Fidel Orellana consultó el radar en su celular la noche del 26 de septiembre. El huracán Helene acumulaba fuerza en el golfo de México antes de tocar tierra a unos 800 kilómetros de su casa móvil en las afueras de Asheville, Carolina del Norte.
Sin embargo, la ruta que tomaría la tormenta ya había sido anunciada: El ojo del huracán se dirigía en línea recta hacia las montañas del sur de los Apalaches.
Fidel habló con su mujer y tomó una decisión. Se quedaría despierto, chequearía el nivel del arroyo Gashes durante la noche.
Chequería también el avance de la tormenta en el radar. Y mantendría un ojo sobre los árboles. Estaba claro: quizá tendrían que autoevacuarse esa misma noche.
En las otras casas móviles del parqueadero la situación era similar. Ese día se habían acumulado 8 pulgadas de agua y aunque el arroyo aún no se había desbordado, podría hacerlo en cualquier momento.
El único acceso a este parqueadero es cruzando un pequeño puente sobre ese curso de agua.
Celia Corona dormía en su casa móvil, junto a su hijo y su sobrina. Esa noche estaba cansada. Había trabajado su turno en el vivero Costa Farms. Llovía muchísimo. Se despertó después de las 6 de la mañana cuando sonó su teléfono varias veces.
Su vecina, María, le avisaba que saliera ya de su casa. “Que nos saliéramos de aquí porque se estaba saliendo el agua del río y fue por ella que nos salimos porque yo estaba bien dormida”.
Apenas un rato antes Fidel y su familia habían abandonado su trailer para resguardarse en el estacionamiento de un supermercado.

Dinorah Hernández, su mujer, dice que apenas se llevaron algo de ropa. Con ellos también se encontraba su hijo de 23 años.
En el parqueadero viven alrededor de unas 20 familias, la gran mayoría son latinas.
Celia Corona es de Pachuca, un pueblo del estado de Hidalgo, en México. Hace 28 años vive en Estados Unidos y no tiene otros familiares aquí. La familia Orellana es de El Salvador.
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Seis días después
Celia no culpa a nada ni a nadie. Cinco árboles destruyeron todo lo que tiene en un país que no es el suyo, donde vive y trabaja hace 28 años, donde nació su hijo.
“Pues está bien. Es obra de la naturaleza, lo importante es que estoy viva. Y pues todas las personas que vivimos en este parqueadero estamos vivas”.
Su trailer es azul y blanco. Hay macetas de flores amarillas, naranjas y rosas al lado de las escaleras del porche.
Hay pequeños recipientes con plantas, una mariposa, un comedero de pájaros, un llamador de ángeles. Todavía hay varios árboles aplastando la estructura.
Celia abre la puerta y señala con la mano extendida lo que antes era el living de su casa: el techo colapsado sobre la ventana con cortinas blancas.
El ventilador de techo arruinado, demasiado cerca del piso. La puerta que lleva a su cuarto, compactada.
“Nada más las cosas materiales son las que se echaron a perder y pues solicitamos apoyo, que alguien venga a mover los árboles para que puedan venir a conectar los cables de la luz”.

-¿Qué es lo que más necesitan ahora?
-Pues necesitamos un hogar donde vivir. Pues si nos pueden ayudar a conseguir otra vivienda donde vivir. Y pues yo no tengo más familiar aquí: somos mi hijo y yo, nada más, y los vecinos. Nada más .
Nadie en el parqueadero cuenta con luz ni con agua. Hasta ayer por la tarde -2 de octubre- ninguna persona del condado de Buncombe, o del estado, ningún equipo de ayuda, había llegado hasta allí.
Seis días después de la tormenta las familias se ayudan entre ellas: Celia y su hijo viven con la vecina que les avisó que se autoevacuaran. “Pues no tenemos dónde vivir”.
Recursos en Carolina del Norte
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Pedido de ayuda
Fidel Orellana todavía espera que alguien se acerque para ayudarlos. En estos días ha estado cortando árboles junto a su hijo con la única motosierra que tienen.
Dice que han perdido todo: la comida que tenían quedó inaccesible, aplastada en la cocina y la heladera por los árboles.
Lo mismo con su ropa, sus cosas, sus electrodomésticos. La casa es inaccesible.

-¿Qué es lo que más necesitan ahora?
-Pues material o ver ayuda para arreglar. Porque pues para arreglarla (refiriéndose a su casa) vamos a necesitar materiales o no sé, no sé qué podemos hacer. No ha venido nadie a ayudar. No ha venido nadie.
Por la ventana de los Orellana se puede ver la destrucción: el techo colapsado contra el piso, un árbol cruzando el living.
Además la familia se ha quedado sin trabajo: Fidel no sabe cuándo podrá volver a trabajar en el depósito de los supermercados Ingles -una firma conocida del sur de Estados Unidos-.
Su hijo trabaja como pintor en una empresa de construcción y tampoco puede trabajar en esta situación. Su mujer cuidaba dos bebés del barrio en el living de su casa que ya no existe.
El parqueadero está ubicado en 15 Fernwood Mobile Home Park Drive, en la zona conocida como Reynolds, condado de Buncombe.
Cerca de allí, se encuentra el Río Swannanoa, donde el agua llegó a más de 27 pies durante el paso del Huracán Helene.




Buenos días, muchas gracias por dejarnos esta entrevista y por compartir con nosotros lo que estas familias están viviendo. Yo vivo en Florida pero me gustaría poder ayudar esta comunidad, my esposo y un grupo de amistades nos estaremos dirigiendo para el north Carolina el fin de semana de octubre 25-28, si alguien me podría contactar o mandarme información de con quién yo pueda hablar para tener más información de el lugar y cómo llegar o donde poder ir a brindarles ayuda. Estaremos llevándoles comida caliente y víveres o las cosas que sigan necesitando por favor comuníquese conmigo, mi nombre es Ashlie portillo y mi número de contacto es 239-823-4438.