Por: Haydeé López

Para quienes miran desde fuera, Puerto Rico suele asociarse con playas, música y turismo.

Pero desde enero de 2025, tras el inicio de un nuevo periodo presidencial de Donald Trump, otra realidad ha comenzado a imponerse con rapidez: el aumento de redadas y detenciones migratorias por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).

En medio de ese contexto, incluso las voces más visibles de la isla han comenzado a pronunciarse. El artista puertorriqueño Bad Bunny lo dijo desde un escenario global, frente a millones: “Fuera ICE”.

La frase, breve y contundente, no se quedó en lo simbólico. En barrios como Río Piedras y Santurce, donde se concentran comunidades migrantes, esa consigna hoy se siente en la vida diaria: en calles más vacías, en negocios con menos clientes, en decisiones marcadas por el miedo.

Un caso que encendió las alarmas

Uno de los primeros casos que evidenció este cambio fue el de Fermín Díaz, un dominicano de 57 años arrestado en Barrio Obrero. Había salido de su casa por unos minutos para ir a la tienda. No regresó tras ser detenido por agentes de ICE.

“Fue un shock”, explicó la periodista Luisa Benítez a Enlace Latino NC. “Era la primera vez que veíamos este tipo de movilización en la isla, y no respondía necesariamente a lo que se había dicho desde el gobierno federal: que las detenciones serían para personas con antecedentes criminales o con órdenes de arresto. Simplemente lo detuvieron. No se sabe si fue por su apariencia, por el lugar donde vive o por su acento”.

Un año después, otro caso reflejaba esa misma tendencia en un contexto distinto.

Mathews Gomes Da Silva, atleta de 29 años con ciudadanía brasileña y mexicana, acudió a una cita migratoria en las oficinas del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS) en Santurce, sin imaginar que no saldría en libertad.

Llegó junto a su esposa puertorriqueña, Anamarí Cabán Torres. Tras completar el trámite, le indicaron que esperara mientras procesaban sus documentos. 

“Nos abrazamos, celebramos… estábamos esperando el documento. Y de repente agentes federales de ICE entran y dicen: ‘no, él no se va contigo. Él se va arrestado’”, relató Cabán Torres en entrevista con Benítez.

Estos casos no son incidentes aislados. Forman parte de un patrón creciente de redadas y detenciones que ahora redefinen la vida cotidiana en comunidades migrantes de Puerto Rico.

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Redadas en Puerto Rico: entre memoria y olvido

Durante un reciente entrenamiento para comunicadores y activistas de todo el país, organizado por Migrant Roots y Kilómetro Cero, el periodista puertorriqueño Luis Trelles situó el momento actual dentro de una memoria más amplia de la isla:

“No se observaba una escala de redadas de esta magnitud desde los años noventa. Pero el problema no es solo que hayan regresado. El problema es que muchos puertorriqueños olvidaron que esto existía. ¿Por qué hay olvido? ¿Por qué dejamos que vuelva a pasar?”

Ese pasado al que hace referencia no es abstracto. En la década de 1990, durante la presidencia de Bill Clinton, Puerto Rico vivió redadas migratorias en comunidades y centros de trabajo, en medio de un endurecimiento de la política migratoria federal. Esos episodios dejaron una memoria de desconfianza que hoy parece reactivarse.

Las cifras confirman ese giro. En 2024, las autoridades federales registraron 95 arrestos por temas migratorios en Puerto Rico. Para marzo de 2026, el número había escalado a 1,712 detenciones, según el Centro de Periodismo Investigativo. 

La presencia de ICE se extiende a los aeropuertos

Pero el alcance de estas medidas no se limita a comunidades o centros de trabajo. También comienza a hacerse visible en los principales puntos de entrada y salida de la isla.

En el Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín, en Carolina, la presencia de ICE ha incrementado la tensión.

Viajeros señalan que los agentes no realizan funciones de seguridad, sino que observan a distancia, generando una sensación de vigilancia que muchos consideran intimidante, dijo Benítez

En este escenario, vale la pena recordar que la migración en Puerto Rico no es un fenómeno ajeno, sino parte esencial de su historia.

A lo largo del tiempo, las personas migrantes han contribuido a la vida económica, cultural y social de la isla, tejiendo comunidades y sosteniendo sectores clave.

Presentación en seminario para comunicadores, periodistas y activistas migrantes,                        organizado por Migrant Roots y Kilómetro Cero, en Adjuntas, Puerto Rico/Haydeé López, ELNC
Presentación en seminario para comunicadores, periodistas y activistas migrantes,                        organizado por Migrant Roots y Kilómetro Cero, en Adjuntas, Puerto Rico/Haydeé López, ELNC

Hoy, cerca de 90,000 personas nacidas en el extranjero residen en Puerto Rico, según estimaciones del censo de Estados Unidos. En su mayoría provenientes del Caribe y América Latina, muchas han llegado en busca de oportunidades económicas, redes comunitarias o, en algunos casos, una posible puerta de entrada hacia el territorio continental estadounidense.

Rebecca González-Ramos, investigadora principal de ICE en entrevista con NPR, estima que alrededor de 20,000 personas viven sin estatus migratorio regular, una cifra probablemente mayor debido al subregistro y al temor de muchas comunidades a participar en conteos oficiales.

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El costo económico de la política migratoria

El impacto del aumento de redadas de ICE no se limita al plano humano; también comienza a sentirse con fuerza en la economía local.

Sectores como la construcción, clave para los procesos de reconstrucción en la isla, dependen en gran medida de la mano de obra migrante, por lo que cualquier alteración en esta fuerza laboral tiene efectos inmediatos.

Comerciantes en zonas con alta presencia migrante también reportan una caída en la actividad diaria.

La disminución del flujo de clientes, sumada al temor de trabajadores a desplazarse, impacta directamente en ventas y horarios.

A largo plazo, esta contracción también puede traducirse en una disminución en la recaudación fiscal, particularmente en impuestos al consumo como el IVU, afectando ingresos que sostienen servicios públicos en la isla.

Esto ocurre porque las comunidades migrantes son parte activa del tejido económico: pagan renta, dinamizan el consumo de bienes y servicios, aportan al IVU y contribuyen al sistema de Seguro Social.

Cuando estas comunidades son desplazadas o viven bajo temor constante, ese flujo económico no solo se reduce: se fractura, afectando tanto a pequeños negocios como a sectores enteros que dependen de su participación.

“Desde un inicio se advirtió sobre este impacto económico, especialmente en zonas con alta concentración de restaurantes y en sectores donde muchas personas trabajan en labores de limpieza y trabajo doméstico”, señaló Benítez.

Más allá de los números, el efecto es claro: cuando una comunidad deja de moverse por miedo, la economía deja de moverse con ella.

Efectos en la diáspora boricua en Carolina del Norte

Las redadas y el clima de miedo que hoy se vive en Puerto Rico no necesariamente se quedan en sus calles.

Para muchas familias puertorriqueñas que emigraron a Estados Unidos después de años de crisis económica, los vínculos con la isla siguen siendo profundos.

En Carolina del Norte, hogar de más de 130,000 puertorriqueños, una de las comunidades boricuas de más rápido crecimiento en Estados Unidos, Carmen Santiago, residente en Fayetteville, observa la situación con frustración.

“Nosotros tuvimos que salir de Puerto Rico por la falta de apoyo del gobierno federal después de [huracán] María”, indicó Santiago a Enlace Latino NC.

“Mi sueño es regresar a mi isla. Pero es difícil pensar en volver con la economía actual, y aún más cuando el gobierno federal, lejos de ayudar, empeora la situación al aterrorizar a personas migrantes que sostienen la economía de Puerto Rico”, señaló.

Para muchos en la diáspora, las imágenes de redadas y el miedo que hoy enfrentan otras comunidades migrantes en la isla no son ajenas.

Despiertan recuerdos propios y refuerzan una identificación profunda con quienes hoy viven bajo ese mismo temor.

“El boricua sabe lo que es vivir sin reconocimiento y enfrentar el maltrato”, dijo Santiago.

“También hemos tenido que luchar por nuestros derechos. En 1904, el caso de Isabel González, a quien intentaron deportar al llegar a Ellis Island, llevó al Tribunal Supremo a determinar que los puertorriqueños no eran extranjeros bajo las leyes migratorias. Sin embargo, no fue hasta 1917 que se nos otorgó la ciudadanía estadounidense, aun viviendo bajo dominio de Estados Unidos”, recordó.

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Solidaridad activa

Hoy, para muchas personas en la diáspora, esa historia no se percibe como algo lejano, sino como un ciclo que se repite: momentos en los que la ciudadanía, los derechos y la dignidad vuelven a ponerse en duda, no solo para los puertorriqueños, sino también para otras comunidades migrantes.

“Y tras el huracán María, nuestros derechos se negaron otra vez, cuando la respuesta federal llegó de a poquito y demasiado tarde”, dijo Santiago.

Esa memoria compartida es, para muchos, el punto de partida de una solidaridad activa: un reconocimiento de que las luchas migratorias no son ajenas, sino profundamente conectadas.

El costo invisible en Río Piedras

El clima de miedo se percibe con especial intensidad en barrios de San Juan como Río Piedras, zonas históricas donde conviven estudiantes, comerciantes y comunidades migrantes. 

Enlace Latino NC visitó Río Piedras junto a Rahissa DeLucca, vicepresidenta de la Junta Comunitaria del Casco Urbano, quien describe un ambiente que no siempre se ve, pero que se siente.

Calle de Río Piedras, donde convergen historia, comercio y vida comunitaria en San Juan/Haydeé López, ELNC
Calle de Río Piedras, donde convergen historia, comercio y vida comunitaria en San Juan/Haydeé López, ELNC

“Cuando una comunidad vive con miedo, cambia todo”, explicó. “La gente deja de ir al médico, deja de participar en actividades, deja de consumir en los negocios. La economía del barrio se congela”.

Hoy, caminar por algunas calles de Río Piedras es encontrarse con un silencio inusual. Donde antes había flujo constante de personas, ahora predominan las aceras vacías. Muchos migrantes prefieren quedarse en casa. Otros evitan espacios públicos o rutas habituales.

“Esto antes estaba lleno de gente”, dijo un comerciante que pidió mantener su nombre en anonimato mientras señala la acera casi vacía.

“Ahora mire… casi nadie camina por aquí lo que ha afectado los negocios de esta zona”, agregó.

Por su parte, en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, se percibe preocupación entre el estudiantado.

Algunos han denunciado haber visto a personas que identifican como posibles agentes federales merodeando los alrededores del campus.

Durante nuestra visita, al preguntar a personal de seguridad sobre la posible presencia de ICE, uno de los oficiales evitó responder.

Luego, al notar que no pertenecíamos a la comunidad universitaria, lanzó una advertencia inesperada:

“Salgan de aquí, vayan a la playa, al Condado. Esta zona está caliente para extranjeros”, dijo un oficial universitario que prefirió permanecer en anonimato a Enlace Latino NC.

Entrada principal del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico,                                           con su torre característica al frente/Haydeé López, ELNC.
Entrada principal del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico,                                           con su torre característica al frente/Haydeé López, ELNC.

Mientras el clima de incertidumbre por las redadas sigue afectando la vida cotidiana y el comercio en Río Piedras, el futuro del área también se redefine con nuevos planes de desarrollo.

En el histórico Paseo de Diego, al menos diez edificios han sido adquiridos por entidades vinculadas a Laguna Capital LLC, un fondo de inversión privada en el que participa Noah Assad, representante de Bad Bunny.

Rahissa DeLucca lo resumió a Enlace Latino NC con cautela: “Queremos lo mejor para Río Piedras. Pero cualquier proceso de revitalización tiene que incluir a toda la gente que vive aquí, y eso incluye a las comunidades migrantes”.

“Migrar es un derecho”

Ese mismo clima de miedo que recorre calles como las de Río Piedras no ha pasado desapercibido. Frente a las redadas y la creciente sensación de vigilancia, también hay respuestas desde la organización comunitaria.

La consigna comenzó a aparecer en carteles, puertas y ventanas: “Migrar es un derecho”. No como eslogan vacío, sino como respuesta directa al aumento de operativos migratorios en Puerto Rico.

Poster de la campaña “Saca la Cara PR - Migrar es un derecho”, exhibido   en la ventana de una vivienda en la calle Sebastián, en San Juan/Haydeé López, ELNC
Poster de la campaña “Saca la Cara PR – Migrar es un derecho”, exhibido en la ventana de una vivienda en la calle Sebastián, en San Juan/Haydeé López, ELNC

Impulsada por Kilómetro Cero, ACLU Puerto Rico, Comuna Caribe y Amnistía Internacional, la campaña Saca la Cara PR – Migrar es un derecho busca algo concreto: orientar a las comunidades migrantes y documentar lo que sus organizadores describen como un incremento en abusos durante intervenciones de las autoridades.

La estrategia ha sido territorial y cercana. En iglesias, centros comunitarios y también casa por casa, activistas organizan talleres y reparten información básica: qué hacer si agentes de inmigración tocan la puerta, cómo responder ante una detención y a quién acudir en caso de emergencia.

“El llamado era a crear solidaridad y apoyo mutuo en tiempos de apatía, de violencia, de racismo craso. Promover la protección, la dignidad y la solidaridad como caribeños. De eso se trata esta campaña”, explicó Mari Mari Narváez, directora ejecutiva de Kilómetro Cero a Enlace Latino NC.

Uno de los primeros gestos fue sencillo, pero poderoso: un cartel que decía “En esta casa apoyamos a la comunidad migrante”. La respuesta fue inmediata.

“Tuvimos que imprimir miles”, contó Narváez. “Hicimos un llamado para que la gente pasara a recogerlos, y llegaban por montones.

‘Dame otro, dame otro’. Hoy los ves en negocios, escuelas, ventanas. Ahí entendimos que había indignación, pero también una necesidad de actuar”.

Ese impulso colectivo, sin embargo, convive con una preocupación creciente. Organizaciones y líderes comunitarios advierten que el miedo ya está teniendo consecuencias tangibles en la vida diaria.

“Hay inmigrantes que están muriendo en Puerto Rico por miedo a buscar atención médica”, alertó Narváez. 

No es una advertencia abstracta. Uno de los casos más impactantes ocurrió en diciembre pasado. Félix Cabrera, trabajador dominicano de 66 años, murió en su casa en Villa Carolina tras varios días con dolor en el pecho. Según reportó El Nuevo Día, evitó acudir al hospital por temor a encontrarse con autoridades migratorias.

Aunque las agencias han señalado que no realizan arrestos dentro de hospitales, activistas denuncian una realidad distinta. “Han detenido personas en las afueras, en clínicas. Saben dónde atienden a migrantes y merodean esos espacios”, afirmó Narváez.

Información que podría usarse para detenciones

El temor tampoco se limita al acceso a la salud. En 2025, la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI, en inglés) confirmó que tenía acceso a los datos de más de 6,000 migrantes indocumentados que habían obtenido permisos de conducir en Puerto Rico. 

El gobierno de Puerto Rico compartió la información, nombres, direcciones y otros datos personales, con la agencia, encendiendo alarmas entre organizaciones de derechos civiles.

Hoy, advierten, estos registros podrían convertirse en herramientas para identificar posibles objetivos de detención.

Aun así, la campaña insiste en construir comunidad. A través de su sitio web y redes sociales, “Saca la Cara PR” invita a las personas a sumarse, informarse y participar en acciones colectivas.

“Como boricuas que hemos crecido bajo colonialismo, nuestra solidaridad debe estar con el hermano inmigrante”, señaló Valerie Martínez Rivera, coordinadora de activismo y juventudes de Amnistía Internacional.

“Sabemos lo que significa vivir bajo estructuras de poder que no controlamos”, afirmó a Enlace Latino NC

Entre el miedo y la incertidumbre, esa red de solidaridad se ha convertido, para muchos, en una forma de protección, y también de resistencia.

“Estamos enfrentando a un monstruo que intenta quitarnos derechos y deshumanizarnos”, dijo Martínez Rivera.

“Pero también nos sostenemos en una resistencia histórica. Como puertorriqueños, sabemos lo que es luchar contra estructuras de poder que no controlamos”, señaló.

Postal de la campaña “Saca la Cara PR – Migrar es un derecho”, que brinda apoyo a las personas inmigrantes en Puerto Rico/Haydeé López, ELNC
Postal de la campaña “Saca la Cara PR – Migrar es un derecho”, que brinda apoyo a las personas inmigrantes en Puerto Rico/Haydeé López, ELNC

“Fuera ICE”: del eco global a la vida cotidiana

Mientras activistas organizan talleres y líderes comunitarios buscan proteger a sus vecinos, esa conversación ha ido tomando forma en la vida cotidiana en Puerto Rico.

“Fuera ICE” ya no es solo una consigna. Es un eco que se repite: en conversaciones en voz baja entre comerciantes, en mensajes de WhatsApp que alertan sobre redadas, en decisiones pequeñas, como no salir, no ir al médico, no abrir la puerta.

Más que un momento mediático, la expresión ha echado raíces en una realidad concreta que ya se vive en barrios como Río Piedras y Santurce, donde la presencia de agentes migratorios ha transformado rutinas, economías y relaciones comunitarias.

Ese vínculo entre cultura y política también ha sido analizado en el libro P FKN R: Bad Bunny y la Música Como Acto de Resistencia, donde las académicas Vanessa Díaz y Petra R. Rivera-Rideau sostienen que el artista ha convertido su voz pública en una plataforma que conecta las luchas de Puerto Rico con debates globales sobre desigualdad y desplazamiento.

Libro ‘P FKN R: Bad Bunny y la Música Como Acto de Resistencia’ en un mostrador de una librería en Plaza Las Américas/Haydeé López, ELNC.
Libro ‘P FKN R: Bad Bunny y la Música Como Acto de Resistencia’ en un mostrador de una librería en Plaza Las Américas/Haydeé López, ELNC.

Pero más allá del análisis académico y del escenario, la frase “Fuera ICE” ha adquirido otro peso. Porque en Puerto Rico, hablar de ICE no es abstracto. Es hablar de miedo. Pero también, cada vez más, de una decisión colectiva: no guardar silencio.

Después de la tormenta

Hace un año, el huracán Helene golpeó al oeste de Carolina del Norte. La comunidad latina respondió con algo más fuerte que la tormenta: solidaridad.

🎧 En este episodio, conoce cómo las organizaciones latinas transformaron la crisis en resiliencia.

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