Cartel de bienvenida al Asheville-Buncombe Technical Community College (AB Tech), en el ingreso al campus principal, rodeado de árboles.
El campus de AB Tech en Asheville alberga un programa de inglés como segundo idioma con 385 estudiantes inscritos, de los cuales el 70 % se identifica como latino o hispano. Foto: AB Tech / abtech.edu

En Carolina del Norte, miles de adultos inmigrantes asisten cada año a clases de inglés como segundo idioma (ESL, por sus siglas en inglés), una parte clave del sistema público de educación para adultos en Estados Unidos.

Estos cursos, ofrecidos gratuitamente en los community colleges —instituciones postsecundarias que brindan formación técnica, laboral y académica—, están diseñados para ayudar a personas cuya lengua materna no es el inglés a integrarse mejor a la vida laboral y comunitaria.

Para participar de los programas ESL no se exige presentar documentos migratorios ni número de seguro social. Solo hay que registrarse, rendir una prueba de nivel y comprometerse a asistir. Muchos de los estudiantes trabajan durante el día y estudian de noche. La mayoría tiene como primera lengua el español.

Sin embargo, este acceso podría verse afectado. Aunque la megaley conocida como la “Gran Hermosa Ley”, identificada como la H.R. 1, no elimina directamente el financiamiento para programas de inglés como segundo idioma (ESL), sí impone recortes y nuevos requisitos al sistema de community colleges, entre ellos condiciones más estrictas para sostener fondos federales.

Estos cambios, que detallamos más adelante, han encendido señales de alerta entre quienes coordinan estos servicios.

“Yo estoy preocupada, pero como todo lo que está pasando en este momento es como vivir con incertidumbre”, dijo a Enlace Latino NC Kenna Sommer, directora de Estudios Transicionales en el Asheville-Buncombe Technical Community College (AB Tech). “No sabemos bien, y las reglas del juego están cambiando diariamente”.

Un programa importante y diverso

En AB Tech, el programa de inglés como segundo idioma —denominado ELA por sus siglas en inglés (English Language Acquisition)— actualmente tiene 385 estudiantes activos, de los cuales un 70 % se identifica como latino o hispano, según datos compartidos por Sommer.

El cuerpo docente incluye 17 instructores con contrato activo y cerca de 35 personas en total si se suman suplentes y colaboradores.

“El programa está diseñado para ser accesible”, explicó Sommer. “No necesitamos documentación. Siempre pedimos el número de seguro, pero no es un requisito. Lo que pedimos es un formulario de inscripción y una prueba de nivel”.

Además de los cursos de inglés general, AB Tech ha desarrollado clases integradas que combinan lenguaje técnico básico con formación laboral, como el nuevo curso de cableado eléctrico, que se dicta en español con apoyo en inglés funcional.

“Tenemos estudiantes muy diversos”, señaló. “Algunos no tienen diploma de secundaria. Otros fueron ingenieros mecánicos en sus países. Todos conviven en un aula con el mismo objetivo: aprender inglés y avanzar”.

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¿Qué está en juego?

En Carolina del Norte, los programas gratuitos de ESL que se ofrecen en los community colleges se financian con fondos federales provenientes del Departamento de Educación.

Esos recursos se entregan a través del Título II de la Ley de Educación y Alfabetización Familiar de Adultos, que forma parte de un programa nacional más amplio —conocido como WIOA— destinado a apoyar la formación de personas desempleadas, con bajos ingresos o con barreras educativas.

“Todo lo que hacemos —las clases de inglés, el GED, los programas para adultos con discapacidades— se financia con esos fondos”, explicó Sommer. “Nuestros fondos vienen del Departamento de Educación, y en este momento están en revisión”.

Sommer advierte que los cambios recientes en Washington podrían afectar cómo se distribuyen los recursos. “Todo lo que está pasando en Washington D.C. tiene efecto en nuestros programas. No sabemos si los fondos van a venir completos, si vendrán con nuevas condiciones, o si se van a retrasar”, señaló.

La incertidumbre creció después de que el Departamento de Educación publicara en julio de 2025 un comunicado oficial, en el que anunció que ya no permitirá que fondos federales se usen para financiar programas educativos dirigidos a personas inmigrantes en situación migratoria irregular. El texto afirma:

“Los programas de educación postsecundaria financiados por el gobierno federal deben beneficiar a ciudadanos estadounidenses, no a inmigrantes ilegales.”

Hasta ahora, instituciones como AB Tech no exigen que los estudiantes presenten documentos migratorios ni número de seguro social para inscribirse.

Pero esta decisión federal podría cambiar eso.

La medida se basa en una nueva interpretación de una ley aprobada en 1996 —conocida como PRWORA, por sus siglas en inglés— que restringe el acceso a ciertos beneficios públicos para personas sin estatus migratorio regular.

Si esa interpretación se extiende a los programas de inglés, los community colleges podrían verse obligados a verificar el estatus migratorio de los estudiantes para poder seguir recibiendo fondos federales.

Estudiantes latinos de ESL

En el ciclo fiscal 2022, más de 41.000 personas participaron en programas de educación para adultos en Carolina del Norte, y al menos 10.736 de ellas se identificaron como hispanohablantes, según cifras oficiales del Departamento de Educación.

Enlace Latino NC presentó un pedido formal de información pública al North Carolina Community College System, la entidad estatal que coordina los 58 community colleges del estado, para conocer cuántos estudiantes están actualmente matriculados en programas de ESL, pero hasta ahora no se ha recibido respuesta.

Nuevas exigencias que no encajan

La ley H.R. 1 no menciona de forma directa a los programas de inglés, pero establece criterios nuevos y más restrictivos para que ciertos cursos de educación para adultos sigan recibiendo fondos federales o accedan a subsidios.

Entre otras condiciones, exige que los programas tengan al menos un 70 % de tasa de finalización, otro 70 % de inserción laboral dentro de los seis meses posteriores al egreso, y que el costo del curso no supere las ganancias adicionales que se proyecta que el estudiante obtendrá tres años después de completarlo.

Sommer advierte que este tipo de exigencias no se ajustan a la realidad de sus estudiantes ni al objetivo del programa. “Muchos de nuestros estudiantes trabajan jornadas completas, tienen hijos, y su progreso es gradual. No es razonable medir su avance con estándares pensados para otros perfiles”, explicó.

¿Qué se sabe hasta ahora?

Por el momento, no se sabe tanto sí afectarán o cómo afectarán los cambios impulsados por la ley H.R. 1 en los programas de inglés para adultos.

Mientras tanto, en AB Tech las clases continúan. Las aulas siguen recibiendo estudiantes como lo han hecho por más de 25 años. Pero la incertidumbre se cuela en cada planificación académica.

“Yo no puedo abogar por cambios en mi rol”, aclara Sommer. “Solo puedo decir lo que está pasando. Y lo que está pasando es que no sabemos qué va a pasar”.

Después de la tormenta

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Patricia Serrano es una periodista bilingüe radicada en Asheville y miembro de Report for America. Cubre temas migratorios, políticos y sociales en el oeste de Carolina del Norte para Enlace Latino NC,...

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