Dorian Aidee Gómez Pestaña tiene apenas 26 años, pero su carrera parece la de alguien mucho mayor, sobre todo por la variedad de formatos y la cantidad de producciones en las que ha participado: desde el cine, pasando por la fotografía y la música, hasta el podcast y el diseño de sonido.
Esta prolífica artista nació en la Ciudad de México, migró junto a su familia a Durham, Carolina del Norte, cuando tenía tan solo 8 años. Quizá por ello, para Dorian lo más importante de su trabajo como alguien que produce historias en distintos formatos es ser una narradora comprometida con la comunidad migrante y las minorías.
Hoy es una de las fundadoras del Undocumented Filmmakers Collective, un espacio que busca visibilizar a artistas y cineastas indocumentados, y también ha comenzado un nuevo camino en el mundo del podcasting.
Su misión, sin embargo, va mucho más allá de la representación: quiere cambiar quiénes cuentan las historias y cómo se cuentan.
“Muchas veces la mayoría de las historias inmigrantes que he visto han sido contadas por gente que no es parte de esa experiencia… raramente se ve gente de esa misma experiencia detrás de las cámaras. Por eso es tan importante que seamos nosotros quienes contemos nuestras propias historias”, explica Dorian en una entrevista con Enlace Latino NC.
Dorian es hija de padres que están indocumentados. Ella misma fue una niña que estuvo sin documentos hasta que pudo aplicar al programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA por sus siglas en inglés).
“Mi historia empezó de manera poco convencional”, dice Dorian sobre su carrera como cineasta y productora. Y quizá se refiere a que no pudo continuar una carrera universitaria debido a lo inaccesible que resultaba para su familia costear la universidad, por lo que aprendió de forma autodidacta y aún hoy, destaca, sigue en el camino del aprendizaje.
Dorian Gómez Pestaña, desde la música al cine
Dorian recuerda cómo su formación musical influyó profundamente en su manera de contar historias.
“El piano fue mi primer instrumento, luego la guitarra, el ukelele, y más recientemente la jarana, un instrumento tradicional de Veracruz”, dice, aludiendo a su participación en Son de Carolina, un colectivo que promueve el son jarocho en la región.
Para ella, la música no es solo una disciplina artística, sino el idioma con el que comenzó a entender el mundo, un lenguaje que más tarde trasladaría al cine.
“Desde que era chiquita, me encantaba escuchar las letras de las canciones y tratar de entender la trayectoria de la historia”, recuerda Dorian.
Una de las primeras canciones que la marcó fue Amigo, de Roberto Carlos. Mientras la cantaba durante su niñez en México, se imaginaba a dos amigos “declarando el amor que sienten por el otro, pero de una manera platónica”.
Esa capacidad para visualizar emociones a través de la música fue clave cuando dio el salto al cine. Sin embargo, la transición no fue fácil. “Ir a la escuela de cine estaba fuera de mi alcance”, explica.
Aunque Dorian cuenta con DACA, el costo de la universidad en Carolina del Norte es casi el doble para quienes no son ciudadanos, por lo que la educación formal no fue una opción para ella.
Pero en el último año de preparatoria participó por casualidad en una clase de cine que cambió su vida.

“Tomé una clase de cine casi por accidente, y me enamoré del poder de contar historias”, cuenta.
En esa clase, Dorian aprendió a editar videos de manera autodidacta y rápidamente se destacó en su grupo.
“No teníamos muchos recursos, así que tuve que aprender a manejar una cámara, el sonido, y hasta dirigir pequeñas escenas”, recuerda.
Esa experiencia la llevó a aplicar a un programa intensivo de cinco semanas llamado School of Doc, parte del Festival de Cine Documental Full Frame en Durham, donde tuvo su primer acercamiento al cine documental.
“Ahí conocí a mi primer mentor, quien me enseñó no solo técnicas, sino también la importancia de la ética al contar historias”, explica Dorian.
Se refiere a Todd Tinkham, un cineasta que, según ella, la ayudó a comprender que el cine documental no solo es un medio para contar historias, sino una herramienta de transformación social.
Historias que deben ser contadas
“Siento que tengo la responsabilidad de contar historias que, en muchos casos, no serían contadas desde adentro si no fuera por personas como yo”, afirma con convicción al destacar su condición de mujer migrante.Y es que un rasgo característico de su trabajo son las historia de pertenencia y comunidad.
“Crecí en una familia que migró cuando yo era muy chica. Llegamos directamente a Carolina del Norte, y desde entonces, aquí hemos echado raíces”, cuenta. Según ella, esa experiencia de migración y desarraigo la llevó a crear su propio espacio en el mundo del cine y del podcast, uno que representa a quienes a menudo son invisibilizados.
Filmografía y otros trabajos
Su más reciente trabajo en documental es Unseen (2023), donde fue la coproductora del film dirigido por Set Hernández, quien también fue cofundador de Undocumented Filmakers Collective junto a Dorian.
Unseen narra la historia de Pedro, un trabajador social indocumentado y ciego, que lucha por superar las barreras sistémicas para alcanzar sus sueños: sobre todo, obtener su título.
“Es una historia de superación, pero también de las limitaciones que impone el sistema. Pedro terminó su carrera, pero sigue enfrentando retos más allá de su diploma”, comenta Dorian. Actualmente Dorian está trabajando en convertir la película al formato de podcast.
Entre sus proyectos recientes también se encuentra Refugio (2023), un cortometraje que sigue a una familia inmigrante en su lucha por comprar su primera casa en Estados Unidos y explora lo que significa contar con un hogar más allá de las paredes físicas.
La propia Dorian ha ayudado a sus padres a comprar su primera casa en Carolina del Norte hace pocos años, y el corto parece contar parte de su propia historia.
Desde el cine a la producción de audio
En el campo del audio, Dorian ha hecho del podcast una herramienta fundamental para sus narrativas. Uno de los proyectos más importantes en que ha trabajado como directora creativa y productora es Nuestro South Podcast, que cuenta las historias de los inmigrantes latinos en el sur de Estados Unidos durante la era de Jim Crow, conectándola con las luchas actuales de los inmigrantes.
“El podcast me permite experimentar con el sonido de una manera más íntima, y llegar a audiencias que no siempre tienen acceso al cine documental”, dice Dorian.
Uno de sus trabajos más recientes en este ámbito es Me Vacuno Porque…, un proyecto que aborda la equidad en las vacunas y el impacto del COVID-19 en la comunidad hispana en Carolina del Norte. “Este podcast surgió de la necesidad de contar las razones por las que muchas personas no confían en los sistemas de salud. A través del sonido, tratamos de amplificar esas voces”, afirma.
Además se encuentra trabajando en un formato nuevo para ella: una revista en papel. Se llamará Duramitas y documentará las historias de la comunidad hispana en la ciudad de Durham.
“Es una manera de decir: estamos aquí, existimos, y nuestras historias importan”, afirma.
Dorian Gómez Pestaña no solo está contando historias. Está creando un espacio donde las voces marginalizadas, como la suya, pueden ser escuchadas.
“Siempre he creído que la creatividad es un acto de resistencia”, dice. Y desde Carolina del Norte, su resistencia suena cada vez más fuerte.



