítulo en la política migratoria del país.
La mayoría no tiene antecedentes penales
Por primera vez desde que se lleva un conteo sistemático, las personas arrestadas por ICE sin antecedentes penales superan en número a aquellas con condenas. Esto contrasta directamente con el discurso del presidente Trump, quien prometió centrar las deportaciones en “lo peor de lo peor” y reiteró que su prioridad serían asesinos, violadores o personas condenadas por delitos graves.
Los datos muestran una realidad completamente diferente al discurso presidencial. Al 16 de noviembre, ICE reportó que 30,986 personas (el 48% de su población detenida) no tenían cargos ni condenas penales. Se trata de personas cuya única infracción cometida es de carácter migratorio. Por ejemplo, permanecer en el país sin autorización. La propia agencia clasifica a estas personas como “infractores de inmigración”.
En contraste, 17,171 personas tenían condenas penales y 16,978 enfrentaban cargos pendientes.
¿Quiénes son realmente los detenidos de ICE?
La diferencia entre el discurso oficial y la composición real de la población detenida ha sido señalada por especialistas. Austin Kocher, investigador de la Universidad de Syracuse, explicó que una muestra representativa de los arrestados mostraría un panorama muy distinto al que menciona Trump en sus discursos.
“Si la administración publicara una muestra representativa de personas arrestadas en su sitio web y redes sociales, seguro que algunas serían delincuentes violentos y también muchas serían madres que iban a recoger a sus hijos a la escuela, obreros de la construcción recogiendo madera en Home Depot o un miembro del personal de una guardería”, indicó Kocher. Los ejemplos que mencionó —madres, obreros y empleados de guarderías— corresponden a casos reales documentados.
Además, incluso entre la minoría de detenidos por ICE que sí tiene condena, también hay que contemplar matices. El tipo de delito no siempre es grave ni violento.
Como explicó CBS News: “Las estadísticas publicadas por el ICE no especifican la gravedad ni la naturaleza de los cargos ni las condenas de los detenidos con antecedentes penales. Estos pueden variar desde delitos violentos o graves hasta delitos menores”.
Aunque la administración Trump continúa justificando sus medidas en la necesidad de “proteger a la comunidad”, los datos indican que la mayoría de las personas afectadas no representa un riesgo criminal. En cambio, son en gran medida trabajadores, padres y madres de familia, jóvenes y residentes de larga data cuyo único delito es una falta migratoria.
Un marco para entender el aumento
El crecimiento en la población detenida no ocurre en el vacío. Desde el regreso de Donald Trump al poder, su administración ha buscado restaurar y ampliar políticas de control migratorio que ya habían sido centrales durante su primer mandato. Entre ellas se incluye la eliminación de prioridades claras para los arrestos —que en administraciones anteriores concentraban los esfuerzos en personas con condenas graves— y el impulso a operativos interiores más agresivos, tal como ha ocurrido en Carolina del Norte el mes pasado.
Durante su primer período, Trump ya había ampliado el universo de personas sujetas a detención, pero los números actuales superan incluso los picos registrados en aquellos años. En 2019, bajo su primera administración, ICE mantuvo un promedio diario de alrededor de 50,000 detenidos. La cifra actual de 65,735 personas representa un incremento significativo y marca la mayor expansión del sistema de detención migratoria en dos décadas.
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Más arrestos dentro del país y un salto extraordinario entre quienes no tienen antecedentes
Otro aspecto clave para entender este aumento es el fuerte crecimiento en las detenciones realizadas directamente por ICE, en comparación con las de la Patrulla Fronteriza (CBP). Hasta el 16 de noviembre, 52,510 personas que estaban bajo custodia de ICE habían sido inicialmente arrestadas por la propia agencia, mientras que solo 12,625 habían sido detenidas por CBP. Es decir, el grueso del crecimiento proviene de operativos interiores y no de arrestos en la frontera, que es donde suele predominar el poder del CBP.
Los datos revelan además un salto extraordinario. Entre el 26 de enero y el 16 de noviembre, el número de personas sin antecedentes penales arrestadas directamente por ICE pasó de 945 a 21,194, un aumento del 2,143%.
Los arrestos de personas con condenas crecieron también, aunque de manera mucho más moderada, y lo mismo ocurrió con aquellas que tenían cargos pendientes. Pero ninguno de esos incrementos se acerca a la magnitud del crecimiento entre quienes no tenían antecedentes penales.
Este patrón sugiere un viraje en las prioridades operativas: más arrestos en barrios, lugares de trabajo o espacios cotidianos, y menos enfoque exclusivo en individuos con historial criminal.



