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Para muchos padres, ver a sus hijos pasar horas frente al teléfono o la computadora se ha convertido en parte de la rutina diaria. Pero llega un momento en que surge la duda: ¿es simplemente un pasatiempo de esta generación o podría tratarse de un problema más serio?

No existe un número exacto de horas que determine cuándo el uso de las redes sociales o los videojuegos en línea deja de ser saludable. Sin embargo, especialistas coinciden en que la preocupación comienza cuando ese tiempo empieza a desplazar otras áreas importantes de la vida de un niño o un adolescente.

Ese mismo debate también ha llegado a los tribunales. En los últimos años, miles de familias en Estados Unidos han presentado demandas contra empresas como Meta, Google y Roblox, alegando que diseñaron deliberadamente sus plataformas para fomentar un uso compulsivo entre menores de edad, aun cuando conocían los riesgos que eso podía representar para su salud mental.

Pero antes de hablar de demandas, Tom Wilmoth, abogado de la firma James Scott Farrin, considera que hay una pregunta mucho más importante para los padres: cómo reconocer que el uso de las redes sociales está dejando de ser normal.

Las señales que pueden indicar un problema

“Los padres deben recordar que usar redes sociales o jugar videojuegos en línea es una parte normal de la vida para muchos jóvenes”, explicó Wilmoth a Enlace Latino NC.

La preocupación aparece cuando ese uso comienza a interferir con la salud de nuestros hijos, sus relaciones personales, el desempeño escolar o sus responsabilidades diarias.

Según Wilmoth, algunas señales de alerta incluyen pasar una cantidad excesiva de tiempo conectado, reaccionar con ansiedad, irritabilidad o enojo cuando se les pide dejar el dispositivo, aislarse de familiares y amigos, perder interés por actividades que antes disfrutaban o quedarse despiertos hasta altas horas de la noche usando redes sociales o videojuegos.

También pueden aparecer una caída en las calificaciones escolares, cambios importantes en el aspecto personal, pérdida significativa de peso o incluso autolesiones.

El abogado señaló además que algunos padres observan que sus hijos intentan ocultar lo que hacen en internet, prometen reducir el tiempo frente a las pantallas pero no lo consiguen o continúan utilizando las plataformas a pesar de que ya enfrentan consecuencias negativas en su vida cotidiana.

Eso no significa necesariamente que exista una adicción.

“Ningún comportamiento por sí solo significa necesariamente que un niño sea adicto”, explicó Wilmoth. Sin embargo, agregó que si varias de estas señales persisten con el tiempo y comienzan a afectar el bienestar emocional del joven, sus relaciones o su capacidad para desenvolverse en la casa o en la escuela, puede ser momento de buscar ayuda de un profesional de salud mental calificado.

¿Qué pueden hacer los padres?

Para Wilmoth, la respuesta no pasa por prohibir de inmediato el acceso a la tecnología.

“Mi consejo es no entrar en pánico, sino mantenerse involucrados”, afirmó.

El abogado recomienda prestar atención a la forma en que el tiempo frente a las pantallas afecta el bienestar general del niño o adolescente. Si las redes sociales comienzan a reemplazar el sueño, las tareas escolares, el tiempo en familia, las amistades, la actividad física u otros intereses importantes, considera que es momento de intervenir.

Más que quitarles el teléfono o la tableta, Wilmoth aconseja mantener conversaciones frecuentes y sin juzgar.

“Animo a los padres a tener conversaciones regulares con sus hijos sobre lo que hacen en internet, con quién interactúan y cómo les hacen sentir las redes sociales”, explicó.

También recomienda establecer límites razonables para el uso de dispositivos, crear momentos libres de pantallas por ejemplo durante las comidas o antes de dormir, fomentar actividades fuera del mundo digital y que los propios adultos den el ejemplo con hábitos tecnológicos saludables. Además, sugiere que los padres conozcan las herramientas de privacidad y seguridad de las aplicaciones que utilizan sus hijos.

La ventaja de las familias hispanas

Wilmoth destacó que muchas familias hispanas cuentan con una ventaja importante para enfrentar este desafío.

“Una de las mayores fortalezas de muchas familias hispanas y latinas es la importancia que le dan a mantenerse conectadas entre generaciones”, señaló.

A su juicio, las conversaciones abiertas entre padres, abuelos e hijos sobre la vida digital pueden ser una de las herramientas más efectivas para detectar problemas a tiempo y ayudar a los jóvenes a desarrollar hábitos saludables con la tecnología.

Por qué Meta, Google y Roblox enfrentan miles de demandas

Aunque la preocupación por el impacto de las redes sociales en la salud mental de niños y adolescentes no es nueva, la estrategia legal contra las grandes empresas tecnológicas sí ha cambiado en los últimos años.

“Desde el punto de vista legal, el enfoque ha cambiado de una manera importante”, explicó Wilmoth.

Según el abogado, las primeras demandas contra estas compañías se basaban en su supuesta falta de control sobre el contenido publicado por los usuarios. Sin embargo, esos casos generalmente no prosperaban porque las empresas estaban protegidas por una ley federal conocida como Communications Decency Act, que limita su responsabilidad por el contenido generado por terceros.

Ahora, dijo Wilmoth, las demandas plantean un argumento diferente.

“Las demandas más recientes utilizan una estrategia legal distinta: alegan que compañías como Meta, Google y Roblox ofrecen productos defectuosos”, señaló.

Según esas acciones judiciales, las empresas diseñaron deliberadamente sus plataformas con funciones destinadas a mantener a niños y adolescentes conectados durante el mayor tiempo posible.

Entre las características mencionadas en las demandas figuran el desplazamiento infinito (infinite scrolling), la reproducción automática de videos, las notificaciones automáticas, los algoritmos de recomendación de contenido, los botones de “me gusta”, las reacciones, los comentarios, los contadores de visualizaciones, los filtros de belleza y las alertas constantes.

“Algunas demandas recientes sostienen que compañías como Meta utilizan las mismas características presentes en las plataformas de apuestas o los llamados ‘casinos digitales'”, afirmó Wilmoth.

Las familias que impulsan estos casos sostienen que, tras un uso prolongado de las plataformas, sus hijos desarrollaron problemas graves de salud mental, como ansiedad, depresión, trastornos alimentarios, autolesiones o pensamientos suicidas. También alegan que las empresas conocían, o debían conocer, esos riesgos potenciales y no adoptaron medidas razonables para proteger a los usuarios más jóvenes.

Wilmoth aclaró que no existe una regla única que determine cuándo una familia tiene derecho a presentar una demanda.

“Cada situación es diferente, por lo que no existe una única regla que determine si una familia tiene un reclamo legal”, explicó.

En términos generales, señaló que estos casos suelen involucrar a menores que utilizaron una o varias plataformas de redes sociales de manera intensiva antes de cumplir los 18 años y que posteriormente desarrollaron trastornos de salud mental documentados. Por ejemplo, ansiedad, depresión, trastornos alimentarios, autolesiones o pensamientos suicidas.

Además, las familias normalmente deben contar con evidencia sobre el uso que el menor hizo de las plataformas y cómo esos problemas de salud mental fueron desarrollándose con el paso del tiempo.

El abogado subrayó que, si los padres creen que las redes sociales pudieron contribuir a un daño importante, la prioridad debe ser la salud del menor.

“Primero deben centrarse en el bienestar de su hijo buscando la atención médica o de salud mental adecuada”, afirmó.

También recomendó conservar los registros médicos y cualquier información disponible sobre el historial de uso de las plataformas, además de consultar con un abogado con experiencia en este tipo de casos para conocer si existen opciones legales y cuáles son los plazos aplicables.

Barreras adicionales para las familias latinas

Para las familias hispanas y latinas, buscar ayuda puede implicar desafíos adicionales.

Según Wilmoth, las barreras del idioma, la disponibilidad limitada de profesionales de salud mental que hablen español o comprendan las particularidades culturales de la comunidad, las preocupaciones por el costo de la atención y el desconocimiento sobre los recursos legales disponibles pueden dificultar el acceso tanto al apoyo psicológico como a la información sobre sus derechos.

En algunos hogares, agregó, también existe un estigma cultural en torno a la salud mental que hace que padres e hijos retrasen la búsqueda de tratamiento o eviten hablar abiertamente sobre los problemas emocionales.

“Ninguna familia debería permitir que esas barreras le impidan hacer preguntas”, sostuvo.

“Hispanos y latinos tienen la misma oportunidad que cualquier otra persona de consultar con un abogado, comprender sus derechos legales y determinar si podrían tener un caso. Tener acceso a información precisa, en el idioma que prefiera la familia, puede marcar una diferencia importante para que los padres tomen decisiones informadas sobre la salud y el futuro de sus hijos”.

El primer paso no es una demanda

Más allá del creciente número de litigios, Wilmoth insiste en que la respuesta más importante comienza mucho antes de pensar en un tribunal.

“Confíe en sus instintos”, recomendó.

Si los padres observan cambios persistentes en el estado de ánimo, el comportamiento, el sueño, las relaciones personales o el rendimiento escolar de sus hijos, aconseja consultar con un pediatra o un profesional de salud mental.

“El apoyo temprano puede marcar una diferencia significativa, independientemente de que alguna vez se emprenda o no una acción legal”, concluyó.

Para contactarse con la firma James Scott Farrin y recibir asistencia en español sobre cuestiones legales puede llamar al: 800-222-7700.

¿Tiene preguntas sobre sus opciones legales?

Cada situación es diferente. Si después de informarse considera que su familia podría necesitar orientación legal sobre el impacto de las redes sociales en un menor, puede consultar con Las Oficinas Legales de James Scott Farrin para conocer sus opciones.

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También puede llamar al 800-222-7700 o visitar su página de Facebook.

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